Cómo Venezuela cayó sin saberlo en un período especial a la cubana

En las afueras de Caracas y en pueblos del interior, ya camiones de plataforma sustituyen a los autobuses abandonados por falta de repuestos, y los pasajeros viajan como ganado; en los hospitales públicos piden a los desesperados pacientes llevar hasta las inyectadoras; en la mayoría de los hogares pobres se come sólo dos veces al día: Venezuela se interna en su propio período especial al ritmo del fracasado socialismo chavista.

El “Período Especial” es una etapa de la historia cubana que comenzó con la desintegración de la Unión Soviética y la caída de los gobiernos socialistas de Europa Oriental. Había terminado una estrecha relación económica y comercial de 30 años, que había sido alimentada por las conveniencias de la Guerra Fría.

El impacto de la caída dejó al antiguo satélite a la deriva. El gobierno de Estados Unidos hizo otro tanto con dos leyes, la Torricelli (1992) y la Helms-Burton (1996), para apretar las tuercas del bloqueo económico aplicado por Washington tras el triunfo de la revolución, en represalia a las expropiaciones masivas de intereses estadounidenses.

Según datos del Banco Central de Cuba, la isla de gobierno comunista perdió entre 1989 y 1993 cerca del 78% de sus importaciones, el 80% de sus exportaciones y el 34% de su Producto Interno Bruto (la generación de riqueza en forma de bienes y servicios).

El déficit fiscal (diferencia entre lo que ingresaba y lo que gastaba el gobierno) llegó a ser del 33,5% del PIB.

El país estaba endeudado, con la economía postrada, sin fuentes de financiamiento externo, con escasez de divisas y con todos los avances sociales revertidos en medio de la miseria y el colapso de un modelo económico de dependencia.

Las importaciones alimentos y medicinas se detuvieron o se redujeron estrepitosamente, como en la Venezuela de hoy.

“Hay mucho paralelo entre el período especial y la crisis en Venezuela, en un futuro le darán un nombre a este período”, recuerda en Caracas un profesional que vivió en Cuba en los años 90 y que reserva su identidad por temor a represalias.

“Sin duda Venezuela está viviendo su período especial en este momento, equivalente al que vivió Cuba”, resume.

Ya la propia Petróleos de Venezuela (PDVSA), la extenuada gallina de los huevos de oro que no puede ni siquiera pagar sus deudas, ha bautizado la situación como “emergencia económica nacional”, de acuerdo a un memorando interno dirigido a todos sus empleados, en todas sus dependencias y filiales, en los que les pide recortar todos los gastos en al menos 50%, según reveló la agencia financiera Bloomberg.

Pdvsa es el motor de la economía venezolana, y solamente este año su producción se ha derrumbado en 300.000 barriles por día (bpd), y ya está por debajo de los dos millones de bpd, el nivel más bajo en tres décadas.

Expresiones como “guerra económica”, “caída de exportaciones”, “bloqueo financiero”, “conspiración desde Washington”, eran comunes en los años 90 de Cuba, como en la Venezuela de hoy.

Ambos países perdieron un apoyo externo enorme. En el caso de Cuba, la Unión Soviética, y en el de Venezuela el petróleo, debido al derrumbe de la producción y de los precios. El resultado es similar, pues se ha agravado una crisis que ya venía en desarrollo debido al manejo equivocado de la economía.

En ambos casos ha quedado en evidencia el fracaso de modelos socialistas autócratas, autoritarios e insustentables.

Imágenes de la época nos recuerdan los apagones que paralizaban por horas enteras a la isla, tal como ocurre desde hace ya bastante tiempo en la mayoría de las ciudades del interior de Venezuela, e inclusive ya en algunas zonas de Caracas.

El dólar, en ambos casos se ha convertido en un objeto del deseo de cualquier ciudadano, pues las enormes brechas cambiarias dejan enormes ganancias o ayudan a sobrevivir.

Poseer una fuente de moneda dura, ya sea un pariente viviendo en el extranjero, o un trabajo a la distancia, aún mal pagado en divisas, puede hacer la diferencia entre comer o no comer.

Como en Cuba, en Venezuela prosperan las tiendas y anaqueles que ofrecen productos importados, tasados al dólar en el mercado negro y a precios prohibitivos para el ciudadano común. Las demás están vacías.

Un par de zapatos deportivos ya vale el equivalente a un año de trabajo al salario mínimo vigente.

Un kilo de carne de cerdo cuesta cuatro días de salario mínimo (que en Venezuela también es el salario promedio, según economistas), y un profesional debe trabajar dos días para comprar una docena de huevos de gallina.

“Veo más paralelismos en la manera en que la sociedad se ha adaptado a la crisis”, recuerda un ex corresponsal en la isla.

Entre los trucos de la sobrevivencia era común en Cuba el método de mezclar agua con azúcar para tratar de conseguir un poco de energía, recuerda.

En la Venezuela de hoy, muchas madres sustituyen la inexistente leche de los teteros por agua de arroz, o de avena, si consiguen.

Futuro

La peor noticia es que ese período especial apenas comienza. Hay grandes indicadores que funcionan como una catarata: sus efectos eventualmente llegan a la gente común, aguas abajo.

“La catástrofe económica de Venezuela eclipsa cualquier otra de la historia de Estados Unidos, Europa Occidental, o el resto de América Latina”, resume el economista Ricardo Hausmann, en un muy comentado artículo publicado en Proyect Syndicate y reproducido por el portal venezolano “Prodavinci”.

