El “Tigre de Turkestán “: G. I. Gurdjieff (Parte 1 de 2)

La “loca” década de los años veinte… En París, un hombre de extraño aspecto recorre las calles. Las risitas de unos niños lo acompañan –lo que no es de extrañar, puesto que el caballero luce unos enormes y frondosos mostachos y un cráneo totalmente pelado. Lleva un sombrero de alas anchas y un grueso bastón de oro en la mano. Su figura maciza, algo encorvada es imponente, enigmática y llama la atención de grandes y chicos.

Una vez instalado en la mesa de su café favorito, frente a un coñac y una humeante taza de café turco, se enfrasca en largas, vociferantes y muy animadas conversaciones con todos aquellos que pueden sostener, la potencia de la casi hipnótica mirada de sus oscuros y penetrantes ojos. El excéntrico caballero es nada menos que George Ivanovitch Gurdjieff, uno de los maestros espirituales más controvertidos de nuestros tiempos.

No cabe duda… su pensamiento y sus métodos revolucionaron las creencias de Occidente acerca de las reales posibilidades y alcances evolutivas del ser humano. Hasta hoy tiene tantos adeptos como detractores y no faltan los que sencillamente lo tildan de “charlatán deschavetado”.

Es que no es fácil compenetrarse en sus ideas y son muchos los que no entienden algunos de los procedimientos empleados por él, para acceder a la conciencia de sí. Los incondicionales, en cambio, lo ven como un avatar espiritual, un verdadero gurú en un desalmado mundo donde todos funcionamos como robots programados y en un estado hipnótico.

Lo cierto es que la vida de este Maestro es extraña y apasionante. Su figura se perfila hasta nuestros días como mística y altamente polémica, más que nada porque es sumamente difícil disponer de registros históricos verificables. Tan sólo contamos con lo que él quiso revelarnos en su obra, “Encuentros con Hombres Notables”, libro de lo que hace pocas décadas se hizo una exitosa película.

Gurdjieff, dotado de avasalladores poderes psíquicos, a muchos les parecía estar frente a un mago seductor, autoritario y algo siniestro. Tenía una obsesión durante toda su vida: despertar a las personas las que según él estaban sumergidas en un nefasto estado “robótico”, cercano a un profundo sueño inducido por hipnosis. Tanta era su obsesión para remendar esta lamentable situación, que más de una vez se hizo de archienemigos en un instante, “gracias” a su manera chocante, intolerante y ruda, realmente inadmisible para los cánones de una reunión social civilizada.

Pero quienes fueron capaces de calar más hondo y ver más allá de su “máscara”, descubrían a un hombre veraz, auténtico, capaz de generar transcendentales cambios en quienes lo rodeaban.

Qué duda cabe… Gurdjieff legó al mundo la sabiduría y riqueza de su obra construida por una serie de cinco libros, un ballet, trescientas piezas para el piano y más de cien (“movimientos”) danzas sagradas. Y lo más importante: un sólido atado de ideas interrelacionadas acerca de la existencia y evolución consciente del hombre y su relación con el Cosmos.

Ladronzuelo superdotado

Giorgios Giorgiades Gurdjieff nació en el barrio griego de Alexandropol, Armenia, aproximadamente en 1.866. Su madre era de Armenia, y su padre, Ionnas Giorgiades, de origen griego.

Tiempo después, Ionnas abrió un pequeño taller de carpintería en la población árida y montañosa de Kars. La aldea estaba poblada por una amplia gama de las más diferentes nacionalidades: visores, tártaros, karapakas, yezidas.

Embelesado, alucinado, hondamente impresionado, el joven Giorgiades absorbía todo lo que pudo de todas las raíces, costumbres, creencias, culturas
tan eclécticas.

El jovencito, de notable inteligencia, dominaba ya varios idiomas: armenio, turco, ruso y griego. En la escuela municipal rusa, el talentoso niño llamó la atención del padre Borsh, un alto dignatario de la Iglesia ortodoxa rusa. En 1.879, la familia decidió que Giorgiades sería sacerdote o médico. Ni corto, ni perezoso, el padre Borsh se hizo cargo, junto a los diáconos militares, de su entrenamiento: matemáticas, química, astronomía, historia, teología, anatomía y fisiología. La sed intelectual de Gurdjieff era inmensa.

Un hecho curioso y sabroso llama la atención… En esta época, Giorgiades sobrevivía como la mayoría de los niños y jóvenes de Kars: ¡cometía pequeños hurtos! Además aprendía de su tío Giorgij Mercourov, a reparar máquinas y bordar almohadones y tapices.

