El Mundial, una alienación necesaria

«Todo lo que sé con seguridad acerca de la
moralidad y las obligaciones se lo debo al fútbol».

Albert Camus, filósofo, novelista y portero francés.

Cuando se de el pitazo inicial y la pelota comience a rodar en el engramado del estadio Soccer City de Johannesburgo, para el juego inaugural entre el anfitrión y la selección de México, todo se detendrá. Durante un mes la crisis griega dejará de tener tanto peso, las expropiaciones que se dan en estas latitudes no poseerán la carga lacerante que hacen sentir en las desprevenidas espaldas. Nuestra propia sensación de realidad ominosa tendrá un merecido respiro. Sea que se pueda asistir a la justa ó verla a través de la pantalla cada vez más tridimensional, el furor del Mundial de Fútbol lo irá arropando todo.

Debemos apurarnos a decir que, gracias a Dios, existe el Fútbol. Y no puede ser de otra manera el alivio exquisito, que tantas y variadas emociones producen en nuestro universo de impenitentes fanáticos del balompié. Será época para conversar, para discutir, para comparar con justas y estrellas del pasado, para soñar con quinielas, para ligar a nuestras escuadras favoritas, pero también para escanciar, como al buen vino, los grandes goles, esos que por ahora duermen en los botines de los “cracks “, y que pueden proporcionar la diferencia entre hacer maletas rápido ó alzar la copa triunfante el 11 de Julio. Tal vez Bobby Robson, el antiguo entrenador inglés, supo resumir la intensa batalla y la esencia de lo que se vive en un partido cuando afirmó: “Los primeros 90 minutos son los más importantes”.

Disfrutemos de esta fiesta cuatrienal, de este festival de sensaciones gratas, de esta necesaria y deleitosa alienación.

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