Estrategia Sabrosa

Hablando de sabores. Un sabor es algo complejo que se nutre de distintos elementos, que hacen que un plato lo podamos apreciar bien sea dulce, amargo, terso, salado, cremoso o simplemente insípido. La presentación, los cubiertos, la temperatura, la bebida, el ambiente, el tamaño de las piezas, incluso si tenemos gripe o si el comedor es tranquilo, afectan el sabor. El plato por sí sólo no hace el trabajo, el sabor es una sensación que se nutre de muchos elementos en forma simultánea. Incluso, cada persona puede percibir diferente la misma comida.

El tema de las estrategias igualmente es amplio, variado y complejo, tal como el sabor. Las circunstancias económicas cambian y las condiciones particulares de cada empresa, también. Las organizaciones envejecen, los gerentes rotan y la constante innovación de productos y servicios, alteran el equilibrio del mercado. Su éxito está en los pequeños detalles, más en “los aderezos” que en los ingredientes principales. Se deben tener presentes todos estos elementos para construir una estrategia que debe tener gusto, “sabor”.

Cada año se invierten montones de recursos en adivinar eventos que, están más allá, en sacar el máximo de sus capacidades actuales y desarrollar los medios para sobrevivir a la competencia. Mientras más complejo el plan y más extenso el análisis, mejor. Los planes se convierten en el mapa para seguir la realidad, en la guía que nos indica cómo sobrevivir y usar nuestra suerte para producir los mejores resultados.

Sin embargo, pese a lo meticuloso de las metodologías de planificación, las estrategias tienden a descuidar detalles insignificantes que no tienen relación con el entorno macroeconómico. Generalmente se subestiman cosas, como los estilos de diálogo, las prioridades del gasto, las maneras de motivar, el compartir voluntario del diseño propuesto de futuro o el estilo de comunicación que marca el ritmo de las decisiones. Ocurre, como cuando se sobrestima el aporte de la sal en una receta y aún con todos los ingredientes correctamente agregados, el plato queda insípido.

En los sueños, como en la elaboración de planes, los problemas no están presentes. Al igual que seguir una receta, un plan estratégico se fundamente en supuestos comprobados y discutidos durante su manufactura, no en los imprevistos y contingencias que debe sortear. Hay mucho de arte en su aplicación.
¿Qué hace un chef cuando se le acaba un ingrediente? ¿Qué hace un ama de casa cuando, sin tiempo y poco presupuesto, debe alimentar bien a su familia?… Improvisan, no pierden de vista su propósito y se concentran en solucionar la situación. La experiencia se convierte en su arma secreta, que apoyada en la creatividad, hace frente a la necesidad.

Los grandes maestros de la cocina no dejan de buscar formas ingeniosas de mezclar ingredientes, de manipular los métodos de cocción, de innovar en las presentaciones, no permiten que lo tradicional les empañe la próxima creación.

Muchas veces las empresas se empeñan en repetir sus pasados en seguir las señas conocidas del mercado y ahondan muy poco en la experimentación, el temor a fracasar es alto. El costo de modificar estructuras y desprenderse de lo innecesario se estima elevadísimo. Necesitamos recordar, que el éxito de una organización es responsabilidad de todos. Las empresas tienden a querer repetir los éxitos pasados, a revivir su biografía y no dejar que la realidad imponga una nueva receta.

Al igual que la cocina, la preparación de una estrategia exitosa, pasa por saber producir un efecto original. Las recetas puede que indiquen la fórmula original, pero la experiencia enseña a cómo improvisar y dejar que la imaginación trabaje. No es un trabajo individual y aislado; por el contrario, es un proceso de grupo. Debemos partir de un marco de referencia común y adecuarnos a las exigencias de las circunstancias.

Finalmente, las estrategias deben ser divertidas, abiertas a la prueba; son la base para el desempeño extraordinario que deja huella; tienen un alto contenido de emotividad. Al igual que en la cocina, se debe deleitar al comensal para hacerlo volver, las estrategias deben ser “apetitosas” para mantener el interés y conseguir que el comensal sienta deseos de volver una y otra vez. En esta época donde el entorno cambia a un ritmo vertiginoso, nada mejor que un variado menú de opciones para enfrentar a una hambrienta competencia.

No podemos quedarnos con el sabor que nos queda en la cuchara.

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