¿Hacia una Geopolítica Inter Pares? (Parte 1 de 2)

Las últimas elecciones democráticas del último quinquenio han estado marcadas por acusaciones inequívocas de fraude electoral (Irán y Afganistán), aislamiento internacional de los gobiernos democráticamente elegidos (Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Franja de Gaza); pseudo-elecciones para intentar edulcorar “golpes de mano blandos” (Honduras) y aceptación por la comunidad internacional de sistemas políticos devenidos en meros gobiernos autocráticos (Bielorrusia, Georgia y Rusia).

De todo ello, se deduce que estaríamos en vísperas de la irrupción en el escenario geopolítico de la nueva ola desestabilizadora mundial, (cuyos primeros bocetos ya están perfilados y que terminarán de dibujarse en la próxima década), originada por el ocaso de la economía global; la pérdida de credibilidad democrática de incontables gobiernos de países del Tercer Mundo; el declive de EE.UU. como primera potencia mundial y la irrupción de nuevos actores en el marco geopolítico mundial (China, Rusia, India y Brasil) y que tendrían a Honduras, Paraguay, Afganistán, Turquía y Paquistán como paradigmas de los llamados “golpes virtuales o postmodernos“ que protagonizarán la próxima década en el nuevo escenario geopolítico mundial.

Como conclusión, podemos decir que Estados Unidos ya no sería el gendarme del mundo y buscaría compartir las decisiones con sus tradicionales aliados, pues verá pues verá disputada su hegemonía en áreas puntuales como el espacio, el ciberespacio o la información y es evidente la necesidad de articular y reforzar los acuerdos de seguridad cooperativos, con objeto de compartir los costes y responsabilidades con socios y aliados que entraña el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. Sin embargo, dicha teoría habría quedado ya obsoleta, pues EE.UU. se verá obligado a contar con dos actores fundamentales en el nuevo status quo que surgirá, tras la actual crisis económica global: Rusia y China, por lo que asistiríamos a la entronización de la «Geopolítica Inter Pares», basada en la troika EE.UU.-Rusia-China y quedando la UE, India y Brasil como convidados.

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Establecimiento de la política de “coexistencia pacífica” con Rusia:El El El presidente estadounidense, Barack Obama, habría aparcado el proyecto del Escudo de Misiles Antibalísticos (NDM), sustituyéndolo por «un nuevo sistema de defensa antimisil móvil»; pero, tras esta espectacular declaración, se escondería una jugada maquiavélica, que intentaría convertir a Rusia en colaborador necesario en la salvaguarda de la paz y estabilidad mundiales, pero la prueba de fuego será la Renovación del Tratado Start I (Tratado de Reducción de Armas Ofensivas), que expiró en diciembre del 2009 y que podría concluir con la firma de un nuevo y necesario tratado de Misiles Antibalísticos (MAB) que provocaría la sustitución del Unilateralismo de Bush por la del Bilateralismo EE.UU.-Rusia.

Pérdida del protagonismo internacional de la UE: Europa atraviesa un período muy convulso, pues la crisis financiera está poniendo todavía más difícil el proceso de construcción europea (imprescindible para que pueda competir como potencia mundial) y el colapso económico que se está haciendo visible en Grecia, Italia, España, Islandia, previsiblemente acabará generando tendencias proteccionistas muy serias. Todo ello se podría agravar, a partir del 2012, caso de lograr Sarkozy ser reelegido Presidente de Francia y de superar su evidente falta de empatía con Angela Merkel, podríamos asistir en el horizonte del 2014 al inicio de la desmembración de la actual Unión Europea y su sustitución por una constelación de países satélites dentro de la órbita de la alianza franco-alemana (la llamada Europa de los Doce).

Ello podría conllevar a un notable distanciamiento en política exterior con EE.UU., pues tras la constitución en Israel de un Gobierno poco proclive a las tesis palestinas, no sería descartable que a medio plazo la UE se viera obligada a revisar los acuerdos económicos preferenciales con el Estado de Israel, siendo previsible, asimismo, una tardía reafirmación de la soberanía francesa, que se plasmaría en la salida de las tropas francesas de Afganistán antes de las Presidenciales del 2012 y en la posterior salida de las estructuras militares de la NATO. (emulando a De Gaulle) y un acercamiento a Rusia.

Apertura del proceso de Paz palestino-israelí: Tras los escasos avances conseguidos, tras un año de conversaciones a tres bandas, la situación se habría agravado con la constitución por el primer ministro Benjamin Netanyahu de un Gobierno de Coalición, poco proclive a las tesis palestinas y partidario de continuar la política de expansión de asentamientos judíos.

