No le ha ido bien al Gobierno en materia de exportaciones no tradicionales. A pesar de las declaraciones e incluso de la buena voluntad del Ministro de Comercio Exterior – y de las medidas que ha tomado en ciertos ámbitos cambiaros y administrativos – la verdad verdadera es que las exportaciones distintas al petróleo y distintas al oro del Banco Central, han disminuido en el año 2016 en relación al año inmediatamente anterior, que tampoco había sido bueno. 

Según las cifras de las que se dispone, provenientes de fuentes internacionales – pues internamente las estadísticas oficiales han prácticamente desaparecido – las exportaciones no petroleras y no auríferas sumaron 2.064 millones de dólares en el año 2.016. El año anterior habían alcanzado la suma de 2.684 millones de dólares, lo cual indica que hubo una caída de 23 % de un año al otro.. No son, por lo tanto, solo las exportaciones petroleras las que han disminuido – lo cual podría atribuirse a fuerzas que escapan totalmente al control de Venezuela, a pesar de que hay funcionarios venezolanos que todavía juran que dominan el movimiento de los astros – sino que las exportaciones no petroleras y distintas al oro, también han disminuido. Estas últimas ya no se deben a las mismas razones que explican la caída de las exportaciones petroleras. Aquí se trata de falta de insumos y materias primas, de pérdida de competitividad internacional por falta de incentivos a la innovación, de incremento de costos por razones institucionales y logísticas, de ausencia de políticas claras con respecto a la inversión extranjera, de fuga de empresas completas hacia mercados cercanos, y de perdida de mercados por razones políticas, entre otras razones.

En cualquier país del mundo, cuando las políticas no dan los resultados esperados, y más un, cuando dan resultados exactamente contrarios a los esperados, se busca cambiar de políticas. Persistir en las mismas medidas e instrumentos de política económica, lo más probable es que conduzca a los mismos resultados.  

En aras de no ser meramente críticos – y de aportar algunas ideas conducentes a promover las exportaciones no petroleras – nos atrevemos a sugerir las siguientes medidas: primero, hay que diseñar una política de Estado que asuma como un desafío nacional de mediano y de largo plazo el insertarse en los mercados internacionales de una forma distinta a como lo ha hecho Venezuela en los últimos 20 años. Eso pasa por convocar a todas la fuerzas políticas, sociales y económicas que puedan aportar al diseño y a la implementación de dicha política. No tenerle miedo ni a los gremios empresariales ni a los partidos presentes en la Asamblea Nacional. Conversar y consensuar con todos ellos.  En segundo lugar, hay que crear un organismo especializado en la promoción de exportaciones, como existe en casi todos los países de nuestra América, que asuma la promoción de exportaciones en forma seria, profesional, sostenida y organizada, y que despliegue para ese fin toda la batería de instrumentos que utilizan casi todos los países que se interesan en ganar espacios en el mercado internacional contemporáneo. En tercer lugar, hay que desbrozar el camino de las exportaciones de todas las barreras y alcabalas administrativas que convierten el exportar en un verdadero vía crusis. Hay que caminar rápidamente hacia la Ventanilla Única de Comercio Exterior, que también existe en casi todos los países del continente, y agilizar y dar transparencia a todos los trámites del comercio exterior. Cuarto, hay que asumir -con todos los apoyos y recursos del Estado – la gran tarea de  incrementar la competitividad y la innovación en las empresas que tengan potencialidad exportadora. Mientras no se tomen medidas serias en estos campos, todo lo que se diga en materia de término del modelo rentista  petrolero, es puro bla bla.