El aprendizaje en la vida

Si en algo pudiera resumir mi experiencia, es que la vida en realidad es un aprendizaje permanente. De niño, en el Colegio La Salle, no tenía muchos deseos de aprender; la mayoría del tiempo me la pasaba inventando la manera de no hacer las tareas, de sacar notas aceptables sin estudiar y jugar con mis amigos; pero era una época muy bonita, entonces sólo tendría unos 5 ó 6 años. Uno de mis peores recuerdos sucedió en segundo grado, cuando uno de mis profesores, el Hermano Fidel, le comentó a mi mamá, en mi presencia, que yo nunca llegaría a ser nadie en la vida porque era muy indisciplinado. Jamás olvidé esas palabras y, muy adentro, me propuse dejarlo mal.

Cuando estaba en cuarto grado, aprendí que los yates navegan, no se hunden. Mi papá era Rotario y me llevó a conocer un correccional que el Rotary Club apoyaba en la Isla del Burro, en el Lago de Valencia. Lloré como una magdalena por el terror a que se hundiera el barco y me comieran los caimanes.

Cuando, comenzando el primer año de bachillerato, me fui a estudiar a los Estados Unidos, aprendí que uno puede verdaderamente superar las limitaciones que tiene, si se lo propone. Entré a una escuela naval llamada Admiral Farragut Academy y superé mi temor al agua, entrando en los entrenamientos del equipo de velerismo de la Academia. Me gustó la experiencia y en los cuatro años que estuve en el colegio en New Jersey, no solo olvidé mis temores pasados, sino que me transformé en un buen velerista y le proporcioné a mi escuela más de una medalla. Después supe que el proceso de aprendizaje que viví se llama súper-compensación.

Cuando entré en la Universidad en Atlanta, el Georgia Institute of Technology, me di cuenta que, aunque me había graduado con muy buenas notas en mi bachillerato en Farragut, la universidad entraña una disciplina y madurez que parecía que yo no tenía. Fueron años difíciles, donde me percaté que, si dejamos lagunas en la educación básica, la experiencia universitaria se hace muy cuesta arriba.

A mi vuelta a Venezuela, armonicé mis estudios de Ingeniería Química con el trabajo, como cobrador de una empresa familiar situada en Los Rosales. Nuestra empresa tenía una extensa gama de productos, desde goma moldeada hasta semicueros plásticos. Pasé de cobrador a Director-Técnico y, posteriormente, a Director – Gerente y finalmente Presidente. Pero quizás la experiencia de aprendizaje profesional más profunda y trascendente que experimenté en mi vida, tuvo lugar cuando ya cumplía los 50 años, era Director Gerente de nuestra empresa y estaba casado y tenía dos hijos.
Mi primer gran maestro fue el Dr. W. Edwards Deming, quien me hizo comprender cuan equivocadas estaban mis ideas sobre gerencia. Deming hizo brotar en mi mente un nuevo paisaje, mucho más rico y nutritivo del que había experimentado en mis 49 años de vida; me hizo tomar conciencia que las empresas no son solo máquinas y ladrillos, sino personas que interactúan entre sí, con esas máquinas y ladrillos, para crear productos que satisfacen una necesidad. Esa fue la introducción a una nueva experiencia de vida que me ha acompañado hasta hoy.

Mi segundo gran maestro fue Stephen Covey. Ha sido un enorme privilegio y muy gratificante para mi, haber compartido muchas horas y días de aprendizaje con dos de las personas más trascendentes del siglo XX, y haber aprendido algo de ellos. El relato de Covey sobre la experiencia educacional de su vida, se asemejaba mucho a la mía. Contaba Covey, que él pasó por el Colegio y la Universidad sacando las notas necesarias para pasar, pero no logró cultivar su mente; y cuando decidió hacer su doctorado, se dio cuenta de las terribles limitaciones que lo acompañaban. Tomar conciencia de ello lo llevó a profundizar en lo que él llamó «La Ética de la Personalidad» y la «Ética del Carácter» y estos dos conceptos fueron la base de su Best Seller de todos los tiempos: “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva”. He tratado de aplicar los 7 hábitos en mi propia vida con algún éxito, pero me falta mucho por aprender y aplicar. El mejoramiento personal no tiene fronteras.

