Palabras a la IX Promocion de Licenciados en Ciencias Fiscales de la Universidad de Carabobo.

Ciudadano Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad de Carabobo, Profesor David Rutman. Ciudadano Profesor Pablo Gutiérrez, Coordinador del Departamento de la Carrera de Ciencias Fiscales, Ciudadano Profesor Calarcá Mejía, Coordinador del Departamento de la Carrera de Estudios Políticos, colegas profesores, , orgullosos familiares y amigos incondicionales.

Y muy especialmente, a ustedes, mis queridos ahijados de la IX Promoción de Licenciados en Ciencias Fiscales.

Es un inmenso honor y una profunda satisfacción acompañarlos en este instante cumbre, un momento que, estoy seguro, atesorarán por siempre. Compartir con ustedes la hora final de esta travesía me llena de orgullo.

Atrás quedaron los libros abiertos hasta la madrugada, los exámenes que parecían imposibles, las tensiones de los pasillos y la incertidumbre de cada año lectivo. Sientan el aire de este salón, porque es el último suspiro antes de terminar de dar el gran paso. Esas sillas vacías que dejarán hoy, quedan llenas de sus recuerdos, de sus debates y de sus sueños. Muy pronto, estarán celebrando con sus seres queridos el título que tanto esfuerzo y dedicación les ha costado.

Pero hoy, necesito hablarles de algo que va más allá de cualquier diploma colgado en una pared. Quiero hablarles de la madera de la que están hechos.

Les dije en su momento que esta es una promoción histórica, y no es una frase hecha. Ustedes no son una promoción cualquiera porque les ha tocado formarse en uno de los momentos más complejos de nuestra historia contemporánea. Ustedes estudiaron cuando era más fácil irse que quedarse. Estudiaron cuando la luz fallaba, cuando el transporte faltaba, cuando la realidad golpeaba la puerta del aula. Y, sin embargo, aquí están. Esa resiliencia, esa capacidad de prosperar en la adversidad, es el primer título que ya se ganaron antes de recibir el de papel.

La Universidad de Carabobo les ha dado un conocimiento valioso. Pero si algo les queda de esta experiencia, debe ser una comprensión profunda de la responsabilidad que asumen (Uno de los lemas de esta facultad=. Su carrera, al igual que cualquier otra profesión, tiene que ver con la administración de la confianza y con la búsqueda del bien común.

.Al cruzar esa puerta, se encontrarán con un mundo que los pondrá a prueba a diario. El mercado laboral venezolano, y el mundo globalizado en general, puede ser un laberinto de presiones y tentaciones. Habrá momentos donde la ganancia rápida o el camino fácil parezca la única opción sensata ante la dificultad. Se encontrarán con la frase tóxica de «así se hacen las cosas aquí» o «todos lo hacen».

Y es ahí, justo en ese cruce de caminos, en la soledad de una oficina o frente a una firma decisiva, donde debe hablar la voz de la Ética y la Fe.

No consideren la ética como mera retórica  ; considérenla como el cemento, la cabilla y la estructura de su carácter profesional. El valor de un Licenciado en Ciencias Fiscales no se mide solo por su habilidad para interpretar una norma, sino por su rectitud al aplicarla.

Hoy les pido, como uno de sus padrinos, que hagan de la honestidad su marca personal innegociable. Tomen cada decisión sabiendo que hay una autoridad superior que observa, más allá de cualquier auditoría terrenal. Que, al escuchar su apellido —ese que heredaron de sus padres—, la gente piense automáticamente: «Él o Ella es de los que cumple, de los que no se tuercen, de los que duermen tranquilos».

El honor es el único patrimonio que nadie, absolutamente nadie, puede robarles o expropiarles. Es el reflejo de la conciencia tranquila. Que la guía de Dios ilumine siempre el camino de sus decisiones, dándoles la sabiduría para discernir y la valentía para enfrentar el flagelo de la corrupción.

Lleven consigo la firmeza de saber que eligieron el camino correcto, aunque fuera el más largo y empinado, confiando siempre en el propósito que Dios ha diseñado para sus vidas.

Ustedes se gradúan en una época de profunda transformación para Venezuela. Es un momento cargado de desafíos titánicos, de incertidumbre, pero también de una oportunidad virgen: la necesidad imperiosa de reconstruir nuestro país desde sus cimientos institucionales.

Y aquí quiero ser enfático: No dejen que el pesimismo o el cinismo los contamine. Hay mucha gente allá afuera diciendo que «esto no tiene arreglo». Ustedes son la prueba viviente de que sí lo tiene. Al contrario: usen su luz para iluminar el camino.

El cambio que necesita nuestro país no es un acto político, ni vendrá de un solo líder mesiánico; es una suma de actos ciudadanos y profesionales. Viene de la suma de individuos que deciden hacer su trabajo con excelencia y con moral, sin esperar a que el vecino lo haga primero. Si trabajan en el sector público, sean los funcionarios que dignifiquen al Estado; si trabajan en el sector privado, sean los motores que promuevan la cultura de la legalidad y la transparencia.

Su conocimiento es una herramienta poderosa que, usada con fe y propósito, puede ayudar a sanar y fortalecer nuestra economía. Venezuela no se arreglará por decreto, sino por el compromiso diario de profesionales íntegros como los que veo hoy frente a mí.

Y en este punto, quiero que miren a los lados, o hacia atrás, donde están sus familias. Hoy egresan con el conocimiento que esta tierra les dio, pero también con el motor que sus familias encendieron. Miren a sus padres, a sus parejas, a sus amigos, a sus hijos. Ellos vivieron cada examen con ustedes. Ellos sacrificaron recursos, tiempo y vida para que ustedes lleven la toga y el birrete que  estarán usando. Recuerden siempre el sacrificio de sus familias y el valor de su universidad pública, autónoma y democrática.

Su compromiso con Venezuela es una deuda de honor: la de utilizar su talento para devolverle un poco de lo que les ha dado. Aquí los necesitamos. No necesitamos que sean perfectos, pero los necesitamos íntegros, con esperanza, y con la fe inquebrantable en que podemos construir un futuro mejor.

Estamos llegando al final de esta etapa. Tómense un momento para grabar esta sensación en su memoria. El frío del aire acondicionado, el murmullo de sus compañeros, la emoción en el pecho. A partir de hoy, ya no son solo estudiantes; cada uno de ustedes es un embajador de la Universidad de Carabobo. Donde quiera que pisen, sea en Valencia, en Caracas o en cualquier capital del mundo, su desempeño dirá quiénes somos nosotros.

Como última reflexión les dejo esto: El título de Licenciado caduca si no se actualiza, pero la calidad humana es eterna. No dejen de aprender, el mundo fiscal cambia a la velocidad de la luz. No dejen de soñar, porque los sueños son el combustible del alma. Pero sobre todo, no dejen de ser personas de valores, anclados firmemente en su fe.

Salgan de aquí con la humildad del que sabe cuánto le falta por aprender y con la convicción de que, con la guía de Dios y su esfuerzo, pueden lograr lo que se propongan. Sean la generación que rompió el molde. Sean la promoción histórica que no solo sobrevivió, sino que renació para servir.

¡Felicidades, mis queridos ahijados de la IX Promoción!

El compromiso es con ustedes mismos, con sus familias, con la reconstrucción de Venezuela, y que Dios Todopoderoso los bendiga y acompañe en cada paso de este nuevo horizonte.

¡Muchas gracias!

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