El gobierno nacional aumento el salario mínimo, impactando al resto de las escalas salariales, vigente a partir del primero de enero de 2018. En economía –y mucho más en tiempos hiperinflacionarios-, los valores nominales carecen de importancia; es decir, que el salario integral mínimo mensual -SIMM-, ubicase hoy en Bs 757.510 -$7.16- no tiene relevancia alguna; importa si, cuanto es el poder de compra real de ese valor o salario.

Dicho de otra forma: ¿Cuántos bienes y servicios adquiere un ciudadano con lo que devenga en forma del ingreso por su trabajo?

La razón es obvia: la gente trabaja para poder comprar bienes, por lo que es el salario real y no el nominal el que determina la cantidad de trabajo que se desea realizar. Dicho salario real se mide dividiendo el salario monetario entre el nivel de precios (SIMM/INPC). Este es el punto.



Más aún: si relacionamos el monto del salario con el costo de la canasta alimentaria normativa, obtenemos una valiosísima información respecto al nivel de vida del segmento poblacional mayoritario del país. A esos fines, presentamos a continuación el siguiente cuadro:

Mes Canasta alimentaria (CA) Bs Variación porcentual % Salario mínimo integral (SIMM) Bs SIMM/CA %
Enero 621.524 104.358 16.8
Febrero 665.682 7.09
Marzo 772.614 16.06 148.638 19.2
Abril 877.772 13.61
Mayo 990.918 12.89 200.021 20.2
Junio 1.229.698 24.09
Julio 1.443.634 17.39 250.531 17.4
Agosto 2.012.556 39.40
Septiembre 2.681.464 33.23 325.544 12.1
Octubre 3.918.348 46.02
Noviembre 7.102.460 81.26 456.507 6.4
Diciembre 12.074.182 70.0 3.8
Enero 2018 797.510

Fuente: CENDAS CA Enero-Noviembre



Decretos del ejecutivo nacional,
Estimación y Cálculos propios CA para diciembre

Entre enero y diciembre del año que recién concluyo, el costo de la canasta alimentaria aumento 1.942%, pero el salario mínimo integral solo 437%. Resulta muy protuberante el rezago del salario mínimo respecto al costo de alimentarse. Este último incremento su valor 4.4 veces respecto al aumento habido en las remuneraciones.

De otro lado, a lo largo del año 2017, el monto del salario mínimo integral represento alrededor de 1/5 del valor de la canasta alimentaria, observándose que a partir de junio comenzó un descenso abrupto, paralelo a la agudización del índice inflacionario, al punto que en diciembre el SIMM cubrió tan solo el 3.8% del valor de la canasta alimentaria.

Nicaragua, considerado siempre, después de Haití, el país más pobre del continente, gobernado además, por Daniel Ortega, hermano ideológico de los propulsores del socialismo del siglo XXI, tiene hoy día un salario mínimo fijado en $113 -¡16 veces mayor que el nuestro!-, y que decir de Chile o Argentina donde el salario sobrepasa los $450 -¡65 veces el criollo!-.

Las implicaciones económicas y sociales de la situación descrita son numerosas y alarmantes. Veamos:

1) El salario real en un país como Venezuela, después de la tasa de cambio, es la variable económica más importante. El tamaño del mercado nacional depende en buena medida de su comportamiento. La Demanda Agregada –valor monetario de los bienes y servicios que se adquieren a un nivel de precios dados- se ha contraído tan abruptamente por descenso en los salarios que ha inviabilizado la existencia de miles de empresas, por presentar estas elevados déficit operacional al registrar tan pocas ventas, que simplemente no logran cubrir sus costos fijos.

2) El éxodo que estamos sufriendo, sobre todo de jóvenes y profesionales, encuentran en los archis deprimidos salarios, una de las más poderosas razones explicativas. Es incalculable la pérdida para el país, en términos de capital humano –cualificaciones y conocimientos encerrados en la mente y manos de la población-, que nos deja esta abrumadora emigración que a diario azota a la nación.

3) Quizá, donde la caída vertical del salario real golpea con más fiereza, es en su incapacidad de garantizar la adquisición de los alimentos que permitan un desarrollo físico adecuado en niños, jóvenes y adultos. Por ejemplo, el salario mínimo integral actual solo cubre el 6.6% del costo de la canasta; dicho de otra forma se requieren 15 salarios mínimos para comprar los alimentos exigidos para una nutrición balanceada, quedando otros egresos fundamentales por cubrir: salud, educación, transporte y demás servicios. Cientos de venezolanos alimentándose de residuos de basura, millones perdiendo peso involuntariamente… y los peor: en promedio 5 niños muriendo cada semana por efectos de una severa desnutrición, de acuerdo a informe de Caritas de Venezuela, ONG dependiente de la Iglesia Católica, constituyen una lamentable realidad a luz del deterioro alarmante sufrido en las remuneraciones de los ingresos derivados del factor trabajo.

La ciencia económica prescribe que cualquier saldo real es el cociente entre el valor nominal y el índice general de precios. He allí la causa del problema: la inflación. Cerramos 2017 con un incremento de precios anual de 2.700% -Ecoanalitica-.

Más aún: desde septiembre los precios aumentan desbocadamente cada mes. Es así como, en el último cuatrimestre del año los precios mensualmente se incrementaron 37%; 45%; 57%; y 81% -AN y Ecoanalitica- respectivamente. Hablamos de 55% promedio mensual de aumento. Si en el 2018 los precios se comportaran como entre septiembre- diciembre próximo pasado, la inflación a esperar causa vértigo. A 55% de aumento mensual, durante un año, proyecta un INPC equivalente a 19.230%. La locura total.

La emisión inorgánica de dinero, es el epicentro de esta vorágine alcista de precios que ha pulverizado el valor del bolívar, volviendo añicos la capacidad real de compra de los salarios.

Por ello, el aumento decretado el 31 de diciembre nos mueve a justificada preocupación. Un incremento compulsivo de las remuneraciones, como medida solitaria, dejando intacto los cimientos de la actual política, la cual contradice en todos los aspectos los principios básicos de racionalidad económica, es simplemente añadir sal a la herida.

Las consecuencias, con absoluta seguridad serán profundizar la larga depresión económica que enfrentamos desde 2014, quiebra de algunas de las ya pocas empresas que todavía se mantienen en pie, alza en el comportamiento de los precios y disminución –aún más- de los bajos salarios reales que devengamos los venezolanos.

El ejecutivo nacional continua abusando de leyes económicas básicas, olvidando que ella –la economía-, cobra –y bien caro- los errores. Sin hacer distinción ni discriminaciones y, como siempre, desgraciadamente, los más pobres llevaran la peor parte.