Reflexión por el Día del Abogado

“Esta defendiendo una causa importante, una de esas causas, no raras aun en lo civil, en la que de su resolución depende la vida de un hombre, la felicidad de una familia. Estás convencido de que tu cliente tiene razón: no sólo según la ley, sino también según la conciencia moral, que tiene más valor que la ley. Sabes que deberías reconocer si en el mundo existe justicia…; pero estás lleno de temores y de sospechas: tu adversario es más docto, más elocuente, tiene más autoridad que tú. Sus escritos están redactados con un arte refinado que tú no posees. Sabes que es un amigo personal del presidente, que los magistrados lo tienen por un maestro; sabes que la parte contraria alardea de influencias irresistibles. Además el día de la vista, tienes la absoluta sensación de haber hablado mal, de haber olvidado los mejores argumentos, de haber aburrido a los jueces, que, en cambio asentían sonrientes a la brillante oración de tu contradictor. Estás abatido y desalentado; presientes una derrota inevitable; te repites con amargo sabor de boca, que no debe esperarse nada de los jueces…y he ahí por el contrario, que cuando conoces la sentencia, recibes la inesperada noticia de que la victoria es tuya; a pesar de tu inferioridad, de la elocuencia del adversario, de la temida amistad y de las alardeadas protecciones. Estos son los días de fiesta del abogado: cuando se da cuenta que, contra todos los medios del arte y de la intriga, vela más, modesta y oscuramente tener razón”. Piero Calamadrei. Elogio de los jueces.

Extracto con lo cual quiero expresar lo hermoso, noble y arduo que es el ejercicio profesional del abogado, que no esta sumergido en trampas, ni a artimañas para torcer la justicia, sino, que responde a un sentido ético en el cumplimento del deber para con un cliente y para a recta administración de justicia.

Al abogado le corresponde organizar la querella, hacer los planteamientos de hecho y derecho pertinentes para que cliente salga victorioso del juicio. Debe presentar esos argumentos con seriedad y firmeza y debe presentar las pruebas necesarias para convencer al Juez que su cliente tiene razón.

Ser abogado no es solamente saber sobre leyes, es también saber presentarse, hablar en público, dar el consejo sano según la ley y su experiencia, puntualizar la defensa con claridad y firmeza, presentar los escritos en el tiempo correcto que establecen las normas procesales y lleva implícito el arte de convencer al Juez sobre la razón de nuestro patrocinado.

Pero lo más importante es que el abogado, pueda diferenciar cuando está en presencia de un potencial cliente a quien le debe cobrar y cuando debe prestar su patrocinio para el apoyo a su comunidad o a personas de escasos recursos económicos. Esa capacidad, la aprende el abogado cuando hace servicio clínico jurídico.

Pasar por el servicio clínico debe ser obligatorio para todos los abogados, son esas paredes de la casa parroquial o de la señora de barrio o de la casa comunal, donde recibimos a los usuarios, cuyos problemas atienen a un concepto más económico o social que jurídico; cuando nos topamos con la dura realidad social, con la pobreza y la inequidad. Esta causas, siempre guarda relación con: las mujeres que casaron de 13 años, salen en estado, el esposo las abandona, pasan los años, viven con otro, con quien tienen otros hijos; pero que legalmente el padre es el primer esposo y necesitan divorciarse, pero no tienen con qué pagar; la persona que construyó su rancho en terreno municipal, pero no tiene titulo de las bienhechurías; personas hasta con veinte años que no tienen ni partida de nacimiento, menos aún cédula de identidad; problemas de convivencia familiar…estos son los problemas del servicio, que debe atender un abogado con sensibilidad social y humana, que diferencia su ejercicio profesional con su deber social.

Entonces, el abogado no es sólo el profesional que tiene la capacidad de discurrir y convencer, ante un jurado, sino, aquel ente social que tiene la obligación de responderle con sus conocimientos a su comunidad.

Feliz día a todos mis colegas a quienes aprecio y a quienes no, para que pensemos en que cada día debemos enaltecer nuestra profesión, en obsequio a una recta, independiente y justa administración de justicia.

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