Francisco Rodríguez: “La verdadera reforma fiscal sería una sinceración cambiaria”

Víctor Salmerón | Francisco Rodríguez está convencido de que bastaría con tomar la decisión acertada en el terreno cambiario para que la noche quede atrás y los venezolanos presencien el fin de la escasez y un ciclo expansivo de la economía. Analista para la región andina de Bank of America, Doctor en Economía por la Universidad de Harvard y con experiencia como director de la Oficina de Asesoría Económica de la Asamblea Nacional, Rodríguez tiene el bagaje para discutir sobre qué puede esperarse del gobierno de Nicolás Maduro en los próximos meses.

Uno de los desajustes más graves que sufre la economía es un déficit fiscal, que en sus reportes usted calcula en 18% del PIB. ¿En qué medida las reformas tributarias que anunció Nicolás Maduro con el paquete de leyes habilitantes ayudan a reducir esta enorme brecha entre ingresos y gastos en las cuentas del Gobierno?

Es muy difícil hacer estimaciones en este momento, pero una primera aproximación nos lleva a hablar de un impacto de entre 3% y 4% del PIB.  Pero es necesario señalar que una reforma fiscal que pretenda recaudar 18% del PIB llevaría a una paralización total de la economía. No creo que se pueda resolver el problema fiscal sin resolver el problema cambiario, porque el problema fiscal es esencialmente un problema cambiario.

De acuerdo a sus proyecciones, ¿cuánto deja de recibir el gobierno por vender dólares a un precio artificialmente barato de 6,30 bolívares?

En este momento la desalineación cambiaria contribuye con 13 puntos al déficit. Eso es lo que tendríamos en ingresos fiscales si tuviésemos el tipo de cambio en su nivel de equilibrio, que es de 35 bolívares por dólar. La verdadera reforma fiscal sería una sinceración cambiaria. Y la llamo así y no devaluación porque, en promedio, ya se está pagando 35 bolívares por dólar. El promedio ponderado de las divisas que se adquieren a 6,30, Sicad I y Sicad II y el paralelo te da un tipo de cambio de 35 bolívares por dólar. Pero, a pesar de que la población lo está pagando, el Estado no lo está cobrando.

Desde su punto de vista, aunque el Gobierno vende dólares a 6,30 bolívares buena parte de los precios están alineados con un dólar que, en promedio, está en 35 bolívares por dólar. Pero el temor del Gobierno es que si mueve el tipo de cambio de 6,30 bolívares tendría que permitir aumentos de precios regulados, principalmente en alimentos y medicinas. ¿No es así?

Es un temor razonable, comprensible y basado sobre la realidad: habría que ajustar los precios de productos regulados. Sin embargo, producto de una sinceración cambiaria el Gobierno recibiría más ingresos que podría direccionar hacia programas sociales de transferencia directa para compensar el efecto en los sectores más vulnerables.

Además, el precio regulado en muchos casos se sabe que es irreal. El precio de la harina de maíz, por ejemplo, está ahora en 25 bolívares, pero los buhoneros la venden a 70 bolívares y no está en los anaqueles de los supermercados y abastos. Hay estudios que muestran que el venezolano está invirtiendo entre 6 y 8 horas a la semana buscando productos: eso equivale a un día de trabajo. Si después de gastar un día de trabajo, que es un quinto de tu ingreso, conseguiste el producto barato, ¿a cuánto realmente te salió? ¿Cuál es el precio de una medicina que no consigues?

Los operativos militares y las reformas de leyes indican que el Gobierno cree que puede hacer que los productos aparezcan en los anaqueles al precio controlado empleando la fuerza.

Estoy de acuerdo con que esa es la visión del Gobierno o lo que dicen sus políticas. Esa visión está basada en un diagnóstico que tiene muchos problemas. Cuando alguien recibe un dólar a 6,30 bolívares puede importar un bien y obtener una ganancia máxima de 30%, pero también tiene el incentivo de venderlo en el mercado paralelo y obtener un beneficio de 2000%. La diferencia es tan poderosa que no creo que ningún Estado en el mundo pueda hacer que ese tipo de restricciones se cumpla. Otro aspecto es que, al mismo tiempo de que infructuosamente se emplean recursos y esfuerzos para que se cumplan las restricciones, se está destruyendo el sistema de precios que es fundamental para que una economía funcione. Ésta es la base del proceso de escasez.

Según indica en sus últimos informes, el Gobierno incurrió en un error de política al subestimar el impacto inflacionario de financiar el déficit con dinero que imprime el Banco Central de Venezuela y sobreestimar su capacidad para hacer que se cumplan los controles. ¿Observa algún cambio en este sentido durante esta visita en la que se ha reunido con altos funcionarios?

Hay una comprensión desde hace buen tiempo en el equipo económico dirigido por Ramírez y ahora por Rodolfo Marco Torres de que hay un desequilibrio cambiario que debe corregirse. Y hay una comprensión que tal vez no la había hace un par de años sobre los efectos inflacionarios de la monetización del déficit.

Pero a la vez todo indica que la corrección de ese desequilibrio se pretende hacer con un gradualismo que no es posible.

