Alarma mundial por la proliferación de medicamentos chinos falsificados

Pekín. Pablo M. Díez, Corresponsal abc.es – En su condición de «fábrica global», China es el lugar donde se produce buena parte de los medicamentos y comidas preelaboradas que se consumen en la sociedad occidental, donde rara vez se verifica el origen de dichos artículos.

Esta peligrosa falta de controles sanitarios acaba de ser puesta de manifiesto, por un escándalo que ha sacudido a Estados Unidos, donde miles de mascotas, sobre todo perros y gatos, han muerto tras ingerir comida de animales que había sido preparada con sustancias procedentes del gigante asiático. A la espera de que se aclare el caso, se sospecha que la causa de estas intoxicaciones parece estar en la melamina, un componente industrial utilizado en la producción de fertilizantes y plásticos que, por alguna razón, acabó formando parte del gluten de trigo exportado a EE.UU. como alimento para animales.

El riesgo es, si cabe, aún mayor porque algunas partidas del gluten no fueron usadas sólo como aditivo de la comida para las mascotas, sino que alimentaron directamente a 2,7 millones de gallinas en 13 granjas de Indiana el pasado mes de febrero. Aunque las autoridades norteamericanas no han detectado ninguna intoxicación entre personas, tales episodios hacen temer que alguna de esas sustancias contaminadas pueda entrar en la cadena alimentaria humana.

Todavía peor es la situación de la industria farmacéutica china, que ya ha dado el salto a Europa y EE.UU. gracias a los baratísimos precios de unos medicamentos que no siempre cumplen las necesarias medidas de seguridad.

365 muertos en Panamá
Según acaba de desvelar un reportaje de investigación del «New York Times», la masiva falsificación en China de glicerina, una sustancia común en medicinas, alimentos y hasta pasta de dientes, ha provocado durante las dos últimas décadas ocho grandes intoxicaciones en todo el mundo y ha costado la vida a miles de personas.

El último episodio tuvo lugar el año pasado en Panamá, donde 365 personas fallecieron tras tomar un jarabe para el resfriado que había sido elaborado no con glicerina, sino con dietileno glicol, un disolvente industrial presente en algunos anticongelantes.

Al menos tres de cada cuatro casos de medicamentos falsificados, procedían de China, donde laboratorios, que ni siquiera disponen de los pertinentes permisos oficiales, sustituyen la glicerina, que da un sabor dulce a los jarabes y aparece también en inyecciones y remedios contra la fiebre, por el dietileno glicol, que aumenta los beneficios empresariales al ser mucho más barato.

Así, una tonelada de dietileno glicol, prohibido para el consumo humano, cuesta entre 6.000 y 7.000 yuanes (entre 600 y 700 euros), mientras que la glicerina autorizada para uso farmacéutico vale unos 15.000 yuanes (unos 1.500 euros).

Con unos precios tan competitivos, no es de extrañar, como recoge «The New York Times», que desaprensivas empresas chinas, como Taixing Glycerine Factory, vendieran dietileno glicol, como si fuera glicerina, a otros intermediarios nacionales e internacionales que luego distribuyeron el producto a nivel mundial.

Tras pasar por varias compañías de exportación que no realizaron controles sanitarios, pero sí pusieron sus propias etiquetas, entre ellas una radicada en Barcelona, el veneno llegó a Panamá. Allí, las autoridades sanitarias lo usaron para elaborar un jarabe contra el resfriado que resultó letal.

Laboratorios corruptos

Estos casos han sembrado la alarma entre la comunidad internacional, que ya está presionando a China para que controle su caótica industria farmacéutica.

Tras sufrir el año pasado varias intoxicaciones con decenas de fallecidos, el régimen comunista intenta atajar la galopante corrupción que afecta al sector. De hecho, el principal responsable de la seguridad de los medicamentos, Zheng Xiaoyu, fue detenido en diciembre y va a ser juzgado por aceptar sobornos a cambio de expedir licencias de producción a firmas fraudulentas que no cumplían las normas.

Como publicó el periódico oficial «China Daily», Zheng y sus subordinados vendieron numerosos certificados de «Buen producto médico» entre 1998 y 2005. Entre 1999 y 2003 se otorgaron 2.000 permisos, una cifra desorbitada en comparación con los 87 aprobados antes de 1999.

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