Mi otra gran experiencia de aprendizaje, fue como Profesor,fui contratado por la Universidad Simón Bolívar para dictar tres materias en el último año de la entonces novel carrera de Ingeniería de Producción. Comencé dictando «Sistemas de Calidad» el primer trimestre, continué el segundo trimestre con una materia que llegó a tener una demanda tremenda: «Gerencia y Liderazgo» y finalicé ese primer año con una tercera materia: «Competitividad: la Gerencia del Cambio». Quizás lo más nutritivo y placentero es que, a lo largo de cinco años, dejé en mis alumnos no sólo conocimiento de avanzada, que rara vez se ven en los años de pre-grado en la universidad, sino que la forma de integrar mi experiencia gerencial a la enseñanza, hacerlo dentro de los esquemas de Calidad en la Educación esbozados por el Dr. Deming, por el Dr. Myron Tribus y John Jay Bostingl, fueron una experiencia inolvidable, que mis estudiantes acogieron con calor y le dieron nueva vida. Todavía mantengo contacto frecuente con muchos de los 198 muchachos que pasaron por mis cursos en la USB; 13 de ellos fueron profesores de la universidad y 9 estudiantes de intercambio, casi todos franceses.

Toda mi vida reciente, es decir, posterior a mi «segundo nacimiento en 1989» cuando conocí a Deming, ha estado ligada a los nuevos conceptos de gerencia y de aprendizaje continuo. Quizás haya sido por eso que en 1994, inicié «Gotas de Conocimiento», como una forma de hacer llegar el conocimiento sobre gerencia y desarrollo personal a más personas. La Internet ha facilitado enormemente esta misión que, al día de hoy, ha llegado a más de 9.000.000 de personas.

En 1997, mi vida tomó un nuevo rumbo (para entonces ya tenía 57 años); decidimos cerrar la industria familiar. Ya hacía tiempo que compartía mis responsabilidades gerenciales con actividades de consultoría y educación, que sentía mucho más estimulantes. Decidí dedicarme de lleno a la consultoría gerencial y, a este paso contribuyó, un amigo y colega consultor de México, Arturo Inda Cunningham, con quien compartí la autoría de su libro: El Mapa. En uno de sus viajes le pregunté a Arturo si él pensaba que yo tenía madera para Consultor y él me dio mucha confianza, al asegurarme que yo tenía una gran oportunidad al integrar mi vivencia, experiencia y mis conocimientos prácticos de gerencia, con el conocimiento formal en al área de Calidad, obtenido a través de más de 18 años de estudio en Venezuela y el exterior, con profesores de la talla de Deming, J.M. Juran, Myron Tribus, Russell L. Ackoff, Kosaku Yoshida, Margaret Wheatley, Howard Gitlow y otros que se me escapan.
Unimos esfuerzos con un amigo muy apreciado, que ya tenía una práctica de consultoría, Carlos Vógeler Montiel, con quien había compartido experiencias muy interesantes en la Comisión de Calidad de Conindustria, y fundamos la empresa Servicios Internacionales de Consultoría, que creció, y más tarde, dió lugar a Inter American Management Consultants (IAMC). Para el año 2003 incorporamos a otro apreciado amigo, Ernesto Navarro Ruiz, que había abrazado con pasión el tema de la Calidad, en su cargo como Presidente de Conindustria. Así nació solutioNMakers, que es nuestra empresa en la actualidad que, adicionalmente al tema siempre presente de la Calidad, ha incorporado tecnologías gerenciales y de planificación y ejecución muy actuales, que nos han permitido contribuir al éxito de nuestros clientes.

Mi último aprendizaje ha sido, el de Abuelo. Doy gracias a Dios por haberme casado joven con una mujer excepcional y por los dos hijos que tenemos. Ello me ha permitido disfrutar de mis tres nietos, cuando tengo bastante energía, porque se necesita muchísima energía para acompañar a estas personitas en su desarrollo, disfrutando de su inocencia, de su amor, de su dulzura y en sus incansables actividades.

Quizás esta cita de Beran Wolfe refleja un poco mi filosofía de vida: Cuando descubra un hombre verdaderamente feliz:” lo encontrará construyendo un bote, escribiendo una sinfonía, educando a un hijo, cultivando flores raras, o buscando huevos de dinosaurio en el desierto. No lo verá buscando la felicidad desesperadamente, como a un botón que se ha caído bajo la mesa, o luchando a brazo partido como si esa fuera a única meta. Esa persona se dará cuenta que es feliz mientras vive intensamente las 24 horas de cada día”.

Y si hay algún mensaje que me gustaría dejar al final de estas líneas, es que nunca debemos dejar de Aprender y Enseñar. Eso nutre la vida.

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