El Tipo de Cambio y el Comercio Internacional

En el mundo contemporáneo hay tensiones comerciales entre diferentes países que no han logrado resolverse ni por la vía del diálogo bilateral entre las partes afectadas, ni por la vía multilateral de la OMC. Entre estas tensiones cabe mencionar las que presiden el relacionamiento comercial entre Estados Unidos y China. Ellas dicen relación con las barreras arancelarias y no arancelarias a las mercancías importadas, con las normas técnicas y sanitarias, y con otras decisiones de la misma naturaleza que impone cada país.

Sin embargo, sin perjuicio de lo anterior, la fundamental cuestión que tensa las relaciones entre los grandes actores del comercio mundial contemporáneo son las cuestiones monetarias. En la medida que un país mantenga una cierta subvaloración de su moneda, entonces potenciará sus exportaciones, mantendrá relativamente contraladas las importaciones y probablemente logrará un superávit en su balanza comercial y acumulará montos importantes de reservas internacionales. Eso es lo que Estados Unidos asume que sucede con relación a la moneda china. Por el contrario, si la moneda de un país está sobrevalorada, sus importaciones crecerán y sus exportaciones bajarán o crecerán más lentamente.

Pareciera ser que estas cuestiones monetarias son hoy en día más importantes en las negociaciones comerciales internacionales que las cuestiones meramente arancelarias, que fueron el aspecto fundamental en el cual se centró originalmente la OMC.

Estos asuntos se hacen más complejos aun, en la medida en que las vicisitudes de la crisis financiera internacional generan modificaciones cotidianas en los valores relativos de las diferentes monedas, corrientemente utilizadas en el comercio y en las finanzas internacionales. Cuando la crisis tenía como epicentro a la economía norteamericana y a su burbuja inmobiliaria, muchos agentes económicos de todo el mundo se refugiaban en el euro, y esta moneda subía de valor al ser crecientemente demandada, con lo cual el dólar se depreciaba y las mercancías norteamericanas ganaban presencia en los mercados internacionales de bienes.

Cuando la crisis tiene como epicentro a Europa, como sucede hoy en día, los agentes económicos se refugian en el dólar, y esta moneda sube de valor al estar más demandada.

En nuestra América, y en particular en Venezuela, hay también importantes cuestiones cambiarias que afectan el posicionamiento comercial de cada país. Si un país quiere ganar competitividad y nuevos espacios en los mercados internacionales de bienes -y defender en alguna medida su producción interna- tiene necesariamente que definir una tasa de cambio que sea rentable y competitiva para sus productores y exportadores y que logre sostenerse en el tiempo, como para permitir planificar a partir de ella con una visión de mediano y largo plazo.

Sólo una vez que exista ese marco cambiario es posible pensar en ganar posiciones adicionales por la vía de la diplomacia y de las negociaciones internacionales encaminadas a lograr rebajas recíprocas de aranceles. Si ese marco cambiario no existe, las negociaciones internacionales no lograrán compensar lo que el tipo de cambio niega.

Y si un país quiere insertarse en los circuitos comerciales internacionales contemporáneos con algo más que una única mercancía altamente rentable, como lo es el petróleo, tiene que plantearse con seriedad una política cambiaria que permita alcanzar objetivos en materia de promoción de las exportaciones no petroleras. No hacerlo es condenar al país a ser un agente marginal y secundario en el comercio no petrolero regional y mundial y condenar a los exportadores privados a ser una especie en franco proceso de extinción.

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