(*) Marcelo Ponte – Muchos países están experimentando una ola de ataques contra sucursales bancarias y cajeros automáticos. En Venezuela, el índice delictivo en general ha ido en aumento y los cajeros automáticos no escapan a esta realidad y cada día con más frecuencia se presentan acciones en estas instalaciones. Y el resto de Latinoamérica no es ajena a esta situación: en Brasil, país dividido en 26 estados, muestra que en algunos de ellos se han producido hasta 90 ataques a cajeros automáticos y sucursales bancarias en los cinco primeros meses del año. En abril, la policía paraguaya arrestó al experto en explosivos de una banda dedicada a cajeros automáticos, y dos días más tarde, la policía peruana arrestó en Lima a dos hombres que robaban cajeros automáticos. Los casos no se detienen ahí.

En general, el escenario muestra que los criminales se están organizando cada vez más para practicar sus actos. A nivel mundial, los números relacionados con este tipo de delitos también están creciendo: en los primeros nueve meses de 2014, se registraron 433 casos, mientras que en el mismo período del 2013 hubo 321 casos, lo que resulta en un aumento de 34,9%.

Por otra parte, estos delitos representan aproximadamente el 80% de los ataques, lo que demuestra que los cajeros automáticos se han convertido en el primer objetivo de los ladrones, y el sector de banca ya lo ha notado.

De acuerdo con una encuesta realizada en 2014 por ATMIA, una asociación mundial vinculada al sector ATM, los responsables de la seguridad de los bancos están conscientes de la importancia de las soluciones tecnológicas para hacer frente a este problema, como la videovigilancia IP o digital. Por ello, muchos bancos están tomando una acción más proactiva en nombre de la prevención, favoreciendo investigaciones policiales.

Pero cualquier investigación depende de la evidencia disponible para identificar criminales, que están siendo cada vez más audaces. Entre los métodos más comunes empleados se encuentran el gas o explosivo. Hay dos tipos de gases que son los más utilizados por los bandidos: el oxígeno y el acetileno. Son populares porque no tienen olor y no son detectados por el sniffer electrónico. Además, el oxígeno produce explosiones sin fuego, protegiendo el dinero de las llamas. Frente a este problema, ahora hay cajeros automáticos más modernos, con sensores de gas que pueden ser conectados a las cámaras IP, para que se obtengan imágenes en vivo  cuando se detecte alguna presencia de humo. Además, es posible instalar cámaras dentro de los cajeros automáticos hechos con materiales a prueba de explosiones.

Con las cámaras también se puede hacer un análisis del comportamiento de los delincuentes, ya que siempre hay gestos más exagerados y que son típicos en este tipo de delito. Y estos softwares de análisis son muy específicos para detectar este tipo de movimientos, ofreciendo así la posibilidad de tomar decisiones inmediatas ante un acto criminal en potencia o para reportar algún caso sospechoso.

Cuando los ataques son hechos con gases explosivos u otra herramienta, la videovigilancia IP puede ser muy útil para el banco para hacerlo más moderno, y requiere un menor costo de mantenimiento en comparación con las antiguas cámaras analógicas.

En todos los casos, la precaución se puede conseguir de dos maneras: con cámaras instaladas en las áreas externas de los cajeros automáticos con el fin de evitar que los criminales puedan tomar ciertas acciones, pero sobre todo con cámaras que puedan ser utilizadas dentro del cajero, para hacer análisis de escenas sospechosas, como las personas que han visitado el mismo lugar días antes del asalto y más de una vez.

La adopción de las cámaras IP resistentes al vandalismo, con resolución Full HD y funciones inteligentes de reconocimiento facial de los clientes, identificación de comportamientos sospechosos frente a los cajeros automáticos y la integración de los detectores de humo representan el futuro de un sector que sigue utilizando hoy las viejas cámaras analógicas de baja resolución y sin funciones inteligentes. La calidad de las imágenes puede ayudar en las investigaciones policiales y de identificación a los criminales con mayor detalle.

(*) Gerente de Marketing de Axis Communications