Lastenia, Arturo y Lastenia

Con especial dedicatoria a Guido Rodríguez y Mariela Laya de Rodríguez, dueños del cuadro para el cual fue escrito este relato.

I

Yo sé que voy a morir en los próximos días, pero me duele en el alma, Lastenia mía, que puedas adivinar mis pensamientos y tengas que confrontar esta verdad. No quiero quitarte la ilusión de que esta sea una crisis más, de la que saldré, como de tantas otras. Pero esta vez es definitivo. Si pudieras penetrar mis elucubraciones, te enterarías que se me acabaron mis esperanzas de tísico; sabrías que me siento cansado de luchar con mis pulmones infestados y de pretender optimismo para no causar sufrimiento; y sabrías, también, que mis pinceles, huérfanos de tu Arturo, dejarán inconclusa La Última Cena.

Cuanto habría querido entrar contigo al siglo XX, tan cerca que casi lo puedo sentir, con todos esos cambios que predicen traerá para revolucionar la historia; y hasta para desplazarnos a nosotros, los pintores académicos, que no podremos competir con el avance de la magia de su fotografía.

II

No habría querido que ocurriera lo del domingo, cuando regresaste de misa con tu obsequio, para mí, de flores amarillas. Te juro que mantuve firme mis labios para evitar que entraran en el temblor de un llanto incontrolable. Pero es que cuando te vi allí, al lado de mi lecho de enfermo, tan joven y tan bella, con tu ramo de flores, no pude evitar imaginarte muchos años después de mi muerte, cuando el tiempo y la soledad hayan blanqueado tu cabeza. Y es que no te puedo imaginar de otra manera, con tu soledad de no tenerme. Debiera concebir que el tiempo se ocupará que me olvides y tengas otro hogar, pero no puedo. Te siento tan parte de mi ser, que no sé donde terminas tú y empiezo yo. Hasta nuestras carnes se han fundido en una: como si mis pulmones infestados fueran tuyos, ni por un instante sentí que emanara de ti rechazo alguno durante este largo y doloroso calvario en que has sido, sin embargo, mi amante, además de ser, también, mi amiga, mi hermana, mi madre, mi enfermera…

En vitales acontecimientos de mi vida, has sido una presencia esencial. Cuando me atrevo a pensar que tendrás otro nido cuando muera, me siento tan solo, tan incompleto y tan aislado como si me hubiesen expulsado a los confines del Universo, alejado de todos y de todo; y, entonces, una soledad devastadora me hunde en un sentimiento de desamparo sin límites. Y me aterra pensar que otro no vele por ti ni te ame con la misma intensidad con que lo he hecho yo.

III

Por la gracia de divina, que me lo ha permitido, hoy puedo decirte adiós con los últimos residuos de mi voz. Ayer, cuando me viste inconsciente, me liberaste, sin proponértelo, de un dolor. Y es que cuando me viste así, pensando que no te podía sentir, te abrazaste a mí y, entre sollozos, rezaste por la salvación de mi alma. Y así comprendí que lo sabías: que mi muerte era inminente. Ya sé que has aceptado los designios de Dios, y eso me libera de un gran peso. Y es que sin saber cómo, ayer, cuando me viste inconsciente, yo estaba en la plenitud de mi conciencia, parado en una esquina de la habitación, mientras mi cuerpo inerte yacía, tendido, sobre la cama. Y desde la esquina te miraba y te oía. No había dolor en mí; por el contrario, me invadía una paz dulce y serena.

Observé mi cuerpo maltrecho y sentí repulsión ante la idea de tener que introducirme allí de nuevo. Después, no supe nada más. Y ahora sé que sólo para decirte adiós, hoy estoy de nuevo aquí, dentro de este cuerpo moribundo. Pero sé, también, que nos volveremos a encontrar. Por ahora, me han venido a buscar. Sólo me resta decirte que te quiero con todas las fuerzas de mí ser.

Nota del autor: Arturo murió de tuberculosis en 1898, cuando sólo tenía treinta y cinco años de edad. Lastenia, tres años menor, le sobrevivió sesenta años, muriendo en 1958, cuando se ponía en órbita el primer satélite artificial. Nunca se casó de nuevo. Se dedicó, con amor, a la preservación de la memoria y obra pictórica de Arturo.

El cuadro para el cual escribí esta historia lo pinté, en honor a ellos, en el año 2000. Está hecho en acrílico, sobre una tela de 1,0m x 1,5m. La historia es producto de mi imaginación, pero su esencia debe estar muy cerca de lo que fueron los hechos reales.

Dirección-E: [email protected]

A %d blogueros les gusta esto: