Otredad

“ los brazos descolgados,
las piernas vacilantes, los ojos
perdidos en ningún lugar
así camina, o flota, o se dirige…

…es un desplazado, un muerto
acaso otro que al parecer usurpa
su lugar
y con una cuerda invisible
tira duramente de él
desde afuera
o desde el fondo de sus remotos
huesos.”

Francisco Pérez Perdomo
“Los Brazos Colgados”

Inerte, en brazos del otro han transcurrido sus últimos años. Flagelado por su soledad y decepcionados caminos, dio la bienvenida a ese ser que gobierna su vida (al otro) que, lo hunde aún más en la bronca oquedad de lo cotidiano, galvanizando de desconcierto su errático rumbo.

Efraín, retuvo el aliento y continuó la lectura del libro. Luego respiró sintiendo como el aire resoplaba frío en su interior, desplazando angustias, ahuyentando duendes burlones. Volvió la página y pensó en lo graciosamente inútil que era leer sobre la Hidroponía, y tener que subsecuentemente, armar un experimento casero de cosecha de tomates en agua. Al fin y al cabo era ese y no otro su último pasatiempo. Impuesto por ese personaje que habitaba dentro de si, tiránicamente. Ya había (por dos semanas seguidas) coleccionado raras estampillas, así como sembrando árboles “bonsái”, no sin antes haber armado aviones de madera y barquitos en botellas. Tantos pasatiempos que, hubiera podido conducir con decente maestría un programa matutino en la TV.

Regresó al libro, haciendo esfuerzos decididos por concentrarse. EL otro ordenaba imperioso la lectura. Encuadraba el existir, riguroso, aséptico. Una corriente de fuego avanzó sin pausa, latía trepidante el pulso, sin tregua. La página, repentinamente se humedeció con la lágrima que velozmente había bajado. La mano (crispada), la retiró del hendido papel y volvió, mecánicamente, la hoja para reiniciar la lectura.

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