La inteligencia emocional personal

La inteligencia emocional es la capacidad de comprender, utilizar y controlar nuestras emociones.

Nemours KidsHealth

Existe más de un tipo de inteligencia, además del intelecto. Esto es tan cierto que hoy hay una inteligencia artificial (una temática de moda, aunque la verdad se debe decir: ésta viene gestándose desde hace décadas).

La inteligencia emocional (IE) personal es la de los humanos, pues… innegablemente también existe en otros seres vivos (muy notoria en las mascotas (una puede mostrar afecto por alguien y un gran rechazo por otro).

La IE puede facilitar la relación con otras personas, favoreciendo la construcción de lazos verdaderos (indudables), fuertes (en tanto que “resistentes”), flexibles (donde impera la tolerancia) y duraderos que permiten concebir e implementar las mejores decisiones y hasta hacer frente airoso ante situaciones difíciles (que -incluso- llegan a poner en prueba la calidad del lazo), mientras que la ausencia de la IE puede dificultar tal vinculación.

Hay personas que tienen dotes o habilidades innatas para tener, expresar y desarrollar su IE, pero otras no (algunas de éstas tienen que estudiar para aprender a tenerla y desarrollarla; sin embargo, no falta quien jamás hará gala de ella: su torpeza no se lo permite porque su manifestación pide contar con conocimiento y muchas habilidades y destrezas. Entre ambas está la capacidad de ser consciente de las emociones y poder dominar la reactividad inadecuada. Lo usual es que para dominar la emocionalidad individual hay que trabajar en ello y hay quienes lo logran y terminan exteriorizando el comportamiento más apropiado, conveniente y provechoso.

 La emocionalidad personal es uno más de los terrenos de lo impredecible, pero en ocasiones es muy posible que podamos darnos el lujo de acertar cómo actuará alguien y también puede ser que nos equivoquemos con ese mismo alguien. Es decir, es un campo en el cual puede darse el fenómeno de la veleta (que durante un tiempo se estira hacia un lado y… dependiendo del entorno -en sí: el viento- apunta hacia otro lado).

Expresado de otro modo, lo externo puede influir en el comportamiento emotivo, pero en el humano también influyen factores internos; unos pueden ser tangibles y otros intangibles. Un ejemplo de los primeros se da cuando se presenta una visible gran distensión abdominal dolorosa que puede condicionar la activación de una animosidad aparatosa que muestra una vacilación inmensa, angustia y desasosiego incontrolable: no hay IE que valga; ésta es superada.  Un ejemplo de los segundos es el comportamiento mostrado ante determinadas circunstancias y éste es compatible con las creencias, principios y valores individuales, no pudiéndose dejar por fuera lo relacionado con las sorpresas.

Otro elemento pertinente a la emocionalidad exteriorizada se relaciona con la vivencia que determina la respuesta conductual que puede ser espontánea o manejada, dependiendo de cuán grato o cuán adverso es lo vivido, lo mirado, lo escuchado y más, Otro aspecto a manejar es el relacionado con la duración que se le permite a la emoción: hay quienes tienen una facilidad para dominar el lapso de la respuesta dada a lo experimentado. Otra faceta es el tipo de reacción que surge: de felicidad, de tristeza, de molestia, etc., siendo un asunto que también exige el mejor dominio de lo que aparece en el pensamiento y en los sentimientos porque un ser inteligente escoge cuál es el estado de ánimo que ha de imperar en s: una gran exigencia de la IE que toca construir

Lo anterior no es todo, puesto que también la IE pide saber percibir lo que sienten los demás y… hasta el porqué de lo que sienten. Ambas mitades (el conocer a IE de sí mismo y conocer la de los demás) conforman la condición holísticamente engranada que entraña la IE, pues… la unión de ellas es lo que permite o impide la vinculación consigo mismo y con otro(s): algo nada fácil.

Todo lo expresado puede resumirse en que se necesita un nivel de preparación adecuado para poder desempeñar el rol individual (en el hogar, en la calle, en el trabajo, en todas partes), pero también reclama experiencia (que lleva al hacia el aprendizaje que conduce hacia el modelaje adaptativo).

Para ello hay varias variables, entre ellas: capacidad intelectual, flexibilidad, calma y consideración, el respeto sincero, resiliencia, firmeza y más, como por ejemplo: hacer abstracción del género y la edad, observar la formación, el coraje, la determinación, la vivacidad, la inteligencia para la articulación de ideas, la honestidad intelectual y material, la decencia, la dignidad, los valores morales y los principios éticos (una díada que conforma la clase y el estilo individual), la locuacidad, la capacidad de empatizar, el poder de convicción, la entereza, la hidalguía, la correspondencia consistente entre lo que se piensa-dice-y-hace. el carisma necesario para ser un líder exitoso o un seguidor proactivo: añadidos valiosos, características no menores, como también lo son la formación profesional y cultural, el modo de expresarse, la honestidad, la capacidad de coordinar acciones consensuadas para construir y reconstruir interactuando con otr@(s) y mucho más, aceptando con orgullo la realidad y abriendo paso de manera franca a la una nueva era que corresponde erigir de modo práctico, estructurado, exitoso y admirable, junto con la capacidad de trabajar incansablemente por el triunfo, sin resentimiento ni descalificaciones,

 De modo que la IE es como un crisol que posee una cantidad inimaginable de facetas y no es sólo un hecho casual, sino un poder que cada quien ha de edificar porque lo innato no es suficiente, muy especialmente en la realidad de existir en la aldea global.

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