El incierto futuro de la Economía China

Los desafíos, según un informe reciente del Banco de España, son considerables y están centrados en vencer dos “elementos de incertidumbre:” por un lado, la alta dependencia de China respecto de la demanda de las economías desarrolladas y la incierta capacidad de la demanda privada para tomar el relevo, una vez que se agoten los estímulos públicos y, por otro lado, el posible aumento de la morosidad, ligado a la financiación bancaria del plan de estímulo aprobado por el gobierno chino en 2008.

Factores de riesgo de la economía china: China siempre ha adolecido de un desarrollo económico suicida y poco respetuoso con el medio ambiente, con crecimientos desmesurados de macrourbes y megacomplejos industriales y la consiguiente reducción de superficie dedicada al cultivo agrícola. Sin duda, los casos de Linfen y Tianying, ubicadas en el centro del país, llaman la atención por el grado extremo de polución; pero, salvo las regiones de Tíbet y Xinjiang, todo el territorio de China es perjudicial para la salud.

Según el último estudio realizado por científicos chinos, el 40% de los mamíferos y el 76% de la flora, están en peligro de extinción; y la Academia China de Ciencias Sociales asegura que ha desaparecido ya la mitad de los pantanos que existían en el país; y según un informe del Banco Mundial, China cuenta con 16 de las 20 ciudades con más polución del globo; e incluso, un estudio del Gobierno chino reconoce que en dos de cada cinco urbes, la calidad del aire oscila entre «contaminada» y «peligrosa».

El carbón cubre el 70% de las necesidades energéticas de un país, que consume hoy casi cinco veces más recursos que en 1980 y continúa creciendo a un ritmo del 9%; y si continúa la tendencia actual, y a pesar de los titánicos esfuerzos por introducir las renovables, la combustión actual de carbón se duplicará en 15 años . Así, según la Agencia Internacional de la Energía, China sería ya el principal emisor de CO2 del planeta, con un volumen superior a los 6.000 millones de toneladas métricas por año, lo que obligará a China a costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación, mejorar los parámetros de calidad y medidas fitosanitarias adicionales, tras una virulenta campaña de los medios occidentales para defender la etiqueta ECO como medida de proteccionismo encubierto.

Reorientar el modelo de crecimiento hacia la demanda interna: China ya tiene una potente clase media, que supera los 230 millones de personas; pero el nivel de ahorro de los chinos es muy alto y para lograr que consuman más, el Gobierno tiene que buscar la forma de que se reduzca ese ahorro.

Los expertos occidentales proponen el desarrollo de una red de protección social (salud, educación y pensiones), que hiciera que los ciudadanos no se preocupasen tanto por ahorrar, como medida de precaución ante imprevistos, y asimismo, una reforma del sector agrario que permitiría elevar las rentas de las zonas rurales, las menos beneficiadas por el desarrollo económico. Establecer políticas de incrementos salariales, ayudaría a alimentar y sostener ese boom de consumo, (que actualmente supone el 25% del PIB de la nación frente al 70% de EE.UU.), pero para ello sería preciso que la renta per cápita de los chinos se incrementara notablemente (3.300 dólares anuales en la actualidad) y reducir el abismo que existe entre las zonas costeras y las interiores.

Recalentamiento de la economía china: Los bancos chinos, además de los cuatro billones de yuanes (580.000 millones de dólares) del programa estatal de gasto, concedieron otros 7,73 billones de yuanes (1,13 billones de dólares) en créditos durante los primeros siete meses de 2009, en un espectacular estímulo financiero para apoyar una economía afectada por la caída de las exportaciones.

Así, los bancos han emitido más de un billón de yuanes en nuevos préstamos en las primeras dos semanas del 2010 (más del doble del promedio mensual de 400.000 millones de yuanes en la segunda mitad del año pasado); pero la agencia internacional de calificación Fitch, ya ha advertido a China que “su crédito es insostenible y que los gastos de estímulo, en respuesta a la crisis financiera global, corren el riesgo de generar problemas serios.

Parte de ese dinero fue a parar al mercado bursátil y al inmobiliario, proporcionando un auge inesperado en tiempos de crisis; pero la burbuja podría estallar pronto, pues muchos inversores son conscientes de que la inyección de dinero no podrá mantenerse a largo plazo (la concesión de nuevos créditos cayó en julio desde los 1,52 billones de yuanes hasta los 355.000 millones.), por lo que no sería descartable el estallido de la burbuja inmobiliaria, pues la inversión en bienes inmuebles aumentó en China un 75% en el 2009, hasta los 455.000 millones de euros; y los expertos estiman, que de producirse dicho crash, causaría un impacto a nivel global, 10 veces superior al que provocó el colapso del emirato petrolero de Dubai.

Final del rally alcista de las bolsas: Los inversores han empezado a sentir el vértigo de la altura y a cuestionarse el estado de solvencia de las compañías, y se espera que bajará el porcentaje de los resultados empresariales, que se destinarán a dividendos, así como el número de empresas que repartirán el mismo y la volatibilidad es la nota dominante, después de que la cotización cayera un 23 por ciento desde el 4 de agosto. Y la inseguridad generalizada crece con los anuncios de nuevas emisiones de acciones. Así, desde finales de junio, más de cien compañías han puesto a la venta nuevos paquetes de acciones por valor de 277.000 millones de yuanes, según las estimaciones y a eso se suma la entrada en Bolsa de otras empresas, lo que se traduce en 41.000 millones de yuanes más.

Posible crash bursátil: La continuación de la inestabilidad del sistema financiero, hará que las entidades financieras necesiten más requerimientos de capital (estimándose un monto de más de 850.000 millones de US$), debido a la existencia de activos tóxicos que deberán ser comprados por los bad banks (bancos malos) o continuar con el goteo de intervenciones bancarias, prácticas que en ambos casos suponen una pérdida de la libre competitividad. Y que podrían agudizar el riesgo de estancamiento de la crisis económica en EE.UU. con el consiguiente estrangulamiento de las exportaciones chinas.

Finalmente, no sería descartable la subida de tipos de interés para el segundo semestre del 2010 (entre 0,5 y 1 punto) motivada por el hecho de que los diferenciales de rentabilidad entre las emisiones de deuda pública entre los diversos países del primer mundo han aumentado en los últimos meses, (lo que conlleva un encarecimiento y mayores dificultades para obtener financiación exterior), que tendría un inmediato impacto en hipotecas y préstamos bancarios, consiguiente asfixia económica de amplias capas sociales y un dramático aumento de la morosidad y los embargos de viviendas y locales comerciales, aunada con el repunte de los precios del crudo podría dar lugar a episodios de estanflación (a finales del 2010, se calcula que China sufrirá una subida del IPC cercana al 5%) y producir un nuevo crash bursátil.

Dicho crash tendría como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales, la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras.

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