El Capitán abandona el barco

Además de la situación política que vive Venezuela, nadie esperaba se sumara a esta, una crisis deportiva en el entorno de la Selección Nacional de Fútbol, (La Vino Tinto), cuando se conoció la renuncia formal de su técnico el profesor Richard Páez Monzón, el pasado 26 de noviembre. En una rueda de prensa donde sólo asistió el presidente de la F.V.F., Rafael Esquivel, se confirmó lo que hasta ese momento era un secreto a voces en el mundo del fútbol nacional.

Es difícil analizar, desde cualquier punto de vista esta decisión tan repentina y visceral que el Profesor Páez tomó, sin embargo, cabe destacar que para muchos entendidos del fútbol nacional, esto se venia venir en cualquier momento, pues cada vez eran más evidentes las intransigencias del técnico merideño en algunas ocasiones. Ciertamente, él como entrenador es el que siempre tenia la última palabra y que, de alguna manera, todo lo que hiciera con el equipo estaba bien.

Por supuesto no podemos dejar pasar por debajo de la mesa, varios incidentes que reflejaron indicios, de que la situación andaba mal en el seno de la vino tinto, en vista que las diatribas entre varios jugadores y Páez, como la del “Turbo” González entre otros futbolistas que ya no están en la selección, mostraban la punta de un iceberg que demostraba que todo no era color de rosa o mejor dicho vino tinto.

Esas diferencias futbolísticas que el técnico pudo tener con algunos jugadores, también se hicieron evidentes durante el juego con Bolivia, en el estadio Pueblo Nuevo de San Cristóbal, claro esta que, esta vez, fue con el público asistente, pues desde minutos antes de comenzar el partido, se iniciaba una especie de divorcio del técnico con la afición. Cuando la Selección de Venezuela realizó su última práctica en el terreno de juego, Páez se percató que el campo estaba lleno de fanáticos y la prensa, algo muy irregular.

Esto disgustó a Páez, generando una reacción un poco exagerada del técnico merideño, quien amenazó con retirarse, si la gente no era sacada del terreno, además de pedir a los jugadores que no atendieran a la prensa. Al finalizar este primer asalto con la afición y la consecución de una serie de desaciertos en los cambios, lo que desató el descontento de los fanáticos de Táchira, que comenzaron a gritarle al entrenador: “¡Por qué no saca a su hijo?”, lo que molestó, de tal manera a Páez, que profirió algunos insultos y muecas hacia las gradas.

Es innegable el gran trabajo que Páez logró con la selección, dándole una personalidad de equipo en la cancha; es más, nadie puede discutir que es un gran técnico y que dio inicio a una era donde resurgió el fútbol nacional, hecho que llenó de alegrías a la afición y nos mostró una Vino Tinto con buen fútbol y respetada en el continente. No obstante, los entrenadores también son personajes públicos y deben saber comportarse con los jugadores, fanáticos, directivos, en fin, con todos los amantes del deporte rey, que de una u otra forma, siempre van a querer ser el segundo técnico de cualquier equipo.

Ahora bien, mis consideraciones personales de este asunto, pueden coincidir con la de muchos otros; sin embargo, creo para un técnico nunca es fácil reconocer que un jugador no está dando la talla dentro de la selección y que además, no cumple las expectativas del crecimiento del grupo como equipo y más, si es su hijo. Pienso que pudo manejar mejor la situación, debido a que como todo gerente, un entrenador debe ser muy inteligente a la hora de aceptar las críticas, vengan de donde vengan y no tratar de demostrar que él es el único que sabe de fútbol.

Además, todo entrenador debe saber reglas de oro en el fútbol como lo es y, digan lo que digan, él es el técnico y es él quien tiene la última palabra; que ningún integrante de una selección, desde el aguatero hasta el presidente de la federación, no pueden engancharse en un pleito con la afición, ya que ellos son los que le dan vida a un equipo.

No me queda más que felicitar, por su éxito futbolístico con la Selección, al Dr. Richard Páez y no puedo dejar de mencionar y reconocer el mérito que tiene este venezolano, al llevarnos a pensar, por primera vez en la historia, que nuestra Selección de Mayores pueda estar en una cita mundialista.

Una renuncia inesperada para muchos, pero deseada por otros, termina con una era de siete años de triunfos y desaciertos de Richard Páez, frente a la Selección. En fin, el fútbol es así de impredecible, por eso nos gusta mucho.

Ahora lo que queda es, asumir esta nueva etapa que comienza para la Vino Tinto con optimismo, esperando que los jugadores puedan digerir pronto este mal sabor de boca y que, con lo aprendido con Páez, puedan generar las trasformaciones en positivo que requiere el equipo.

No me queda más que decirle a mi paisano andino como fanático… “Gracias, Richard”

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