Hacia la muerte de la bombilla

Según se informa la existencia de tecnologías que emplean mucha menos energía y presentan mayor vida útil han acabado aparcando este artículo, uno de los componentes eléctricos más accesibles y presentes de los tiempos modernos.

Si bien estas tecnologías resultan más caras, «el gasto extra se amortiza en alrededor de un año con la factura de la luz», señaló Ricardo Valverde, director adjunto del Centro de Asesoramiento Industrial de la Universidad Estatal de San Francisco (SFSU). La mayor parte de las empresas están conscientes de las ventajas de este cambio, pero no así los ciudadanos, apuntó el experto.

La «Alianza para Ahorrar Energía», liderada por Philips e integrada por organizaciones como Californians Against Waste, Natural Resources Defense Council o Earth Day Network, entre otras, busca cambiar la actual situación y hacer que las bombillas pasen a la historia de aquí a una década. Ahí están como sustitutos las lámparas fluorescentes CFL, las lámparas halógenas, las lámparas LED y otras tecnologías.

Las ventajas serían enormes, tal y como lo aseguran, puesto que las bombillas tradicionales usan el 10% de la electricidad para dar luz, mientras que el 90% restante se pierde en forma de calor. Además, otras tecnologías, como la de las fluorescentes, permiten una mayor vida del producto.

No obstante, la principal traba es que, aunque utilizando las alternativas modernas supone un ahorro de dinero a la larga, estas lámparas son más caras. Otro problema es que las fluorescentes contienen mercurio, un contaminante muy nocivo para la salud, y no hay apenas programas para su reciclado.

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