“De acuerdo al Fondo Monetario Internacional, en 2017 el PIB de Venezuela se encuentra el 35% por debajo de los niveles de 2013, o en un 40% en términos per cápita. Esta contracción es significativamente más aguda que la de la Gran Depresión de 1929-1933 en Estados Unidos, cuando se calcula que su PIB per cápita cayó el 28%. Es levemente más alta que el declive de Rusia (1990-1994), Cuba (1989-1993) y Albania (1989-1993)”, destaca Hausmann.

“Venezuela enfrenta una crisis política y humanitaria en medio de una depresión que se profundiza”, sintetiza el FMI en su informe de octubre pasado, en el que actualizó los datos y llevó a 10 puntos del PIB la caída de la economía esperada para este año.

Incluyendo los resultados y proyecciones, el FMI calcula una caída acumulada del 44,6% de la economía venezolana entre 2014 y 2018.

Esto con un inflación que durante años se ha mostrado a prueba de controles de precios y fiscalizaciones. Según el FMI cerrará en 1.333% este 2017 y en 2.529% para diciembre de 2018.

La espantosa devaluación y sus hermanas, la inflación y la depresión, arrastran como un tsunami el bolsillo de los venezolanos. Hoy en el mercado doméstico muy pocas cosas se pueden comprar con el salario diario de un trabajador formal promedio, que es Bs 15.000 por día (menos de 20 centavos de dólar, a la tasa del paralelo).

Mientras, el gobierno de Nicolás Maduro sigue empeñado en negar que esto ocurre y en atacar las consecuencias, no las causas de la debacle. Sus nuevos controles de precios provocarán más escasez y más alzas de precios en el floreciente mercado negro, advierten economistas y empresarios.

En medio de la estrepitosa caída de las importaciones, la producción interna de alimentos solo alcanza para atender al 30% de la población, advierte Fedeagro, la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela.

“Es decir, de cada tres días solamente un día tenemos garantizada la comida con lo hecho en Venezuela”, indicó el presidente del gremio, Aquiles Hopkins, en una entrevista con Unión Radio.

“Lo que nos preocupa es el año 2018. Todos los rubros están cayendo en este año”, señaló.

Mientras tanto, crece entre los más pobres la dependencia al gobierno en forma de cajas de comida racionada importadas de México y entregadas a precios subsidiados a través de las redes del poderoso Partido Socialista de Venezuela (Psuv), el equivalente al Partido Comunista Cubano que instituyó en la isla la “cartilla de racionamiento”.

En Venezuela este control se ejerce a través del llamado “carnet de la patria”, un riguroso mecanismo electrónico que también es usado en días de elecciones para verificar y conminar a los ciudadanos a que voten por los candidatos chavistas.

Larga lista

El período especial de Venezuela será previsiblemente largo, a menos que ocurra un improbable cambio político.

Además ocurre en medio de una serie de distorsiones de larga data que han creado una “tormenta perfecta”, o más bien un infierno de varios círculos:

– Aniquilamiento del poder adquisitivo del salario
– Depreciación del capital humano profesional
– Colapso del sistema de fijación de precios
– Dolarización de facto de la economía en términos de costos, no de ingresos
– Colapso del control de cambios, mecanismo de control político
– Esquema de subsidios insustentable e insostenible
– Cuentas externas deficitarias
– Colapso y caída de la industria petrolera
– Cuentas públicas deficitarias financiadas con emisión de dinero sin respaldo
– Aniquilación del mercado de crédito
– Cerrado acceso a fuentes externas de financiamiento
– Dependencia extrema al petróleo como casi única fuente de divisas
– Desinversión acelerada en infraestructura y servicios
– Déficit en la generación de electricidad
– Deuda social y ambiental acumuladas durante años
– Desmantelamiento de la industria, la agricultura y la pecuaria
– Parálisis del sector industrial manufacturero
– Colapso del sistema de controles de precios y tarifas

“El default agrava los escenarios porque significa que a las restricciones existentes se añade el acceso ya limitado al mercado de capitales. Además puede afectar el mercado petrolero y la provisión de bienes cuyo acceso puede hacerse más difícil, aún pagándose en efectivo”, señala el economista Luis Zambrano Zequim, quien acaba de presentar un informe de coyuntura auspiciado por la Universidad Católica Andrés Bello.

“Lo que viene depende de muchísimos factores que van mucho más allá de la economía. Hay un empobrecimiento general, la duración de este proceso y su reversión depende de otras cosas ya no estrictamente económicas, tiene que ver con la estructura social, la dinámica política, los mecanismos de compensación. Es muy difícil decir cuál será el punto de quiebre o la evolución de este proceso”, advierte.

En su momento, Cuba también se vio obligada a suspender los pagos de una deuda externa que ni de lejos era tan cuantiosa como la de Venezuela.

Hoy la perspectiva de un default creciente y desordenado en los ya insoportables pagos de la deuda venezolana acelera las posibilidades de que la tragedia económica apenas comience.

Venezuela depende al extremo de la descapitalizada industria petrolera, no tiene ahorros en moneda dura, nunca alcanzó los reconocidos indicadores sociales que llegó a exhibir Cuba antes de su propia debacle y tiene un enorme déficit de infraestructura y servicios.

Maduro agotó todas sus cuentas y recortó importaciones de bienes esenciales para mantener el récord nacional de buen pagador, pero no le sirvió de mucho.

No es una isla en la que sus desesperados habitantes se hacían a la mar en improvisadas balsas para huir de la debacle económica y de un régimen opresor.

Más bien por aquí los primeros que salieron eran llamados “balseros del aire”, pero con el aislamiento aéreo del país, ahora son balseros de la carretera: se van en autobús hacia los países vecinos en largas y seguramente más cómodas travesías que las de los cubanos.

Fuente: El Estímulo por Omar Lugo.

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