Venezuela sigue pregonado nacional e internacionalmente que es objeto de una campaña de desestabilización económica  por parte de tenebrosas fuerzas nacionales e internacionales que quieren derrocar a su gobierno. 

Si esa situación fuese cierta uno podría pensar que se ha empezado por no venderle a este país las mercancías que esta economía necesita para funcionar.  Es decir, cerrarle determinados mercados, sobre todo de materias primas e insumos, que es donde podrían ocasionar mayor daño a la economía nacional. Pero hasta donde se conoce, nadie le ha cerrado ningún mercado internacional a Venezuela. Todo el mundo le vende, siempre y cuando, desde luego, Venezuela pueda pagar. Si Venezuela no puede pagar, y quiere que le vendan a crédito, eso ya es otra cosa.

Otra acción teóricamente posible – que podrían tomar los enemigos del Gobierno – es cerrarle el acceso al mercado financiero, es decir, negarse a prestarle dinero a Venezuela. Hoy en día la deuda externa sume la forma de bonos o de papeles soberanos, que son adquiridos por personas naturales o jurídicas de cualquier parte del mundo. Si nadie quiere comprar esos papeles, es difícil suponer que eso se debe a una orden o una disposición de un perverso estado mayor de la guerra contra Venezuela. Probablemente se debe a que hay opciones mucho mejores o más seguras en el mercado internacional.

Otra forma posible de desestabilizar al país podría ser el negarle los créditos de los organismos internacionales – tales como el BID, la CAF, el Banco Mundial u otros. Eso no ha sucedido. No hay conocimiento de algún crédito solicitado frente a dichos organismos que le haya sido negado a Venezuela.  Los créditos de esos organismos siguen fluyendo en la medida en que se presenten proyectos bien estudiados, que puedan ser financiados. Así funcionan  esos bancos.

¿Qué queda? La inversión extranjera. Muchas empresas extranjeras que operaban en Venezuela han sido expropiadas o intervenidas y la indemnización ha tenido que ser llevada a pleito ante los organismos internacionales  que operan como tribunales ante situaciones de esta naturaleza. Esas empresas – y todas las que aprenden de la experiencia ajena –  ven esa situación con muchísima preocupación y toman distancia del país que las trata mal.  ¿Es eso expresión de un bloqueo, o de una campaña perversa de desestabilización económica y política? Para bien o para mal, es la forma natural en que operan hoy en día los agentes económicos privados en el campo de la economía internacional: van para donde las ganancias son más elevadas y para donde las normas jurídicas son menos cambiantes. Más aun, todos los países despliegan mil estrategias para atraer a los eventuales inversionistas  extranjeros. Los pocos países  que despliegan estrategias para expulsarlos de su territorio deben sentirse muy satisfechos cuando han logrado sus propósitos, pero no tienen derecho a acusar a nadie de las consecuencias de su accionar.      

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