El  precio del dinero es una cosa que no está bien definida en el campo de la economía, y constituye una expresión que se utiliza con diferentes  significados. Para algunos el precio del dinero está dado por la tasa de interés. El precio del dinero se determina,  de acuerdo a dicha concepción, básicamente  en el sistema bancario y financiero. Para otros el precio del dinero es la relación de cambio que la unidad  monetaria de un país establece con las unidades monetarias de otros países. Así concebidas las cosas, el precio del dinero se define fundamentalmente en el campo  del comercio exterior. En tercer y último lugar -en un listado no exhaustivo- el precio del dinero se define para otros en función de la canasta de mercancías que se pueden intercambiar por una cierta cantidad de unidades  monetarias. El precio del dinero se define, de acuerdo a esta forma de ver las cosas, en el mercado interno de cada país, y tiene mucho que ver con la inflación.

Tomemos como referencia -para los fines de este artículo- la segunda de las definiciones anteriormente mencionadas: el precio del dinero dado por la tasa de cambio entre las monedas de diferentes países.  Y colocados en este terreno ´podemos decir que el dólar ha venido modificando –por lo menos a lo largo del presente año-  su relación de cambio con el euro –más euros a cambio de un dólar– y al mismo tiempo se ha venido modificando la relación  de cambio de la mayoría de las monedas latinoamericanas con respecto al dólar.  En otras palabras: El dólar se ha venido revalorizando en el escenario internacional, al mismo tiempo que las  monedas latinoamericanas se han venido devaluando.

Si se devalúa la moneda de un país latinoamericano –más unidades monetarias locales a cambio de un dólar– es dable suponer que los exportadores se benefician, pues reciben una cantidad mayor de unidades  monetarias locales por cada dólar que reciben por concepto de sus exportaciones. También puede suponerse que las exportaciones aumentan, pues ese mayor beneficio por parte de los exportadores los lleva  a incrementar las cantidades exportadas. Lo contrario sucede con las importaciones. Estas se encarecen, primero, y es posible que eso a su vez reduzca los volúmenes importados. El proceso de revaluación y/o de devaluación de las  monedas lleva, por lo tanto, a un proceso de redefiniciones o de nuevos equilibrios en el campo del comercio internacional. Cambian los volúmenes comprados y vendidos por cada uno de los actores del comercio internacional contemporáneo.

Ni el incremento de las exportaciones, ni la reducción de las importaciones, en caso de devaluación de la moneda, afecta por igual a todos los socios comerciales de un país. Algunos socios se ven más afectados que otros, en sus compras o en sus ventas, aun cuando al final el reacomodo o la redefinición de los equilibrios los termine afectando  inescapablemente a todos.

Así entonces, las devaluaciones, a distintos ritmos, de todas y cada una de las monedas latinoamericanas con respecto al dólar, lleva a que se modifiquen las relaciones de cambio entre las propias monedas latinoamericanas, y se modifiquen también las compras y ventas  intrarregionales que se han  venido consolidando con  tanto sacrificio a lo largo de décadas de  esfuerzos integracionistas.

Es obvio y  casi inevitable, que cada país tome decisiones en el terreno cambiario pensando en los impactos que esas medidas tendrán sobre el grueso de las importaciones y de las exportaciones, que no son desgraciadamente las compras y ventas intrarregionales. Estas últimas pasan a ser un daño colateral de las medidas cambiarias. En esa medida el proceso integracionista se ve afectado por todo este proceso global de realineación del valor de las monedas, sin que ninguno de los muchos  organismos regionales tengan soluciones o compensaciones al respecto. También estos procesos devaluacionistas  tendrán impacto sobre los procesos inflacionarios internos, pero ya eso es motivo de otros artículos.

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