¿Es realmente necesario implantar un sistema de gestión de la calidad?

En relación a lo que sucede en nuestra propia organización, es posible que sostengamos la tesis de que producimos bienes o servicios con la calidad esperada sin estar haciendo todos los esfuerzos necesarios para velar por élla.

Esto puede suceder si no dedicamos el tiempo necesario para la revisión continua de nuestros procesos, y no determinamos las oportunidades de mejora que se nos presentan en forma continua, o si no estamos atentos a corregir problemas de fabricación, adaptar los productos y servicios que ofrecemos a las especificaciones; variaciones en los gustos y expectativas de los consumidores, a los cambios en el entorno o, incluso, si no nos mantenemos en línea con las mejoras ofrecidas por nuestros competidores.

Sin ser imprescindible para garantizar la calidad del producto final, la incorporación de un sistema de calidad formal en las organizaciones brinda un excelente mecanismo para la revisión continua de los procesos y la supervisión de la calidad del producto final.

Esto es debido a que ofrece un método sistemático que permite revisar las áreas criticas de los procesos y del negocio y brinda una guía que ayuda a determinar con mayor facilidad que se puede y se debe hacer para seguir cumpliendo con los estándares de calidad establecidos en la organización así como los que son exigidos por los clientes y el mercado, favoreciendo así la competitividad organizacional.

Si bien no todas las organizaciones pueden o necesitan implantar un sistema de calidad con todas las formalidades y rigor exigidos por los organismos certificadores, aun las más pequeñas empresas deberían recurrir a los principios básicos establecidos por los sistemas de la calidad, para permitir el enriquecimiento y revisión continua del negocio.

Esto debe hacerse tomando en cuenta que las normas actualmente vigentes y reconocidas por su gran eficacia y excelentes resultados, por ejemplo la ISO 9001:2000, no son más que la recopilación, por parte de los entes normalizadores, de las mejores prácticas y experiencias de trabajo a nivel mundial y que apoyaron a las grandes corporaciones multinacionales (Toyota, Nissan, General Electric, ESAB, Microsoft, HP, IBM entre otras), para llegar a ser el gran fenómeno global que son hoy en día.

Para lograr la implantación de un sistema de la calidad, hay que fomentar un compromiso real con la calidad a través de toda la organización, que inicie con el convencimiento del valor que ella tiene para la continuidad y crecimiento del negocio.

En segundo lugar es necesario conocer y documentar bien la esencia del negocio y cuales son la visión, misión y los objetivos que se han trazado los accionistas. Eso les permitirá ver hacia donde deben orientarse los esfuerzos de la organización teniendo una guía de acción que ayudará a no perder de vista los objetivos de mediano y largo plazo.

Además de ello es imprescindible que documenten adecuadamente sus procedimientos e instrucciones de trabajo, de manera que puedan ser empleados para el adiestramiento del equipo de trabajo así como para la revisión de lo que se hace en comparación con lo que se debería hacer.

Por muy pequeña que sea la organización, debe dedicar los esfuerzos necesarios para el adiestramiento y capacitación de quienes allí laboran. A través de la capacitación continua y el fomento de adecuados mecanismos de comunicación y retroalimentación, se lograra entrar en un círculo de mejoramiento continuo que es elemento clave para la calidad de los productos y servicios ofrecidos, apoyando significativamente la competitividad de la organización.

Por último, es necesario resaltar que otro elemento clave para garantizar la calidad, es el manejo de indicadores de gestión, los cuales no deben ser vistos como algo complicado, sino como estadísticas o resúmenes sencillos de los resultados de los principales procesos de la organización, de uso cotidiano para la evaluación de la marcha del negocio, para detectar y corregir problemas existentes o potenciales y para apoyar la oportuna y adecuada toma de decisiones.

Si bien en un principio crear la cultura de la gestión de la calidad no es fácil, puesto que implica cambios en el estilo de trabajo y forma de pensar de los individuos, en poco tiempo serán evidentes las mejoras de competitividad que se pueden alcanzar con la misma.

El tiempo y otros recursos invertidos en la creación de una estructura de gestión de la calidad en rápidamente demostrarán sus frutos, puesto que la organización será capaz de identificar sus ventajas competitivas y debilidades y trabajar activa y concientemente por garantizar la calidad de sus productos y servicios.

Lo mismo aplica para las empresas que deciden pasar a la etapa más formal de la implantación de un sistema de gestión de la calidad con todo el rigor necesario para obtener la certificación por parte de un ente certificador. Si bien los procesos se complican un poco más por las formalidades necesarias para el logro de la certificación y el cuidado que debe ser puesto en todos los detalles, en el fondo la esencia del proceso se mantiene, al igual que sus beneficios.

En cualquiera de los dos casos, la organización que decida gestionar la calidad en forma planificada y activamente, estará sentando las bases para el logro de mejoras progresivas en su competitividad organizacional.

Las experiencias de muchas empresas pequeñas y grandes así lo demuestran.

Siendo indiscutible que en el mundo de la globalización y la competitividad, el sistema de la calidad ayuda a las empresas a demostrar su valor agregado y la conformidad de sus productos o servicios, lo que puede marcar la diferencia entre quedarse en el camino o crecer, madurar y proyectarse exitosamente hacia el futuro, la respuesta a la pregunta inicial es afirmativa, reconfirmándose así que si la organización desea ser competitiva, debe implantar un sistema de calidad.

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