El presidente electo de los Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump, ha comenzado a cumplir sus promesas electorales. Tras una campaña marcada por la polémica y caracterizada por las políticas proteccionistas en pos de la marca americana, a pocos días de tomar posesión de la Casa Blanca ya han sido varias las empresas que se han convertido en diana de sus ideas.

El pasado martes 3 de enero conocíamos la decisión de Ford de cancelar una inversión de 1.600 millones de dólares destinada a la construcción de una nueva planta en San Luis de Potosí (México).

Una noticia que se conocía poco después de que el magnate amenazase con la imposición de un arancel de hasta el 35% a los coches fabricados en México por General Motors que posteriormente vende en EE.UU.

El escenario de batalla preferido por Trump es, por el momento Twitter. La red social se ha erigido como el altavoz a través del que deja claras sus ideas y no duda en señalar a todos aquellos que están en contra de sus políticas.

Para entender esta situación, hay que señalar que una gran cantidad de votos llegaron a manos del ahora presidente desde el conocido como “Cinturón del óxido”. Una zona situada al norte de EE.UU. que ha sido duramente castigada por la desindustrialización.

La fijación de Trump con México es obsesiva como ya se ha encargado de dejar patente desde hace ya bastantes meses. Un problema que no sólo afecta a las empresas americanas sino que podría tener consecuencias para las europeas y asiáticas con intenciones de expandir su negocio en tierras mexicanas o que ya están presentes.

Tal y como recogen desde el diario El Mundo, fabricantes como Toyota, Honda, Nissan, Fiat, General Motors, Chrysler, Audi, Mazda o Kia ya están presentes en México. A lo largo de esto desembarcará además Daimler y en 2019 hará lo propio BMW.

Una larga lista a la que se suman los planes de expansión en tierras mexicanas de Ford (aún no se ha pronunciado sobre la otra inversión de 2.500 millones de dólares que tiene pensado realizar en México), Toyota y Volkswagen.

El “desleal” Macy’s y Donald Trump

Un nuevo caso lo encontramos en el gigante del retail Macy’s. Una batalla que claramente está ganando Donald Trump después de conocerse los últimos resultados de la empresa. La compañía ha informado de que el volumen de ventas durante la última campaña de Navidad ha sido, cuanto menos, decepcionante.

Las acciones de Macy’s han caído más de un 9% tras anunciar el cierre de 68 tiendas en EE.UU. que afectará a más de 4.000 empleados. Una decisión que se enmarca dentro de su plan para cerrar hasta un centenar de locales en los próximos años.

El pasado mes de agosto la empresa anunciaba que cerraría sus tiendas menos rentables para centrar sus esfuerzos e inversiones en las que mayores rentas le reportasen así como en su página web.

Unos cierres que ahorrarán unos 550 millones de dólares desde este mismo año. Además, destinará 250 millones de dólares para impulsar su negocio digital.

Recordemos que los grandes almacenes dejaron de vender la línea de ropa del magnate después de que durante la campaña electoral calificase a los inmigrantes mexicanos como violadores, ladrones y asesinos.

Una serie de tuits publicados por Trump en noviembre de 2015 cuando la compañía tomó la citada decisión. En estos incitaba a un boicot contra los productos de Macy’s. Apremiaba a sus seguidores a no comprar los productos de una compañía que tachaba como “desleal” por su defensa de los inmigrantes.

Además no dudó en compartir gráficos en los que se recogía la caída en ventas que la empresa ya comenzaba a manifestar.

Un problema que va mucho más allá de EE.UU.

La fijación de Trump con México es solo uno de los problemas. El magnate ha llegado a decir que “sólo algunos de sus habitantes no son delincuentes”. Hemos escuchado incluso sus intenciones de construir un muro que pretende sea sufragado por los mexicanos.

Una de sus ideas más preocupantes es la revisión cuando acceda a la Casa Blanca de la renegociación del Nafta, el conocido tratado de libre comercio a través del que se regulan los intercambios entre Canadá, México y EE.UU. desde 1994.

Un pacto por el que se establece que cualquier vehículo fabricado con al menos el 65% de piezas de la región, pueda ser vendido en cualquiera de los otros países sin tener que pagar ningún tipo de tasa.

Como vemos, Trump está sumando victorias. A golpe de amenazas está consiguiendo que grandes empresas retrocedan en sus intenciones o castiga con su rabia a aquellas que osan hacerle frente. Vivimos en un mundo globalizado en el que cualquier decisión que adopte la primera potencia tendrá, en mayor o menor medida, serias repercusiones para el resto.