La visión del Gobierno es tan gradualista que puede terminar sin hacer nada. Cuando tienes una inflación alrededor de 5% mensual con indicios de estar acelerándose tendrías que dejar que el tipo de cambio se deprecie 5% mensual para estar en el mismo lugar. Si ahora se lleva el tipo de cambio de 6,30 bolívares a 12 bolívares quedaríamos en el mismo lugar que en febrero de 2013. Puedes ser gradual pero la velocidad mínima es la inflación.

El otro inconveniente es que hay desconfianza en los mercados sobre las políticas económicas venezolanas. Entonces, gradualismo mezclado con falta de transparencia y falta de confianza quiere decir que los mercados van a creer que no estás haciendo nada. Y seguirás pagando un altísimo costo por obtener financiamiento internacional.

Usted ha mencionado que la corrección cambiaria se traduciría en un ajuste expansivo. ¿Puede explicar cómo?

Lo primero es precisar que el recorte en las importaciones que ha hecho Nicolás Maduro, al comparar 2014 con 2012, es de 36%. Se trata de un ajuste que está entre los más severos que se han hecho en el mundo en los últimos diez años, similar al de Grecia y el cuarto en magnitud en la historia de Venezuela. Incluso, esta caída de 36% puede ser mayor porque las importaciones están infladas por la sobrefacturación.

Hay una sobrecontracción de las importaciones porque una porción de los dólares que entregas para compras en el exterior en realidad no se emplean para esto. Entonces, la unificación del tipo de cambio en el nivel de equilibrio acabaría con el mercado negro y el incentivo a la fuga de capitales y el contrabando de extracción.

¿Habría cómo satisfacer toda la demanda de divisas a 35 bolívares por dólar, cuando hay personas pagando 127 bolívares por un dólar?

Hay quienes pagan eso y otros que pagan 6,30 bolívares. Cuando el Gobierno vende un dólar a 6,30 está dejando de retirar 29 bolívares de la masa monetaria que se quedan en la economía y van al mercado negro. Cuando retiras esos bolívares, esa economía se queda sin bolívares para ofrecer un nivel tan alto en el mercado negro.

¿Entonces si se lleva el tipo de cambio al nivel de equilibrio habría un ajuste expansivo?

Sí, porque en este momento las distorsiones están causando pérdidas de eficiencia muy  grandes. Y si se corrigen habría un incremento de la cantidad de bienes importados, de insumos para producir y de la oferta de trabajo, porque hay que invertir menos tiempo en la búsqueda de productos. Estos factores llevarían a una expansión de la economía.

Hay casos de economías distorsionadas donde esto ha ocurrido. En Polonia, Jeffrey Sachs detectó que el peso de las distorsiones era tan grande que la disponibilidad de bienes se había reducido más de lo necesario. Por eso cuando se aplicó la liberación de precios y la liberación cambiaria los productos aparecieron de una forma casi milagrosa. Algo muy similar ocurrió con el Plan Cardozo, en Brasil.

¿Cuál es su escenario para 2015? ¿Será una continuación de 2014? Es decir: ¿alta inflación y recesión?

Mi pronóstico visualiza un ajuste cambiario fuerte en el segundo trimestre de 2015 y un ajuste pequeño antes. Creo que ese ajuste va a ser expansivo, pero al retrasarse por dos trimestres más y hacerse de una manera desordenada y manteniendo las distorsiones del cambio dual el efecto expansivo, no va a ser fuerte.

Mi escenario central es que antes de final de año la tasa del CENCOEX de 6,30 y el Sicad I se unifican en una tasa de 13 bolívares por dólar. A  finales del segundo trimestre esta tasa se llevaría a 30 bolívares por dólar y el Sicad II a 75 bolívares por dólar. La economía crecería en el cuarto trimestre de 2015, pero a una tasa baja.

¿La caída del petróleo puede acelerar el ajuste cambiario que prevé para 2015?

Sí. La caída de los precios del petróleo usualmente en Venezuela es el detonante que lleva a la toma de decisiones económicas. La sensatez en los PetroEstados está inversamente relacionada con los precios del petróleo.

¿Tiene el Gobierno la capacidad de hacer un ajuste verdaderamente expansivo y obtener los beneficios de una unificación cambiaria y el levantamiento del control de cambio?

La pregunta que me haría es si tiene capital político para no hacerlo. Porque no hacerlo es más costoso que hacerlo. Por eso la única forma en que se puede explicar que no lo haga es la continuación del error de política. Hay dos tipos de reacciones en los errores: una es la sensatez y la otra es la terquedad.

¿Y Maduro es sensato o terco?

Llevo más de diez años que no hablo con el Presidente. La impresión que tuve cuando interactué con él y la primera dama, en la Asamblea Nacional, es que eran políticos avezados, sensatos y ponderados. En este momento no tengo suficiente información como para hacer un diagnóstico de su personalidad, sólo que como venezolano quiero creer que es una persona sensata que va a corregir los errores de política.

Fuente: http://prodavinci.com/2014/11/22/economia-y-negocios/francisco-rodriguez-la-verdadera-reforma-fiscal-seria-una-sinceracion-cambiaria-por-victor-salmeron/

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