El número de inscritos en las universidades crece, la calidad pasa a segundo lugar ante  la lealtad política y el presupuesto oficial por alumno decrece, pues debe distribuirse entre más alumnos e instituciones, con lo cual se precipita el empobrecimiento  de la universidad- L. Ugalde. S.j.

El presente escrito tiene como propósito exponer las ideas y conceptos más significativos por los cuales se deben defender todas las universidades democráticas, autónomas y pluralistas venezolanas. Un mero esquema general de la evolución y situación actual de las universidades nacionales, desde la fundación de la Real y Pontificia Universidad de Santiago de León de Caracas en 1721, hasta la conformación del actual sub-sistema de educación superior venezolano, que para este año está integrado por aproximadamente un centenar de instituciones de nivel superior (universidades autónomas, experimentales, colegios universitarios, tecnológicos e instituciones privadas).

En este escrito general institucional se ha  concentrado el interés en la evolución del sistema universitario, abordada partir de la siguiente periodización: 1) Antecedentes (1696-1721); 2) Universidad colonial (1721-1827); 3) Universidad Republicana (1827-1936); 4) Etapa de transición democrática (1936-1958); 5) Surgimiento de la Universidad Nacional Experimental y organización del sub-sistema universitario contemporáneo a través de la Ley de Universidades de 1970 (1958-1970); 6) Expansión, crisis y reforma del sub-sistema universitario, en el contexto de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.



La universidad venezolana apenas tenía unos centenares de estudiantes concentrados en Caracas y Maracaibo cuando los futuros padres de la democracia venezolana, desde su condición de estudiantes universitarios, irrumpieron en la política nacional demostrándole al dictador Gómez que los festejos del carnaval podían debilitarlo más que la carga a machete de unas montoneras tras su caudillo y que una reina de fiesta y un par de estudiantes “pico de plata” tenían más poder para sacudir las conciencias y cuestionar su poder.

En la universidad estaba el nuevo epicentro del futuro. Treinta años más tarde, en el amanecer del 23 de enero de 1958, la universidad será clave, aunque las seis instituciones de educación superior, incluido el Pedagógico, no alcanzaban a sumar 10 mil estudiantes. Hoy, medio siglo después, hay más de  2 millones 300 mil inscritos, aunque haya notables diferencias entre los inscritos y los estudiantes efectivos. El desarrollo socioeconómico ni la política venezolana son separables de la universidad. Pero el crecimiento numérico no debe llevar a la euforia, pues el mundo se ha transformado y hay que preguntarse sobre la calidad comparativa mundial de la universidad venezolana y su relación con esta sociedad y la transformación productiva de sus empresas.



En Venezuela el sonoro título de bachiller en 1940 traía un empleo privilegiado debajo del brazo, mientras que hoy casi 30% de los que tienen título superior viven en el desempleo o se han ido del país. En algunas sociedades europeas este desempleo afecta casi al 50% de los egresados.

Hoy, día en Venezuela, el título universitario no es sinónimo de profesionalidad, competencia y ética, pero hay logros cuya importancia no se deben minimizar: en las dos décadas, que van de 1958 a 1978 la universidad venezolana y los institutos de educación superior se diversificaron, tanto en su ubicación geográfica como en la variedad de instituciones, autónomas y experimentales, de financiamiento privado y oficial, de carreras largas y corta.

La diversificación geográfica llevó la universidad incluso al oriente y sur del país y de la concentración en las cuatro o cinco grandes ciudades se pasó a decenas de centros urbanos de regular magnitud. En esas dos primeras décadas la universidad venezolana fue una de las principales vías de ascenso social y nutrió las bases para el cambio.

La universidad, sobre todo la financiada íntegramente por el presupuesto público, hizo posible que numerosas familias celebraran por primera vez la graduación universitaria de un hijo o hija -uno de los grandes logros de la democracia-. Al mismo tiempo, se abrieron puertas amplias para realizar estudios de postgrado en el extranjero financiados por el estado venezolano (CAP. Fundación Ayacucho).

A pesar del enfrentamiento político con epicentro en la universidad, incluida la lucha armada para derrocar al sistema democrático y sustituirlo por un modelo estatista de ideología única al modo cubano, se mantuvo la autonomía universitaria, a tal grado que la izquierda marxista que aspiraba a derrocar al gobierno tuvo predominio en las elecciones de representantes y autoridades con verdadero acceso a los cargos y puestos de poder universitario. En muchos sentidos las autoridades universitarias se mantuvieron enfrentadas a los gobiernos que financiaban la universidad.

De 1958 a 1978 el ascenso social a través de la universidad lo nutrió. En general se redujo aceleradamente la sociedad rural venezolana y va surgiendo una clase media profesional urbana que de manera exitosa es empleada por el Estado y por las nuevas empresas que nacen con la política de sustitución de importaciones en la industria, en la construcción, la infraestructura y los servicios, públicos y privados.

Se abrían amplias oportunidades de empleo para los profesionales venezolanos e incluso para los venidos de fuera. Con los años, la universidad financiada por el estado va cambiando insensible y peligrosamente su relación con la sociedad.

A medida que se va ampliando la prosecución escolar y crecen los liceos públicos y privados, va surgiendo una generación de profesionales universitarios que inscriben  a sus hijos e hijas en colegios privados buscando calidad. En las décadas anteriores se consideraba que los liceos eran de mejor calidad que los colegios privados, pero esto va cambiando y los profesionales que pueden envían a sus hijos a colegios privados, mientras que los liceos van quedando para sectores de menores recursos. De ahí se deriva el hecho de que en el examen de ingreso a la universidad y la consiguiente asignación de cupos cada vez más prevalecen quienes provienen de colegios privados, aunque estos representen menos de la cuarta parte de la educación secundaria.

Para un régimen que se considera revolucionario, con ideología marxista y defensor de modelos políticos estatistas al estilo soviético y cubano, es inaceptable la universidad autónoma-democrática- pluralista existente en Venezuela al comienzo del siglo XXI, porque el régimen quiere control ideológico y una universidad plenamente alineada con el gobierno revolucionario. Hay tres puntos de asedio para cercar y apoderarse de la universidad autónoma: el sistema de admisión, el sistema de escogencia de autoridades y representantes, y el cerco financiero para empobrecerla.

Hay que defender a como dé lugar la autonomía y democracia universitaria que incluso está reconocida rotundamente en la actual Constitución (art. 109). Es un principio basado en la naturaleza misma de la universidad y del quehacer intelectual con libertad de pensamiento, cátedra e investigación y la autonomía administrativa correspondiente. En una sociedad democrática el pluralismo de pensamiento es inseparable de la autonomía universitaria y un principio válido para todas las universidades, autónomas, experimentales o privadas. Todas ellas forman un sub-sistema universitario único que es público con iniciativas y formas de gestión diversas, consagradas en sus respectivos estatutos oficialmente reconocidos.

¡VIVA LA “U”!

Nota: algunas de las ideas y conceptos expresados en este espacio  fueron transcritos y adaptados por el equipo humano de Gerencia en Acción. Basado en el escrito “Universidad y Democracia en Venezuela” de Luis Ugalde, s.j. Director del Centro de Reflexión y Participación Educativa (Cerpe).