Dando paso a la Bondad

BONDAD (Del lat. bonitas, -atis).
Extraído del Diccionario de la Real Academia Española (R.A.E.)
1. f. Cualidad de bueno.
2. f. Natural inclinación a hacer el bien.
3. f. Acción buena. U. m. en pl. Agradezco tus bondades.
4. f. Blandura y apacibilidad de genio.
5. f. Amabilidad de una persona respecto a otra. U. como fórmula de
cortesía. Tenga Vd. la bondad de venir. Tuvo la bondad de llamarme.

¿Ha escuchado el dicho: “Haz el bien y no mires a quien”?

Qué oración tan corta pero tan llena de sabiduría; debemos ser bondadosos con cualquier persona, sin importar su raza, clase social, económica, educacional e intelectual.

Todos necesitamos del prójimo, desde el más adinerado hasta el más pobre.

Debemos practicar la bondad en cualquier lugar en que nos encontremos, ya sea nuestra casa, la escuela, el colegio, la universidad, el trabajo, etc.

Cuando hagamos el bien, que sea de manera amable, con amor, sin malestar, o sea, sin dolor. Si vamos a ayudar a alguna persona, que sea de corazón, no para aparentar, ni con el fin de que los demás nos vean y digan: “que buena persona”.

La Biblia nos dice:
“Que tu mano izquierda no sepa lo que hizo la derecha”.

Seamos genuinos, íntegros, sepamos compartir de corazón.

Ser bondadoso, no significa solamente dar dinero o algún bien; ser bondadoso es ayudar cuando se nos necesite, practiquemos la bondad en el hogar, con nuestros padres, hermanos, abuelos y familiares. Recordemos que somos un reflejo del hogar y esto nos permitirá cooperar con nuestros compañeros de trabajo o de estudio; socorrer a alguna persona que se encuentra en apuros, escuchar cuando alguien desea hablar con nosotros, visitar y atender a un enfermo.

He escuchado decir a muchas mujeres que, cuando nacieron sus hijos, hubiesen deseado que alguna persona las visitara, con el fin de proporcionarles algún tipo de ayuda, ya fuera asear la casa, bañar al bebé, lavar o planchar la ropa. Tal vez usted se pregunte: ¿es necesario? Sí lo es. Muchas de esas mujeres quedan muy delicadas después del parto y las que han tenido a sus hijos por medio de una cesárea, se encuentran súper adoloridas y lastimadas, lo que no les permite moverse libremente. Al encontrarse solas, no tienen más remedio que ponerse de
pie y atender a su hijo recién nacido y si tienen otros, también a ellos, lo cual puede dañar su integridad física y hasta emocional.

Menciono esto, porque conocí el caso de una joven madre que, al momento de nacer su hijo, se encontraba sola con su bebé y otro hijo de tres años. Su esposo iba a trabajar y no tenía quien la ayudara. Su suegro les sugirió a la suegra y a las
nueras que fueran a cooperar, ya que ella estaba operada y no podía levantarse. La respuesta de ellas fue: “¿Por qué nosotras?, no somos empleadas de nadie”. Imagine usted cuánto hubiera agradecido esa joven la ayuda, en ese momento tan importante de su vida.

Cuando dejamos de ser bondadosos, nos volvemos mezquinos, envidiosos, egoístas; contaminamos nuestra mente y corazón con malas obras y malos pensamientos; nos volvemos seres insensibles e incapaces de dar afecto, lo cual hace que las personas se alejen de nosotros y, cuando nos damos cuenta, nos encontramos totalmente solos.

Practiquemos la bondad, empecemos por nosotros mismos, cuidemos nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro corazón, con el fin de que toda obra que realicemos sea para el bien de los demás.

Seamos más humanos, caritativos y bondadosos; las personas buenas irradian paz, energía, amabilidad, compasión; hay una luz que las rodea y las hace brillar. Van sembrando amor a cada paso con sus obras y, sobre todo, hacen que otras personas conserven su fe en la humanidad y las imiten.

“En todo os he enseñado
que, trabajando así, se debe
ayudar a los necesitados, y
recordar las palabras del
señor Jesús, que dijo: Más
bienaventurado es dar que
recibir”. (Hechos 20:35)

Disfrute el día.

*Tomado de la Web: www.adrianamorahamblin.blogspot.com

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