¿Y los cubanos? ¿Qué?

Los cubanos, no pueden proponer sus nombres libremente, para los cargos de dirección pública, sin la autorización del Partido Comunista. No pueden movilizarse libremente o establecer su residencia donde lo deseen, no pueden cambiar libremente de empleo. No pueden establecer libremente su propio negocio. No pueden visitar libremente los centros de diversión de su propio país. No son propietarios de nada. Y no pueden enviar libremente dinero a EE.UU. ni viajar, cuando lo deseen.

Del derecho a autodeterminar el tipo de gobierno que desean, y a escoger a sus gobernantes, pocos hablan. Los cubanos, a pocos preocupan, no son nada… son simples esclavos.

A los estadistas de la OEA sólo les preocupa que se garantice a los hermanos Castro, el derechos a disponer libremente de los bienes y vidas de los cubanos. Sólo les preocupa el derecho de los amos. Todo en nombre del antiimperialismo.

No estoy de acuerdo con las sanciones a Cuba, por parte del gobierno de EE.UU., porque vulnera el derecho de los americanos de origen cubano y del resto de los ciudadanos, de ese país, a disponer libremente de sus bienes y de sus vidas, a cambio de ningún logro.

Pero creo que es inmoral ir, como simple turista, a un país como Cuba, donde impera la miseria, la desesperanza, y las mujeres se ven obligadas a prostituirse, para poder disponer de artículos de uso común, en cualquier país capitalista del mundo. Que los hombres de empresas cristianos, no deberían invertir en un país, donde la mano de obra carece de los más elementales derechos humanos. Donde su empresa podría ser expropiada en cualquier momento. Donde no impera el estado de derecho. Y donde no se pagan las deudas –producto de las carencias, generadas por el hecho de estar la economía en manos del gobierno–.

Es una simple cuestión de fe, creo en el libre albedrío, con el cual Dios nos bendijo y nos hizo seres humanos, seres espirituales. De lo que hacemos con esa libertad deberemos responder, principalmente ante Él, y no frente a ningún gobierno.

Creo que todo cristiano, que no se considere fuera de este mundo, que ame a su prójimo, como a él mismo, debería comprometerse para que el pueblo cubano, y cualquier otro pueblo esclavizado, disfrute de la libertad.

Ignorar el dolor ajeno, puede ser cómodo, pero hablar mal de quienes pretenden vivir al margen de los valores espirituales que han servido de sustento del mundo judeo-cristiano.

El uso de la fuerza, para reprimir la esclavitud y el genocidio, es un recurso válido.

Debemos encontrar maneras adecuadas y democráticas, de activar esa fuerza, para que, en el futuro, caudillos dementes, como Hitler o Saddam Hussein, no se fortalezcan.

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