Sustituir el Dólar es difícil pero no imposible

Tiene que haber realidades económicas muy concretas que permitan esa sustitución

Le pregunta que preside este artículo comienza a estar presente con creciente frecuencia, en las declaraciones y preocupaciones de economistas, políticos, periodistas y estadistas de todo el mundo. Sin embargo, la respuesta a la misma, ya ha estado presente en la práctica de los negocios internacionales, mucho antes de que asuma una forma específica y bien delineada en el ámbito de la estructura financiera internacional.

Europa –o por lo menos la zona euro dentro de ella- utiliza crecientemente el euro en la mayoría de los intercambios intrazona. Y si tomamos en cuenta que las exportaciones de los países europeos hacia los propios países europeos, constituyen aproximadamente el 30 % del comercio mundial contemporáneo, podemos decir que el dólar ha sido, en la práctica, sustituido por el euro en un porcentaje considerable de la geografía y de la economía mundial.

En Asia, a su vez, una cantidad importante de países constela en torno a la economía china, comprando y vendiendo mercancías en ese inmenso mercado. El Gobierno chino ha permitido recientemente, que una parte relevante de esos intercambios, se haga en la moneda china, con lo cual se suma otra gran área económica y geográfica del planeta, al comercio en una moneda distinta al dólar. Y las exportaciones de Asia hacia los propios países del Asia, alcanza a 1800 miles de millones de dólares, lo cual representa un 15% de las exportaciones que tienen lugar a nivel planetario.

Compleja sustitución

Pero esta sustitución del dólar por otra divisa en el comercio internacional, no puede ser fruto de una decisión antojadiza de un gobernante o de un grupo de ellos. Tienen que haber realidades económicas muy concretas que permitan esa sustitución. Si, para un determinado país A el 50 % o más de su comercio de exportación y de importación es con Estados Unidos, ese país verá como de su más obvia conveniencia, realizar sus ventas y mantener sus reservas en dólares, pues esa es la moneda que utiliza más cotidianamente en sus operaciones comerciales internacionales. En el caso mencionado, vender en euros, o mantener sus reservas en euros, generaría un problema, pues obligaría a realizar innecesarias operaciones de cambio y transferencias internacionales, que elevarían los costos de las transacciones y retardarían la recepción de los pagos correspondientes. Es decir, se puede hacer, pero con más trabajo, con más transacciones intermedias, con más costos y con gasto de más tiempo.
Distinto sería el caso de un en un país de la propia zona euro, o de un país ubicado en cualquier parte del mundo, pero cuyas operaciones habituales de compra y venta de mercancías se haga con los países europeos. En tales circunstancias todo recomienda que sus ventas, sus compras y sus reservas se valoren y se mantengan en euros.

Latinoamérica

En el caso especifico de América del Sur y Central -sin considerar a México cuya economía gira en alta medida hacia los Estados Unidos- el 26 % de sus exportaciones se canaliza hacia la propia América del Sur y Central. La posibilidad de hacer sus transacciones intra zona en una moneda distinta al dólar afectaría, aproximadamente a ese mismo porcentaje de sus operaciones comerciales internacionales, en la medida en que todo el comercio intra zona logre realizarse en esa nueva moneda. El 25 % de las exportaciones, se canaliza hacia Estados Unidos y el 20 % hacia Europa. El 21 % se vende a Asia. Por lo tanto, si se dejan de lado las motivaciones puramente políticas, la conveniencia para América Latina de realizar todas sus ventas y mantener sus reservas en una moneda distinta al dólar, no aparece clara.
Más conveniente parece optar, por una pluralidad de monedas de reserva y por una pluralidad de cotizaciones para sus mercancías, de acuerdo a la macro región del planeta con la cual se esté comerciando.

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