Argentina vuelve a los mercados financieros internacionales. En estos días tiene que concretarse – si no se ha concretado ya – una emisión de bonos soberanos por el orden de los 15 mil millones de dólares. La mayoría de esos fondos recaudados se destinará a pagar la deuda acumulada con los tenedores internacionales de bonos con los cuales no se había llegado anteriormente a acuerdos de pago.

En otras palabras, Argentina pagará su deuda – que tantos debates y tantos problemas le ha creado – con la emisión de nueva deuda. También podría decirse que cambia su deuda actual por deuda de mediano y de largo plazo y se saca así, en el presente, un complicado  problema de encima. Además, gana la posibilidad de volver a emitir nueva deuda, cuando lo estime conveniente, pues tiene nuevamente acceso a los mercados financieros internacionales. Más aún, la demanda que se manifestó por adquirir los bonos que Argentina está emitiendo es sustantivamente mayor que la oferta que dicho país ha hecho de esos bonos, lo cual pone de manifiesto que hay espacio en el mercado como para seguir emitiendo.

Estos bonos recientes de Argentina se colocan en el mercado a tasas que van desde los 6.25 % para los papeles a 3 años, hasta 7.6% para los bonos a 10 años o más.  A mayor plazo, mayor riesgo, y por lo tanto, hay que vencer ese mayor temor con una tasa de interés más elevada. La tasa riesgo país de Argentina a mediados de Abril se ubicaba en  4.13 %, lo cual significa que tiene que pagar ese tasa por sobre la tasa de los bonos de la Reserva Federal norteamericana, que se asume que son los papeles de menor riesgo en el mercado financiero internacional.

¿Por qué no puede Venezuela hacer algo similar? ¿Por qué Venezuela, que tiene hoy en día tanta necesidad de liquidez, no sale al mercado internacional a colocar bonos soberanos? Entre otras razones, porque la tasa riesgo país que enfrenta nuestro país en los mercados internacionales –medida por la tasa EMBI elaborada por el J.P. Morgan Chase- se ubica a mediados de Abril ligeramente por sobre el 30%.  Es decir, si Venezuela quisiera colocar papeles soberanos en el mercado financiero internacional tendría que pagar 30%  por sobre la tasa que ofrecen los bonos de la Reserva Federal. Esa es una tasa absolutamente prohibitiva. Nadie puede contratar créditos aceptando esa tasa de interés.

¿Y por qué le cobran a Venezuela unas tasas de interés tan elevadas? ¿Por qué se le impone una tasa de riesgo país tan alta? ¿Acaso no ha pagado Venezuela escrupulosa y puntualmente  hasta el último centavo de sus deudas externas? Es cierto que la tasa de riesgo país no es una mera lectura de los datos que arroja el mercado, sino que es un cálculo o un pronóstico realizado por agencias financieras internacionales que gozan de cierto prestigio, pero que no son ni infalibles ni neutrales.  El Gobierno venezolano jura y proclama a los cuatro vientos que esas agencias son parte de la guerra económica y que emiten las cifras ya mencionadas para hacerle daño al país. Pero lo cierto es que si estas cifras fueran absolutamente disparatadas, y Venezuela quisiera emitir bonos al 8 % o al 10 %  –  por mencionar  tasas cercanas a las argentinas – lo más probable es que no lograría captar ni un solo dólar. No porque los posibles compradores tengan ninguna obligación de hacerle caso al índice EMBI, sino porque en el mercado internacional van a encontrar con facilidad  bonos más seguros o menos riesgosos. Como el capital financiero es bastante  miedoso o cobarde, no quiere correr riesgos innecesarios – sobre todo si no tiene ninguna obligación de estar financiando a Venezuela- y se canalizará, por lo tanto, hacia otras ofertas. Si Venezuela quisiera vence esas resistencia, o tentar a los más osados, tendría que ofrecer una tasa más elevada, quizás cercana a la tasa EMBI, aun cuando nadie lo obligue a ello.

¿Y por qué esa desconfianza con respecto a los bonos soberanos de Venezuela? ¿No es Venezuela acaso un excelente pagador?  Es cierto que Venezuela no ha cometido la locura de decretar un default, pero los agentes económicos internacionales no entienden mucho como se toman las decisiones en el seno del gobierno bolivariano, ni entienden casi nada de la lógica económica que preside esas decisiones, ni cuentan acá con un  Ministro de Hacienda que se de el trabajo de explicarles todo aquello y tratar de insuflarles confianza.  Lo que sí entienden clarito como el agua es que aquí el déficit de divisas se hace más apremiante cada día. Si las reservas internacionales están  en niveles bajísimos, si el petróleo no repunta y si la inversión extranjera no fluye hacia el país, entonces los temerosos y cobardes capitales financieros prefieren mirar hacia otro lado. Solo queda abierta la posibilidad de contar con ciertos créditos de gobierno a gobierno, golpeando las puertas de China, de Irán, de Rusia o de otros países que constituyen el actual club de amigos de Venezuela. Pero parece que tampoco por allí se puede conseguir mucho, excepto créditos comerciales – te presto para que me compres – que no solucionan los problemas actuales de Venezuela.

sergio-arancibia. blogspot.com