Maduro promete nueva ley para el sector petrolero tras 45 años de monopolio de PDVSA

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Bloomberg

En un elegante salón, los lobistas y los ejecutivos petroleros se codean hablando español, francés e italiano. Pero lo sorprendente es que este no es el hotel boutique ZaZa en Houston, el favorito de los peces gordos de la energía mundial. Es el Hotel Cayenne de Caracas. Atraídos por las promesas de privatización y más autonomía para aprovechar las mayores reservas de crudo del mundo, los grandes ejecutivos petroleros se están reuniendo con el régimen de Nicolás Maduro y la estatal PDVSA para tomar la ‘pole’ para cuando vuelva a abrirse la puerta a los negocios.

Los productores más grandes como Chevron, la francesa Total y la italiana Eni probablemente esperarían hasta que se levanten las sanciones de EEUU, pero los actores más pequeños podrían comenzar cuando entren en vigor una serie de nuevas reglas que abrirán la industria a la empresa privada. «Quiero decirles a los inversores de EEUU y de todo el mundo que las puertas de Venezuela están abiertas para la industria petrolera», dijo Maduro en un reciente discurso televisado.

Un momento único

Es un momento decisivo para un país empobrecido por la catastrófica gestión del dictador, que se está quedando sin combustible para transportar alimentos ni dinero en efectivo para pagar las importaciones de necesidades básicas. Aún no está claro si Maduro logrará atraer alguna inversión. Pero algo está claro: las petroleras nunca habían tenido tanto poder para negociar el acceso a una parte de los más de 300.000 millones de barriles de crudo del país.

«Existe un potencial fácil para aumentar rápidamente la producción si EEUU levanta algunas sanciones», dijo Francisco Monaldi, un experto venezolano-estadounidense en economía energética en el Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice, y experto en la industria petrolera de Venezuela. «Pero una vez recogida la fruta que está al alcance de la mano, harán falta inversiones importantes para volver a los niveles anteriores».

El sucesor del fallecido Hugo Chávez, que se apoderó de los activos de Exxon Mobil y Conoco Phillips, promete aprobar una ley que pondrá fin oficialmente al monopolio petrolero en manos de la ruinosa PDVSA, que lleva años al borde de la quiebra. Los ejecutivos que representan a las compañías petroleras extranjeras están celebrando reuniones para discutir cuáles serían los términos de la nueva legislación, según personas con conocimiento de las conversaciones.

Chevron, por su parte, incluso se está poniendo en contacto con sus contratistas para evaluar cómo de rápido podrían ayudar a la compañía californiana a reiniciar las operaciones en Venezuela. «Chevron seguirá cumpliendo con las leyes y regulaciones aplicables en relación con las actividades que está autorizada a realizar en Venezuela», dijo un portavoz de la empresa. «Seguimos comprometidos con la integridad de los activos de nuestra empresa conjunta, la seguridad y el bienestar de nuestros empleados y sus familias, y los programas sociales y humanitarios de la empresa durante estos tiempos difíciles».

El gobierno de Maduro dice que su nueva ley energética por sí sola permitirá que las compañías petroleras vuelvan a funcionar cuando asuman el control de los activos venezolanos. La clave es que EEUU solo prohíbe hacer negocios con PDVSA, el régimen y aquellos que lo ayudan. Las empresas petroleras multinacionales, en teoría, tendrían las manos libres para desarrollar las enormes reservas de crudo en el país.

Las principales compañías petroleras probablemente esperarán a que se levantaran las sanciones de todos modos, pero las medianas y pequeñas podrían lanzarse en cuanto puedan demostrar al Departamento del Tesoro de EEUU que operan de forma independiente de PDVSA y el régimen de Maduro y, por lo tanto, no están sujetas a sanciones.

Hay gente cercana al gobierno «ansiosa por obtener algunos campos petroleros; esperaría que haya algunas privatizaciones», dijo Monaldi. «Intentarán invertir en los pozos que sean más fáciles de conectar».

Restaurar la industria petrolera de Venezuela a los niveles previos a la llegada de Chávez probablemente requeriría decenas de miles de millones de dólares. Con la situación climática actual, y el impulso hacia la descarbonización, parece poco probable que se llegue a extraer todo el potencial del subsuelo venezolano, pero cualquier incremento de la producción ayudaría al país, que ha pasado de bombear 3 millones de barriles mensuales a menos de 500.000.

El ministro de Petróleo, Tareck El Aissami, prometió recientemente aumentar la producción a 1,5 millones de barriles este año, lo que sería difícil de conseguir sin ayuda. Monaldi estima que se necesitarían más de 100.000 millones de dólares en inversión y una década de trabajo para obtener una producción superior a los 2 millones de barriles por día. «Esto significa que necesita toneladas de inversión privada», añadió Monaldi.

Un aumento en la producción de petróleo no solo impulsaría la economía, sino que también permitiría al Estado recaudar capital para pagar a los acreedores que tienen aproximadamente 60.000 millones de dólares en bonos en suspensión de pagos. Con este razonamiento, los ejecutivos de la industria petrolera y de los mercados de capital han estado hablando con miembros de la Administración en Washington. Su mensaje: si la puerta se va a abrir para todos, mejor entrar de los primeros.

«La gran pregunta es si las compañías petroleras tienen suficiente influencia política para flexibilizar las sanciones», dijo Raúl Gallegos, director de Control Risks, una consultora internacional con sede en Bogotá. «Les interesa la flexibilidad que ofrece Maduro».

Con problemas más importantes que abordar, desde el coronavirus hasta la tensión con Rusia y el conflicto comercial con China, el Gobierno de Joe Biden aún no ha encontrado tiempo para replantear la estrategia que marcó el expresidente Donald Trump sobre Venezuela. El gobierno de EEUU aún reconoce oficialmente al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela hasta que haya elecciones libres y justas.

Si Washington al menos se mueve para permitir que las empresas reanuden los intercambios de diésel por crudo venezolano, eso ayudaría al país a evitar el colapso. El combustible es necesario para que los camiones lleven alimentos, medicinas y otros productos importados de los puertos a las ciudades, así como para transportar mercancías desde granjas y fábricas. Sin embargo, el gran problema sigue siendo el mismo: la infraestructura energética venezolana se cae a cachos con cada día que pasa por falta de inversión. Y Maduro no puede hacer nada para evitarlo sin ayuda extranjera.

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