¿Hasta cuándo nos lo vamos a calar?

Agustín Blanco Muñoz – Está muy claro que no tenemos país. Nos fue arrebatado finalmente por la presente tiranía revolucionaria, que dice estar en transición hacia el internacionalismo y la correspondiente “dictadura del proletariado”, que caracteriza al llamado socialismo.

Por ello, a los venezolanos se nos redujo a la condición de población que, según el censo permanente, se acerca a los 30 millones.

Pero tenemos aún dos tipos de pobladores: los poseedores de residencia, con dirección y servicios permanentes y quienes deambulan, aquellos que no saben dónde amanecerán y que carecen de albergue y servicios.

Por esto hay quienes viven o creen vivir y quienes simplemente subsisten, en medio de los sacrificios que reclama la supuesta revolución.

Y ya se puede afirmar que ni siquiera la riqueza puede gozar de una vida espiritual de paz y tranquilidad, si no es afecta al proceso-PSUV.

El ambiente de pugnacidad, encono, reclamo y acusación se acrecienta cada vez más. A los males de la tan nombrada Cuarta República se les adiciona la carga de inseguridad-angustia-temor-miedo-chantaje que caracteriza a las consabidas revoluciones que, indefectiblemente, se identifican con la tiranía.

Desde lo jurídico-institucional hasta lo personal, prevalece aquí una incertidumbre, que no pueden atemperar siquiera las políticas del oficialismo, destinadas a invertir en la fábrica de y para el engaño-fraude-compraventa de conciencias.

La fuerza tiránico-socialista del siglo que sea, con cobertura democrático-formal, avanza así a paso de destructores.

Y esto se aprecia en la pérdida progresiva y alarmante de las instituciones, para dar más vigencia y fortaleza a la ‘Revolución del Tirano’, cuyas ejecutorias han hecho posible que este ex país devenga en parte de Venecuba, la nueva realidad geopolítica controlada por Fidel Castro y su G2.

En esta instancia, en la que no hay vigencia de Constitución y leyes, todo lo resuelve la Tiranía sobre la base de su inclinación y entender socialista venecubano.

Y esto es algo, además, que se hace en forma pública. En cadena nacional, y en palmaria negación de todas las instituciones; aprueba cualquier trámite administrativo para que se sepa que aquí se hace lo que a él le da la gana.

De modo que “el país perfectible” de Luís Herrera Campins, al menos como posibilidad, se fue al abismo, según la expresión de CAP, a partir del momento en que se le defenestra.

Las propias instituciones supuestamente democráticas que contribuye a crear, lo revientan y se vuelven contra sus propias estructuras. Y el país, que ya venía herido, se termina de desmoronar.

Por eso cada vez más adquirimos con mayor fuerza la condición y calidad de simples habitantes de una ex-república. No somos nada más.

¿Revertiremos esta situación copada por la acción tiránica en el corto plazo, por ejemplo, en las Elecciones Presidenciales de diciembre del 2012?

Si mantenemos que estamos frente a una tiranía de corte totalitario y de permanente disfraz democrático, permitido por negociantes y cómplices, no podemos aceptar que el usurpador será derrotado en el propio seno de uno de los poderes que mejor controla: el electoral.

Hemos sostenido y sostenemos aún a la fecha, que este régimen tiene asegurado su triunfo, vía fraude-trampa, en las elecciones de Dic /12 y que es en ese momento cuando comenzará un período mucho más difícil para Venecuba.

La protesta contra el fraude-trampa puede extenderse a actores de las oposiciones que saldrán a ejercer su oficio de negociantes o cómplices. Y la única manera de parar los reclamos, será con la aplicación de la violencia.

El régimen no vacilará en “defender su revolución pacífica” con las armas de todo tipo, a sabiendas de que cuenta con un ‘poder popular’ cada vez menos dispuesto a dar la vida por esa causa.

Y esto se agrava en el escenario de un oficialismo, que ya no dispondrá de los recursos que le permitan seguir comprando votos y conciencias.

En este sentido, la metralla no podrá con la fuerza social en acción, ni siquiera contando con el apoyo de negociantes y cómplices de las supuestas trincheras democráticas, que en la práctica han sido más bien muros de contención de la protesta popular.

El camino de la lucha y la depuración es largo. Pero las posibilidades del rescate y reconstrucción de Venezuela crecerán con la participación de las mayorías hoy convertidas en simple población.

Nuestra perspectiva, a diferencia de oficialistas y cómplices, no tiene ambivalencias, acomodos, acuerdos ni conciliaciones.

Vamos hacia un sólo punto: detener la destrucción que nos convirtió en este terrible, triste y miedoso ex país inserto hoy en la miseria que es Venecuba.

Pero esto tendrá que hacerse, a partir de la acción de la fuerza social democrática no electoralista ni tramposa, que cada día tiene menos disposición para seguirse calando esta tiranía revolucionaria!

Twitter: @ablancomunoz

(Este artículo fue publicado en el diario El Universal, el 18 de marzo del 2011.)

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