Así, cuando se suscribieron los Acuerdos de Oslo, 100.000 colonos poblaban Cisjordania y en la actualidad serian 300.000, aunado con la prevista culminación del Muro de Cisjordania que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania, incluida Jerusalén Este, (donde unas 60.000 casas palestinas podrían ser demolidas, al carecer de permisos oficiales y habría unos 200.000 colonos más que en 1993) a pesar de la “extenuante presión norteamericana“ para finiquitar los mismos, lo que previsiblemente conllevará un enfriamiento de las relaciones de Obama con el estado de Israel.

Con estas premisas y bajo la presión de Rusia, Obama se vería así obligado a participar personalmente en el proceso de negociación, con el objetivo de establecer las bases para la creación del futuro Estado Palestino (previo reconocimiento del Estado de Israel por parte de Palestina) y que podría concluir con la firma de un Tratado de Paz, entre el nuevo Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu y el nuevo Presidente de la Autoridad Palestina (que sería el representante del nuevo Gobierno de Unidad que surgiría, tras la inevitable aproximación de Hamas y Al Fatah).

Dicho Acuerdo contaría con las bendiciones políticas de Egipto, Rusia, Siria e Irán y como colaboradores económicos necesarios en la reconstrucción de Gaza, a Arabia Saudí, EE.UU., UE, Japón y Emiratos Árabes (con un costo aproximado de 2.000 millones de US$) y debería ser global y vinculante para todos los países del área geopolítica de Oriente Próximo y lograr la instauración de un nuevo «status quo» en la zona, una vez resuelto el contencioso nuclear de EE.UU. con Irán y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Esta operación contará con la inicial oposición del influyente lobby judío de EE.UU., pero que terminará aceptando, al recibir Israel como contrapartida, las bendiciones de EE.UU. a la culminación del Muro de Cisjordania (que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania y Jerusalén Este) y el incremento de la ayuda económica cifrada, durante la Administración Bush, en unos 3.000 millones de dólares de ayuda, (monto que representa casi el 2% del PIB de Israel; pero la paz será inestable y su duración dependerá de las negociaciones de Israel con Siria para la devolución de los Altos del Golán y de la futura actitud de Hisbolad y Hamas, pues si ambas formaciones persisten en sus ataques a territorio israelí, violando la “sacrosanta seguridad» exigida por la población judía, podría incrementarse la tensión en la zona y reeditarse la «”Operación Plomo Fundido”.

Nacimiento del G-2 virtual tras la superación de los contenciosos EE.UU.- China: Tras los desencuentros con China a raíz de la petición norteamericana de la depreciación del yuan, la ciberguerra plasmada en el cierre de Google.cn, la boutade de Obama de la venta de armas a Taiwan y sus coqueteos mediáticos en la intimidad con el Dalai Lama, se estaría en puertas de conseguir el verdadero objetivo de la Casa Blanca: Pacto con China para sancionar a Irán.
Irán ha adquirido una dimensión de potencia regional, gracias a la política errática de Estados Unidos en Iraq, (fruto de la miopía política de la Administración Bush obsesionada con el Eje del Mal), al eliminar a sus rivales ideológicos, los radicales talibanes suníes y a Sadam Husein, con el subisiguiente vacío de poder en la zona. y ha reafirmado su derecho inalienable a la nuclearización; pero, tras las presiones diplomáticas del sexteto de mediadores internacionales (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, Alemania y China), «podría alcanzarse un acuerdo para que Teherán enriquezca su uranio hasta el 20% en Rusia, antes de que el Estado francés lo transforme en combustible para el reactor iraní, siempre bajo control de la OIEA».

Dicho acuerdo, permitiría un mejor control del stock de uranio enriquecido de Irán, (fuente de inquietud entre los occidentales e Israel, que temen que Teherán lo pueda emplear para fabricar armas atómicas, acusaciones que Irán ha desmentido siempre categóricamente) y lograría la resolución del contencioso nuclear de EE.UU. con Irán y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, tras lograr que se reconozca su lugar en el concierto regional recuperando el papel de “gendarme del Golfo “, que los estadounidenses confiaron al Sha de Persia e incrementando la cooperación con EE.UU. relativa a la seguridad en Iraq y Afganistán.
Caso de superarse los contenciosos actuales, asistiríamos al reforzamiento de un G-2 (EE.UU.- China) virtual o informal, siguiendo las doctrinas de Kissinger y Brzezinski. Así, en un artículo publicado el 12 de enero por el New York Times, titulado La ocasión para un nuevo orden mundial, Kissinger considera ya a China una gran potencia (felow superpower), desaconseja el proteccionismo o tratar a China como enemigo (lo que llegaría a convertirla en verdadero enemigo) y pide que se eleven a un nuevo nivel las relaciones entre Estados Unidos y China, sobre la base del concepto de destino común, siguiendo el modelo de la relación trasatlántica tras la segunda guerra mundial.

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