Negociar con el FMI

Las noticias internacionales han traído la información de que el FMI se prepara, con discreción, para atender a una eventual solicitud de crédito que le plantee Venezuela, por un monto que alcanzaría los 30 mil millones de dólares.

El FMI está para eso: para prestar fondos a países que presentan situaciones críticas en materia de balanza de pagos, o dicho en otras palabras, para apoyar a los países miembros que no pueden llevar adelante sus pagos por concepto de importaciones, deudas y otros compromisos externos, con la cantidad normal de ingresos de que dispone el país. A diferencia del Banco Mundial, o de la CAF, o del BID, que prestan fondos para financiar proyectos específicos de inversión, el FMI se concentra en este otro tipo de problemas que suelen enfrentar los países.

El FMI no es una institución de caridad internacional, pero sus tasas de interés son sustantivamente más bajas que las que imperan en el sistema financiero internacional, sobre todo para un país como el nuestro que tiene una alta tasa de riesgo país. Conseguir fondos con el FMI sería, por lo tanto, para Venezuela, más barato y más viable. Además, llegar a un acuerdo de crédito con el FMI se convierte en una buena carta de presentación – aun cuando no en una garantía formal – ante los acreedores internacionales, para que estos renegocien o refinancien la abultada deuda externa que Venezuela mantiene con ellos.

Pero el FMI coloca condiciones para prestar sus fondos. Se trata, por lo menos teóricamente, de condiciones que aseguran al propio FMI y a las instituciones financieras internacionales, de que el país deudor pondrá orden en sus finanzas y en su economía y estará en un plazo prudencial en condiciones de pagar sus deudas. Es decir, nadie presta para que la fiesta y el despilfarro continúen.

Entre las condiciones más o menos convencionales que suele colocar el FMI se encuentra el que el país incremente sus niveles de ahorro interno. En otras palabras, esto significa que reduzca sus niveles de consumo y de inversión, lo cual pasa por liberar precios y eliminar subsidios. Liberar precios no sería problema para Venezuela, pues en la práctica los precios ya han sido liberados y el consumo ha bajado drásticamente. Pero en materia de subsidios la cosa es más complicada, pues la famosa bolsa Clap, en la cual descansa gruesa parte de la fortaleza política del régimen, es difícil de eliminar.

Entre las otras medidas que son tradicionales en la condicionalidad del FMI se encuentra el limitar el déficit fiscal, el poner orden en la emisión monetaria y el unificar y devaluar el tipo de cambio de la moneda nacional. Todas esas medidas son difíciles de aceptar para un gobierno como el actual, pero en el desespero, en la ignorancia, en la carencia de alternativas y en el deseo de conservar el poder a cualquier precio, cualquier cosa puede suceder.

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