Guayana 2072 (A Damián Prat)

Todo aquel que desee lo mejor para Venezuela debe coincidir en el hecho incontrovertible de seguir el sendero de aportes positivos y democráticos para la construcción colectiva de un país vivible, progresista, inclusivo y en esencia respetuoso de la justicia. No creo, que más allá de las formas, existan discrepancia con este aserto.

En un Foro reciente, un afamado moderador nos invitó a los presentes a soñar con una Guayana 60 años en el futuro. Un ejercicio por demás interesante y no poco complejo. Expondré, en las próximas líneas, y naturalmente a título personal, como imagino a esta región dentro de seis décadas.

Como principal basamento de mi ejercicio tengo que decir, que la imagino con su hábitat natural intacto, nuestro río padre sin contaminación alguna y nuestros parques y reservas libres de elementos amenazantes a su integridad. Esta es condición sine qua non, sin la cual nada más vale la pena.

En segundo término, imagino sucesivos Gobiernos centrales que hayan brindado seguridad jurídica, medidas fiscales y financieras para un real estímulo a las inversiones y de creación de riqueza, en el entendido de que debe estar este esquema enmarcado dentro de una condición solidaria y de justiprecio para el trabajador, que ya no vivirá en barracas ni ranchos, muy por el contrario habitará viviendas adecuadas y confortables.

Vislumbro gobiernos regionales aportando esfuerzos fiscales y de terrenos-galpones para el asentamiento de miles de pequeñas y medianas industrias. También atisbo una CVG tutelando con eficiencia a las empresas básicas y en armoniosa relación con el empresariado privado que busque denodadamente el progreso, para impulsar nuevas aplicaciones y organizaciones (“clusters” robustos, con alta capacidad para surtir mercado doméstico y conquistar mercados de exportación, generando divisas a la zona) que disminuyan a cero el número de buhoneros de nuestras calles.

Imagino a las Universidades avocadas de llenos al doble objetivo de asistir tecnológicamente a los proyectos y a vincularse muy de cerca con las comunidades (con acometidas comunes, conversatorios, interacciones constantes y productivas etc.).

No sale de mi cuadro de visualización, el papel que en todo esto debe jugar el sector de jóvenes emprendedores, que necesitan apoyo para cristalizar iniciativas empresariales, manejables a través del sistema de “incubadoras”.

Me imagino miles y miles de patentes que registre el país, producto del cambio en los patrones de la educación, en el sentido de estimular la creatividad y no el caletre más primitivo. Patentes que serán en este trecho, la partida de nacimiento de nuevas empresas y de apoyo al crecimiento nacional y regional.

Capítulo aparte en mi soñar lo tiene el sector sindical, que si bien (y muy legítimamente) tiene que exigir beneficios dignos, decentes para sus agremiados; entenderá que debe comprometerse, más aún involucrarse en la consecución de altos niveles de productividad, llave que abre las puertas de beneficios colectivos y sustentables en el tiempo.

No dejo de vislumbrar en este hermoso cuadro de la Guayana de 2072, un sólido desarrollo agroindustrial y turístico con respeto al ambiente, amén de un crecimiento sostenido en el PIB formal y el PIB social de esta zona bendita por el Altísimo.

Esta visión de la Guayana futura no estaría terminada, sino se incluyese a la sociedad como un todo, encontrándose en el crisol de la cotidianidad, con múltiples espacios culturales y recreativos para compartir. Una región que adquiera personalidad y valores colectivos, que dejó atrás la imagen de campamento de paso y de ciudad-trabajo.

¡Sueño con que esta región la construyamos entre todos!

¿Es mucho pedir para la futura Guayana? ¿Qué sueña Ud. para esa Guayana que debemos edificar desde ya?

Comparto con Ud. los conceptos del Dr. Enrique Tejera Paris, uno de aquellos que soñó con una Guayana pujante:

«Hay que preparar el futuro, se dice desde milenios. El día de hoy o tan pronto como se pueda. Venezuela tiene que repensar, con el pasado, su progreso, su salud, su civilización. No nos agotemos en desesperarnos, en desestimarnos. Más bien pensemos que somos transitorios. Como esos predicadores, hay que recordar: El cambio llega. E, insistimos, ya están vivos los que estarán (en el futuro). Que puedan bendecirnos, que no nos desprecien por haber sido incapaces. Que puedan agradecer lo que hoy nos preparemos a construir para todos ellos».

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