Hay varias razones como para ser optimista en relación a las posibilidades que tiene Venezuela de incrementar en forma sustantiva el volumen de sus exportaciones no petroleras. Repasemos algunas de ellas.

En primer lugar se ha llegado a un nivel tan bajo en materia de exportaciones no petroleras, que es enteramente posible que una recuperación – aun cuando modesta en términos absolutos – se presente, en términos porcentuales, como un gran salto adelante. Durante el año 2015 – aun cuando no hay cifras globales oficiales –  es dable pensar que la exportaciones no petroleras estuvieron cercanas a los 2 mil millones de dólares, lo cual es el punto más bajo al cual se ha llegado en los últimos 15 años.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que los procesos de exportación no petrolera  no son ajenos o extraños a la cultura empresarial venezolana. En el año 2005 se realizaron exportaciones de ese tipo que superaron levemente los 7 mil millones de dólares. Ese fue el punto más alto alcanzado por la economía venezolana en materia de exportaciones no petroleras. De allí comenzó un declive que culminó en el año 2015, aun cuando está todavía por verse lo que sucederá en el 2016. Esas ventas ponen  en evidencia de que la estructura productiva venezolana fue capaz de generar productos con niveles de calidad y de precios que le permitieron competir a nivel internacional, y parte de esas capacidades deben estar todavía en pie. También se hicieron presentes capacidades gerenciales o empresariales capaces de visualizar las oportunidades que se presentaban en  mercados externos y movilizarse en aras de aprovechar esas oportunidades.

En tercer lugar es importante señalar que las exportaciones que se realizaron a lo largo de los últimos 15 años incluyen  productos de la más variada especie, que se ubican, por su clasificación arancelaria, en todos y cada uno de los 97 capítulos en que se divide el arancel de aduanas. En otras palabras, de cada capítulo siempre había algo – alguna mercancía – que se estaba exportando. Eso refleja que hay una gran cantidad de exportadores, de rubros muy diversos, y de empresas más bien de tamaño pequeño o mediano, que arrastran alguna experiencia exportadora.

En cuarto lugar, el costo de la mano de obra se ha abaratado en Venezuela. Aun hay una cantidad importante de leyes laborales que inducen o favorecen el ausentismo o la indisciplina laboral, pero la esencia mas profunda de la política económica vigente apunta hacia la reducción del salario real de los trabajadores, lo cual genera algún modesto elemento de mayor competitividad a las empresas que incursionan en el mercado internacional. Lo mismo sucede con el crédito en moneda nacional, que tiene una  clara tasa de interés negativa.

La devaluación de la moneda nacional, que tiene lugar de hecho y de derecho – a través de la tasa SIMADI -es un elemento macroeconómico que también favorece al proceso exportador.

En quinto lugar, comienzan tímidamente a desbrozarse las trabas burocráticas que han rodeado en los últimos años al proceso exportador, y se reducen los trámites y documentos que se necesitan para hacer posible que un container sea depositado finalmente en la cubierta de un barco con destino al mercado internacional. En ese terreno todavía hay muchas barreras que vencer, pero se ha comenzado a avanzar en esa dirección.

En sexto lugar, en este listado no exhaustivo, hay que mencionar que muchas de la materias primas que utiliza la industria manufacturera – hierro, acero, aluminio, petroquímicos, petróleo – están presentes en abundancia en el territorio nacional y pueden alimentar la industria exportadora si se abandona la absurda política de exportar la materia prima en bruto, pero no potenciar su exportación después de un proceso de agregación de valor.

En todo caso, la planificación  estratégica nos ha acostumbrado a analizar los procesos desde cuatro ópticas diferentes: las debilidades, oportunidades, fortalezas y amenazas. Lo planteado en este artículo se refiere solo a las fortalezas. Hay que conjugar el problema desde todos los ángulos restantes, para darle realismo al análisis que se haga con respecto al motor exportador.

 

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