El profesor universitario, los estudiantes y las comunidades

Si de enseñanza y educación trascendente se trata, recordemos las prácticas de la Mayéutica socrática, que el filósofo griego y sus discípulos nos dejaron como referencia, cuatrocientos años antes de Cristo.

¿Para qué? La intención es ir más allá de la enseñanza pasiva, la lucha del hombre por comprender su existencia y utilizar el conocimiento como instrumento válido para optimizar su calidad de vida, aprender a vivir y ser feliz.

¿Por qué? Porque la misión cumbre del profesor es convertirse en educador de sus discípulos, llevar la enseñanza a nivel de educación pertinente, que produzca resultados beneficiosos a la sociedad en general, sin exclusiones.

Es por esta razón que consideramos estos argumentos, absolutamente vinculantes con la Ley del Servicio Comunitario del Estudiante de Educación Superior, en vigencia a partir de septiembre de 2006, reglamentada e incorporada a las universidades e institutos de educación superior, estableciendo la obligación de las mismas, de ofertar al estudiante que haya completado al menos un 50% de la carga académica de la carrera, su participación obligatoria en un proyecto que, en concordancia del perfil académico de su disciplina, esté orientado a satisfacer las necesidades de una comunidad determinada. Atendiendo, por supuesto, a los planes de desarrollo municipal, estadal y nacional.

En nuestra opinión, la Universidad de Carabobo y las otras universidades de la región, como instituciones, tienen una extraordinaria oportunidad de llevar adelante un conjunto de proyectos, mediante convenios con los Consejos Locales de Planificación Pública del municipio Valencia, en ellos se está llevando a cabo una magnífica labor, donde participan profesores de nuestra universidad, como Gustavo Urriola, Régulo Lugo, Sonia Ecarri, Carmelo Ecarri y muchos más.

La ley mencionada le exige a la institución una participación y un compromiso mayor de estudiantes y profesores, tutores en el ejercicio de los planes y programas de desarrollo sustentable, que requieren disponer de recursos, conocimientos científicos, técnicos y culturales, reforzados con una buena dosis de valores, permitiendo al estudiante y al profesor potenciar su solidaridad y compromiso con las comunidades como norma ética y ciudadana sin distorsiones ideológicas, en el ejercicio integral de la inclusión social.

Por lo dicho en principio, se nos ocurre pensar que todos los profesores universitarios, en especial los de más experiencia, activos y jubilados activos, pueden constituirse en el motor dinamizador de la educación al servicio del desarrollo del hombre, con rostro humano, integrador de una nueva sociedad, con su aporte decidido a los programas de desarrollo de comunidades.
 
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