Arabia Saudita: dos ejemplos para el mundo

Por este mes, ha sido un período emblemático para las energías renovables y la lucha contra el calentamiento global, pues un territorio insular del Pacífico de 1500 habitantes empezó a depender exclusivamente de la energía solar, mientras un país petrolero como Arabia Saudita anunció que para el 2030 su electricidad provendrá sòlo de la misma energía, sea de tipo fotovoltaico o de la más eficiente energía termosolar.

En el primer caso, se trata de un territorio que consta de tres atolones y 150 islotes (administrado por la vecina Nueva Zelanda), que teme que pueda desaparecer si sigue creciendo el nivel de los océanos por el alarmante derretimiento de glaciares y los hielos polares, pues las islas están a apenas dos metros por encima del nivel del mar. Hasta ahora su electricidad se generaba a partir de plantas diesel, que significaba un costo anual cercano al millón de dólares. Así, decidieron invertir unos US$ 7 millones en la instalación de paneles solares, con los cuales ahora no dependen de la importación de gasóleo sino que derivan toda la energía eléctrica a partir de las celdas fotovoltaicas. Además del nivel oceánico, Tokelau ha padecido de lluvias muy escasas, que les ha hecho depender de agua traída en buques cisterna desde Nueva Zelanda a un alto costo. En lo sucesivo, gracias a los paneles solares, empezarán a desalinizar agua de mar, ya que su agua subterránea se ha agotado.

El caso de Tokelau seguramente será imitado por otras naciones insulares con los mismos temores, dando así el ejemplo también a naciones industrializadas para que aceleren la conversión a las energías renovables. Todo, en aras de frenar el creciente calentamiento global, un fenómeno que elevará la temperatura atmosférica promedio en dos grados centígrados para mediados se este siglo –un nivel que sería catastrófico para el planeta- de seguir al ritmo actual la contaminación atmosférica procedente de la quema de combustibles fósiles como carbón, petróleo y gas natural.

Del petróleo a la energía renovable

Es aún más sorpresivo, pues el Gobierno de Arabia Saudita acaba de anunciar su meta, de que remplazarán gradualmente todas sus centrales térmicas –que funcionan con diesel o fueloil de su propia producción- por plantas solares, sea con paneles fotovoltaicos o con la más novedosa tecnología termosolar, que implica concentrar los rayos del sol con grandes espejos hacia depósitos de agua, convirtiéndola en vapor de alta temperatura que movería sendas turbinas y generadores eléctricos.

El plan saudita implica inversiones por un total de US$ 100 millardos en las próximas dos décadas, para generar unos 40 gigavatios de electricidad, toda la que necesitará tanto para el suministro eléctrico como para la desalinización de agua de mar. El plan puede lucir absurdo, tratándose del segundo productor de petróleo del mundo después de Rusia, pero empieza a tener sentido no sólo por su aporte a la reducción del calentamiento global, sino para conservar sus reservas petrolíferas para el futuro, tratándose de un recurso no renovable.

El ejemplo de Arabia Saudita debería ser imitado por todo país petrolero, incluyendo Venezuela, con una población similar y cuyo uso derrochador de un recurso tan contaminante nos hace agotar gradualmente nuestras reservas, atentando contra el futuro económico del país.

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