La baja en los precios de las materias primas  de exportación está afectando no solo a Venezuela, sino a varios otros países de la región. En particular se puede mencionar a los otros cuatro países del Mercosur –Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay-  que ven como la soya cae inexorablemente en el mercado internacional. También Chile, con el cobre, sufre los efectos de esa caída en los commodities que se ha convertido en una característica de la actual fase de la economía mundial. Pero si bien todos se ven afectados por este fenómeno, no todos  se ven afectados de la misma manera.

Los cuatro países que conformaron originalmente el Mercosur han devenido en países soyeros. Exportan la soya en forma de habas, en forma de aceite y en forma de tortas de soya, que es el desecho que queda después de extraer el aceite. El aceite se consume directamente por los humanos o ligado con aceite de otras procedencias. La torta de soya se destina fundamentalmente  a la alimentación de bovinos, cerdos y pollos, pues les aporta a estos animales la proteína que necesitan para su crecimiento.  El maíz y el trigo, y otros productos vegetales, les aportan los carbohidratos, también necesarios para su adecuada alimentación, pero no las proteínas. La soya se convierte así en un insumo casi insustituible para la el desarrollo de la ganadería a nivel mundial y vive las vicisitudes de esa rama de la economía rural.

Para Argentina, Uruguay y Paraguay -pero no así para Brasil- la soya ocupa el primer ligar en el ranking de sus exportaciones. Para Paraguay, el 37% de sus exportaciones está constituido por soya o sus derivados más inmediatos. Para Argentina, es cifra baja a 22%; mientras que para Uruguay, es solo de 15%.  Estas cifras ya muestran por si solas, una diferencia crucial con respecto a  la situación de Venezuela,  en donde el petróleo representa el 95% de los ingresos por concepto de exportaciones. En otras palabras: El carácter monodependiente de sus exportaciones, es mucho más marcado en Venezuela que en cualquier otro país de la región. Más allá del discurso, este país no ha sabido avanzar hacia la diversificación o la industrialización de sus exportaciones. Cuando el petróleo goza de altos precios en el mercado internacional, esa diversificación no se ve como necesaria, y cuando el precio cae, ya no se ve posible. El caso de Brasil es diferente, pues la soya solo representa el 9% de sus exportaciones, la mayoría de las cuales tiene carácter manufacturero. El caso de  Chile es casi un caso intermedio entre los casos extremos de Brasil y de Venezuela, pues el cobre  y sus derivados más inmediatos representan el 50% de sus exportaciones, lo cual implica que la actual baja del precio del metal rojo en el mercado internacional, golpea con fuerza a la economía chilena, pero nunca con tanta fuerza como a la venezolana. 

Además de los aspectos estructurales o de largo plazo -fundamentalmente del grado de diversificación de sus exportaciones logrado por cada país-, hay factores que dicen relación con sus políticas económicas internas más inmediatas, que explican en cada caso la forma cómo la situación  internacional los afecta. Así por ejemplo, el nivel de reservas que se hayan acumulado durante el período de auge de las exportaciones primarias; la constitución o no de fondos de compensación intertemporal  – que permitan ahorrar en los periodos de auge, para poder gastar en los momentos  de depresión internacional-; el nivel de las deudas externas acumuladas; el grado en que se haya atraído inversión extranjera; el nivel de inversión en infraestructura; las formas de inserción internacional; el grado de competitividad de sus actividades primarias y/o manufactureras;  la calidad que exhiba la educación; el respeto, la confianza y el buen funcionamiento de las instituciones, etc.  

Todos esos factores -y no solo el precio del principal producto de exportación-, explican el grado de crecimiento o de decrecimiento que exhibirán durante este año las economías de la región. De allí que Brasil, aun con todas sus dificultades, se espera que crezca en un modesto 0,3%, mientras que Argentina, según los pronósticos del FMI, decrecerá en un 1,3%. Chile, aun con una caída pronunciada en el precio internacional del cobre se espera que crezca en el 2015 en un 2,8%. Venezuela, en cambio, según el mismo pronosticador, verá caer su economía  en un 7,8%, pero no caerá la economía de Ecuador, país donde el 55% de las exportaciones es petróleo, ni  caerá la economía de Bolivia, país donde el 44% de las exportaciones es gas.

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