Las modalidades y mecanismos que utilice un país para insertarse en los circuitos del comercio internacional contemporáneo tienen un alto grado de interdependencia con las relaciones que se den entre los diferentes sectores productivos y sociales dentro del país.

Si el país se vincula con el exterior por la vía de la exportación de productos agrícolas – por poner un ejemplo que caracterizó una parte importante de la vida de varios países latinoamericanos – entonces los sectores económicos que comandan la producción de esos productos –  cacao en el caso venezolano, trigo en el caso argentino, caña de azúcar en varios países de la cuenca del Caribe, café en los casos brasileño y colombiano – detentarán también una posición de comando en la vida social y política del respectivo país. Si la producción predominante en la inserción internacional es la producción minera, la oligarquía minero exportadora será dominante, como sucedió en países como Bolivia o como Chile.

Durante el período de la industrialización sustitutiva, la industria naciente requería de un sector exportador que le proporcionara las divisas que ese proyecto de industrialización requería para efectos de importar las materias primas, insumos, repuestos y bienes de capital. Los sectores medios que la industrialización creaba y potenciaba, junto con la masa laboral que necesariamente acompaña a la industrialización, crearon fuerzas y coaliciones que, teniendo en cuenta aquello, cambiaron y presidieron el panorama político de todos los países de nuestra América.



Hoy en día, el proceso simple de sustitución de importaciones ya no es capaz de dinamizar el desarrollo económico de nuestros países, ni de liderizar la inserción internacional. Se necesita de una industria con capacidad exportadora que permita generar divisas, y producir bienes de calidad internacional, con capacidad competitiva, con valor agregado y con utilización de tecnología de punta.

Un sector productivo de esa naturaleza, que supere la división tradicional entre sectores minero, manufacturero o agrícola, y que sea transversal a todos ellos, haría constelar en torno a sí – e impondría sus normas técnicas y de calidad – a las empresas proveedoras de insumos, materias primas y servicios, determinaría los contenidos y producciones del sector educacional y universitario y se convertiría en la columna vertebral de las decisiones de política económica.



Los salarios y las productividades que imperen en el sector exportador serían los referentes de los salarios en el conjunto del país. Las relaciones exteriores del país deberían, en ese contexto, estar encaminadas a ganar mercados para los productos exportables, así como la recepción de capital extranjero debe estar al servicio de la captación de tecnologías y a la apertura de mercados externos.

En síntesis, un nuevo modelo de inserción internacional pasa necesariamente por la generación de nuevos liderazgos productivos internos y por nuevas dinámicas sociales y políticas.