Aprovechemos al turismo para formar valores ambientales

La vida moderna con sus grandes ciudades plenas de concreto y asfalto, con sus adelantos tecnológicos, sus aglomeraciones de personas que van y vienen, sus sonidos y luces característicos, hace que el individuo sienta la necesidad de abrirse un espacio para “cambiar de ambiente”, lo que casi siempre implica dirigirse a un lugar donde pueda disfrutar del contacto con la naturaleza, un sitio diferente al que habita en forma regular. Es así como en los períodos vacacionales, el éxodo hacia las playas y montañas es ya una tradición que no causa extrañeza a nadie.

Desde las ciudades, el entorno natural nos parece ajeno, distante a nuestros intereses, carece de importancia para lo que hacemos a diario. Sin embargo, el contacto con la realidad ambiental experimentada al hacer turismo, se pudiera convertir en un aprendizaje que nos llevaría a tomar conciencia de que somos sólo una parte de un gran sistema donde todo está interconectado. El turismo se convierte así, en una excelente herramienta para ayudar a formar los valores ambientales que necesitamos tener, hoy más que nunca, a fin de garantizar nuestra permanencia a lo largo del tiempo.

Recordemos que el desarrollo de los valores ambientales, como cualquier otro valor, es un proceso social; esto es, determinado por la influencia de la sociedad sobre el individuo. Los valores son convicciones duraderas que se forjan a partir de un conjunto de actitudes, o sea, tomando como base la forma en que una persona responde ante una determinada situación. A su vez, las actitudes se originan en las creencias que tenemos, las cuales están influenciadas por la formación que recibimos en nuestras familias, en el colegio, de nuestros amigos. Así se puede afirmar, que el adulto tiene muchas creencias, un número menor de actitudes y solamente algunos valores.

En este sentido, la educación del ciudadano debe considerar a los valores ambientales, como parte de su formación integral. Para ello, será necesario recurrir a actividades de educación formal y no formal, que hagan posible la existencia de individuos comprometidos con el entorno natural. Es en ésta última, en la educación no formal, donde el turismo puede hacer su contribución.

No se quiere decir con esto, que nuestros días de descanso se van a convertir en un campamento de concienciación ambiental, o que vamos a abandonar nuestra idea de que hacer turismo es sinónimo de diversión, de pasarla bien, de conocer. Lo que se sugiere es, que los lugares que son nuestros destinos turísticos, puedan también ofrecer la opción de aprender sobre el entorno donde están enclavados. El aprendizaje vivencial, por el contacto directo con la realidad, es mucho más enriquecedor y su presencia en nuestra memoria es mucho más permanente, que el que se hace a través de una revisión teórica de conceptos. Por esta razón, aprovechar la oportunidad de poder comprender aspectos relativos a la conservación de los recursos naturales y a la problemática que los aqueja, que muchas veces se nos presenta cuando hacemos turismo, debe ser empleada como una opción más dentro de las ofertas turísticas a las que tenemos acceso.

En este sentido, nos permitimos sugerir algunas opciones que pueden ser adoptadas, principalmente en los hoteles y posadas:

a) Colocar afiches informativos sobre las especies de flora y fauna característicos de la zona, donde se incluyan detalles curiosos sobre ellos, así como especificaciones sobre su condición como especie amenazada de extinción o endémica (con presencia exclusiva en un determinado lugar). Estos afiches pueden formar parte de la decoración en los diversos ambientes que conforman las instalaciones.
b) Ofrecer actividades al aire libre donde, utilizando los juegos ecológicos o actividades de interpretación ambiental, se pueda despertar el interés de las personas por la ecología y la conservación del entorno.
c) Incentivar el ahorro del agua y la energía eléctrica, informando al usuario que tiene la opción de solicitar, no cambiar sus toallas y sábanas diariamente, señalando los beneficios ambientales de esta acción.
d) Si se está cerca de un área natural protegida, como un parque nacional, un monumento natural, un refugio de fauna silvestre, entre otros, proporcionar información sobre estos espacios, sus características, razones de su creación, que permitan comprender los motivos de su existencia y su importancia para nosotros.
e) Propiciar el reciclaje del aluminio, papel, cartón, plástico, entre otros materiales, colocando contenedores para la disposición de los desechos en forma separada, pudiéndose vender luego a las compañías especializadas y destinándose los ingresos a programas de conservación, llevados a cabo por organizaciones no gubernamentales locales. En este caso, sería necesario dar a conocer el destino de los recursos obtenidos, a fin de que las personas se sientan animadas a colaborar.

Para llevar a cabo estas actividades, será necesario contar con la asesoría de profesionales expertos, tanto en el área ambiental como en la de educación, de manera, que la información suministrada sea la adecuada. También será necesario entrenar al personal interno, a fin de que en su contacto con el turista sea capaz de responder dudas y preguntas relacionadas con el tema ambiental con la mayor seguridad posible.

El papel que el turismo puede desempeñar en la conservación y manejo adecuado de los recursos naturales, es cada vez más determinante, así como en la formación de valores ambientales. Como estrategia competitiva, el poder destacarse por su relación armónica con el entorno natural, pudiera llegar a hacer la diferencia entre las diversas ofertas turísticas que existen en el mercado actualmente.

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