Nuestro sueño

Soñamos con un país moderno, en concordia y de progreso trepidante. Soñamos con un país donde los más necesitados sean incorporados, sin teatro ni utilerías, al desarrollo compartido y que se eleve en forma sustancial su condición de vida. Soñamos con un aparato educativo nacional, eficaz, justiciero, parejo, formador y ético. Soñamos con sistemas electorales limpios, en los que se respete con dignidad a las minorías. Soñamos con cárceles humanizadas y humanizantes. Soñamos con un país de poderes públicos independientes, fuertes y justos, respetuosos del libre juego democrático. Soñamos con un país de hombres y mujeres libres. Soñamos con una patria donde deje de imperar el individualismo y prospere, como flores en primavera, el esfuerzo sano y colectivo. Soñamos con una nación de metas comunes, en donde se busque el engrandecimiento de la condición humana de todos. Soñamos un país sin violencia y sin culto a la muerte, un país de respeto a la disidencia y a la diversidad. Soñamos con un país que cultive los valores más grandes del espíritu. Soñamos, en suma, con una tierra distinta a ésta que habitamos, pero que es perfectamente edificable con nuestras propias manos.

Este sueño nuestro hay que buscarlo como al aire en el más desolador encierro. Nuestro reto es construir, desde cada trinchera particular, ese sueño compartido para que digamos como el Dr. King:“Yo tengo un sueño que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad”

La realización de este sueño requiere de ciudadanos y de líderes luminosos.

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