“El sapo caminante”

Se encontraba el Sapo CrecenSio en la orilla de la laguna, desconcertado. Lo único que sabía era que estaba parado al lado de la laguna; pero no tenía claro lo que quería de su vida. Tampoco sabía si irse hacia el Sur, en búsqueda de una “nueva vida” o viajar hacia el Norte, donde algunos otros sapos se habían aventurado y que nunca regresaron.

Se preguntaba si quedarse en la laguna sería una solución al problema de su desconcierto; o quizás transitar los caminos al Este, por donde se dice que nace el sol todas las mañanas; o al Oeste, donde se pierde para morir el día.

Así permaneció con su incertidumbre por mucho tiempo. Se levantaba cada jornada porque el sol no lo dejaba mantener sus ojos cerrados, ya que dormir era una manera de olvidarse de su duda existencial.

Se decía a sí mismo:

– Soy un sapo… Sólo eso… Y como todos los sapos que he conocido que piensan que la vida en la laguna es lo único que nos toca vivir, creo que ¡no queda otra cosa!… ¡Qué más da…! Los sapos que se fueron no regresaron nunca; y esto supone que no les fue muy bien que digamos… Pero también siento que quedarme en la laguna no es lo único que me queda por hacer; aunque tengo algo de miedo de irme de aquí… En fin… me entusiasma poder echar mis pies al camino y descubrir cosas nuevas…

De pronto, su constante pensamiento fue interrumpido por un pájaro colibrí que, como si no tuviera alas, besaba una bella flor y seguía viaje. Luego, una colorida mariposa danzaba en el cielo, de un extremo a otro, desapareciendo.

Y volvió a pensar…
– Yo estoy parado en este mismo lugar, quejándome de no hacer nada, mientras estos otros seres se mueven… Estoy seguro que algo más hay fuera de la laguna…

No pasó demasiado tiempo en tomar la decisión de salir de la laguna y transitar los caminos que lo llevarían a alguna parte. Como no sabía qué camino tomar, cerró los ojos y comenzó a girar, girar y girar en el mismo lugar, hasta que su corazón le indicó que debía detenerse y que, al abrir sus ojos, empezara a caminar en dirección al sendero que miraba.

Así lo hizo. Caminó sin saber a hacia dónde iba. Al anochecer, encontró un árbol caído al costado del sendero. Decidió sentarse y descansar. La luna apareció silenciosa invitando a ser observada. Finalmente, el Sapo CrecenSio se quedó dormido.

El sol reinante en la mañana, los pájaros y la frescura de un hermoso día despertaron al Sapo y sonriendo estiró su cuerpo, bostezando. Continuó el viaje, esta vez atento a cada momento. Atento estaba de las flores; de las piedras en el camino; de la forma de los árboles; de los pájaros volando y de toda la mágica naturaleza.
Tardó muy poco en darse cuenta que su vida había cambiado, y que ser un sapo y sólo eso, era una mera percepción muy limitada de sí mismo. Entonces decretó:

– ¡Yo, Sapo CrecenSio, soy un sapo libre!

Vino a su mente aquellos sapos que nunca habían regresado a la laguna y la suposición de que no les había ido muy bien, fue desvaneciéndose por completo.

– ¡Soy un sapo que se fue de la laguna! – Dijo CrecenSio con voz alta y firme.

Y de esta manera, el Sapo CrecenSio sigue siendo un “caminante”. Su vida es su propio camino y el Norte fue la dirección elegida.

¿Cuántos sapos más se animarán a transitar aquellos caminos desconocidos que conducen al descubrimiento de sí mismos?

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