Al mismo tiempo, su tremenda curiosidad lo llevó a tomar contacto con lo “mágico”; a través de experiencias paranormales, trataba de comprender lo que estaba más allá de lo cotidiano y fácilmente captado por los cinco sentidos.

Senderos místicos

A los diecisiete años se emplea en el ferrocarril en la ciudad de Tiflis. Es allí donde conoce a sus primeros compañeros en la búsqueda de conocimientos ocultistas: el seminarista Sarkis Pogossian y un vendedor de libros llamado Abram Yelov. Los tres “compinches” viven en una ciudad poco escrupulosa en materia de moral. Ellos tampoco quedan a la zaga y se ganan la vida con ciertos contratos y servicios poco claros.

Entre tanto, Giorgiades sentía un “impulso irresistible, por comprender cabalmente la precisa significación, en general, del proceso de la vida en la tierra, de las diferentes formas de las criaturas y, en particular, de la finalidad de la vida humana a la luz de esta interpretación”, tal como señala en uno de los textos.

Hurgando en libros añejos y nuevos, el joven encontraba demasiado profundas las interrogantes, para ser respondidas por los sistemas filosóficos y religiosos hasta entonces conocidos. Inquieto, Giorgiades se preguntaba si la verdad no estaría escondida en los templos ocultos de los iniciados. ¿Existirían aun los esenios, los pitagóricos, la mítica Hermandad de Sarmung?

…Quien busca, encuentra… En 1.886, los amigos hallan la primera clave, cuando escarban en las ruinas de Aní. Entre unos pergaminos desteñidos, roñosos, descubren una referencia de la “Hermandad Sarmung”, que sugería que había sido escuela de los visores, situada “entre Urmia y Kurdistán”.

Gurdjieff decide viajar a esa amplia zona. Su meta es encontrar el monasterio y ser aceptado en él.

Es este proyecto, el comienzo de una búsqueda por Transcaucasia Central, protagonizada por un verdadero guerrero espiritual que, después de veinte años, volverá al mundo con reforzada energía para transmitir todo lo aprendido, asimilado e intuido en esos épicos viajes.

Un ser incomparable, increíble, insólito…

Alrededor de 1.895, nace el grupo de los ‘Buscadores de la Verdad´. Eran quince jóvenes: ingenieros, músicos, arqueólogos, filósofos y una mujer: Vitvitskaia.

Gurdjieff viaja constantemente con su grupo. A pesar de tener que enfrentar guerras, revoluciones y luchas civiles, Giorgios se arregla para contactarse con “los más santos entre los santos de casi todas las organizaciones herméticas, de casi todas las sociedades, congregaciones, partidos, etc., religiosas, filosóficas, ocultas, políticas y místicas que eran absolutamente inaccesibles para los hombres ordinarios”, según cuenta en uno de sus escritos..

Y eso no es todo… Curaba por hipnosis a drogadictos y alcohólicos y, las “copuchas” de la época, hablan de que también militaba como agente secreto…

Creta, Tíbet, India, Jerusalén, Egipto… En este último país encontró su mejor amigo, el príncipe ruso Yuri Liuboviedsky, con quien compartió un maravilloso descubrimiento: un antiguo mapa de “Egipto antes de las arenas”.

El “Tigre de Turkestán” recoge “en un sitio un símbolo; en otro, técnica y en otro, danzas”, según admite en su biografía. Entre 1.898 y 1.899 sus senderos secretos lo llevaron a algún lugar del norte de Afganistán. Con los ojos vendados, fue guiado por cuatro jinetes hasta el Monasterio Sarmung, donde Gurdjieff comprendió en profundidad el significado de las Danzas Sagradas, el Eneagrama y la armonía de los números, ¡corpus iniciático de sus enseñanzas futuras!

Es importante recalcar, que este encuentro con la milenaria sabiduría oculta en las montañas es tomado por muchos como una alegoría, ya que es imposible comprobar su verdad histórica. Gurdjieff jamás, en ninguno de sus escritos, dio la ubicación exacta del monasterio.

En su recorrido por los centros iniciáticos, no podía faltar el Tíbet, donde estudió danzas rituales, medicina y técnicas psíquicas. De allí, a causa de una refriega entre tribus montañeses, vuelve gravemente herido de bala.

Acto seguido, algo inusitado pasa… Le embarga una profunda experiencia mística. Sintiéndose mejor, parte hacia el Asia Central y, recibe de nuevo el impacto de una “bala loca”, esta vez como resultado de una escaramuza entre cosacos y gourianos.

Es verdad…Un tiempo atrás se había prometido a sí mismo, no usar más sus poderes psíquicos. Sin embargo, al establecerse en Tashkent, capital de Turkestán, se transforma en “Instructor Profesor” de ciencias sobrenaturales.

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