El crecimiento empobrecedor

Hay bastante literatura económica – en América Latina y en el mundo – sobre aquel tipo de crecimiento que se identifica con el concepto de crecimiento empobrecedor. En estos momentos – en que hay tanto debate sobre la necesidad de crecer y sobre las formas de lograr esa meta – es bueno recordar que hay varios tipos de crecimiento, no todos ellos buenos desde el punto de vista de la justicia social, de la distribución de ingresos, de la eliminación de la pobreza o del cuidado del medio ambiente y de los recursos naturales.

Para adentrarnos en esta temática centremos inicialmente nuestra atención en lo que fue el crecimiento de Chile en el siglo XIX y en los primeros años del siglo XX.

En ese contexto, habían unos pocos sectores económicos, cada uno de los cuales producía algún bien que presentaba alta demanda internacional y buenos precios de venta – producción de trigo, productos de la minería o prestación de servicios comerciales – lo cual, arrojaba altos ingresos para sus propietarios. Eso les permitía a estos últimos gozar de todos los bienes y placeres existentes en ese entonces, básicamente por la vía de las importaciones de bienes de lujo. Paralelamente, en este país existía una gran masa laboral que carecía de empleos y de ingresos permanentes, y que vivía en condiciones de pobreza material y espiritual. Si el precio de los productos de exportación crecía, el PIB del país también lo hacía. Los ricos eran más ricos y los pobres seguían, en el mejor de los casos, en su misma pobreza. Si se daban cambios tecnológicos en el sector exportador, o vaivenes en el mercado internacional, la ocupación y los ingresos de los pobres disminuía más aún. Se trataba claramente de un modelo de crecimiento que generaba y reproducía altos niveles de riqueza y abundantes y masivos bolsones de pobreza. Se podría entonces decir, – aun cuando no se usaba todavía esa terminología – que se trataba de un crecimiento empobrecedor, a menos que el Estado pudiera captar parte relevante de la riqueza generada y redistribuirla por la vía del gasto público.

Si volvemos al siglo presente, en un Chile dominado por unos pocos grupos económicos altamente ligados a actividades de exportación, si los precios de los bienes exportados aumentan en el mercado internacional, puede que crezca el PIB, y crezca la riqueza de esos sectores, pero es altamente posible, al mismo tiempo, que se mantenga a los pobres en sus mismos niveles de pobreza, pues esa mayor riqueza no “chorrea” hacia los sectores de menores ingresos y menores niveles de capacitación, que el propio sistema produce y reproduce en abundancia. Nadie puede postular que no hay crecimiento, pero se trata de un crecimiento empobrecedor, que no afecta la distribución de ingresos, ni la eliminación de la pobreza existente, nuevamente a menos que el Estado, por la vía de la política fiscal, entre a jugar un rol redistribuidor de ingresos.

Veamos otro caso. Un crecimiento basado en la tala de bosques nativos o en la pesca indiscriminada de peces en los mares territoriales, puede que genere crecimiento de la riqueza de algunos sectores, y crecimiento indudable del PIB, pero es un tipo de crecimiento depredador que destruye el presente y el futuro del país, empobreciendo a las generaciones futuras.  

Un último caso: las empresas contaminantes, que arrojan a los mares, a los ríos o al aire una carga alta de elementos contaminantes que la naturaleza demorará siglos en asimilar. Si estas empresas producen y contaminan mucho, es casi seguro que aumentarán sus ingresos y aumentará el PIB pero se trataría de un tipo de crecimiento irresponsable con los chilenos y con la comunidad internacional.

En síntesis, hay muchos tipos y modalidades de crecimiento, no todos son buenos, y no se puede postular como política económica el crecer a cualquier precio.

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