«Hoy por hoy, ningún ciudadano puede vivir de espaldas a la ciencia»

Ni fórmulas, ni leyes, ni números, ni inteligencias privilegiadas… La ciencia precisa, por encima de todo, curiosidad. Ramón Nuñez, director del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de A Coruña, lo lleva pregonando décadas. Asegura que los miedos y sudores fríos que generan en muchos la física, la química o las matemáticas son infundados. El primer apellido que acompaña a la ciencia no es «difícil», sino «divertida». Y el segundo, «imprescindible». «Hoy por hoy, no se puede vivir de espaldas a la ciencia», alerta.

Es evidente que hay cosas en la Ciencia que son más conceptuales, más abstractas y en general más duras que otras. El problema de la enseñanza de las ciencias a mediados del s. XX era que la química en muchos casos se reducía a estudiar la formulación química, la física se reducía a estudiar a aprenderse fórmulas para aplicar leyes con el fin de resolver problemas teóricos. O sea, las matemáticas se reducían muchas veces a saberse de memoria una serie de demostraciones de teoremas que resultaban muy arduos.

Sí, eso es imprescindible porque nos descubrirá facetas de la Ciencia más divertidas, que permiten participar más a la persona. vincular la Ccencia a la vida cotidiana, no sólo hace que las cosas sean más fáciles, sino más atractivas y más útiles para los ciudadanos.

Hace falta actitud. Nacemos con curiosidad, que es el primer ingrediente que necesita la Ciencia. Lo importante es no cesar de preguntarse cosas, ese es el auténtico germen de la Ciencia y en general de toda la sabiduría. Lo que tenemos que garantizar es que la escuela no castre esa actitud y que esa curiosidad y afán de preguntar del niño lo siga conservando toda la vida y que la escuela se lo potencie proporcionando la satisfacción de andar los caminos que conducen a la búsqueda de respuestas.
Hay un punto de partida muy importante, ligado a la definición de educación científica curricular. Cuando le preguntan, qué espera de la enseñanza de las ciencias a los adolescentes, el profesorado te puede contar anécdotas: que sepan el Principio de Arquímedes, que sepan la fórmula del agua, que sepan qué leyes propuso Newton… La respuesta debería: tener un espíritu crítico, tener curiosidad, que sepan expresarse con gráficas, que sepan hacer interpolaciones, que sepan distinguir lo que es una observación de una interpretación…..ese tipo de habilidades y aptitudes propias de la Ciencia, son las que sirven para estructurar la cultura científica. Es mucho más importante aprender a clasificar que aprender clasificaciones.

Si la Ciencia estuviera más de moda, la consideraríamos como algo habitual. La literatura no da miedo, aunque hay obras de la Literatura que sí podrían dar miedo; hay personas que no se han podido leer el Ulises de Joyce. Ahora, esto no quiere decir que la literatura deba meterte miedo. Hay literatura más erudita y más difícil, más filosófica y más compleja, lo mismo podríamos decir de la música. Sin embargo a nadie se le ocurre decir que la música sea difícil o lejana a la gente. Con la Ciencia pasa igual.
Tenemos que poner la educación científica, en manos de personas a las que les guste la Ciencia, experimentar, vivirla, que salga del Mundial de fútbol de Sudáfrica y tenga ganas de llevar el balón a clase ,para ver cómo bota y cuánto pesa y cómo vuela, y compararlo con otras pelotas de ping pong, de golf. Que se pregunte por qué se hacen tantas pelotas diferentes, y por qué son distintas las de cesta punta y las de pala, cuántos botes da una pelota si se la deja caer desde una altura de un metro… Preguntas, curiosidad y experimentar. Pero preguntas de estas que no vienen en los libros.

La única Ciencia que existe es la que sale de los seres humanos, la Ciencia es un producto de la inteligencia humana, por lo tanto es una creación del hombre homo sapiens. De todas maneras, hay un grupo de personas, que muchas veces incluso se dicen intelectuales, que han olvidado por completo que la Ciencia es un componente imprescindible de la cultura, sobre todo de la cultura de nuestros días. Les reconocemos como intelectuales o personas de la cultura y los presentamos públicamente como modelos de la cultura cuando no lo son. En muchos casos, son analfabetos científicos. Es, precisamente, ese culto que se hace a los intelectuales, el que le puede permitir a muchos ciudadanos decir que de espaldas a la Ciencia, también se puede vivir. Y eso, hoy por hoy, es falso.

Lo fundamental es la educación científica desde los 3 años hasta los 13-14 años. Esta es la etapa que más hay que cuidar. Después hay otra serie de acciones válidas, como el aprendizaje a través de los museos, los centros de Ciencia, los planetarios, los acuarios, los jardines botánicos…esas instituciones que de facto sirven de punto de encuentro entre el gran público y la Ciencia.

La sociedad es cada vez más escéptica. A los horóscopos cada vez es les hace menos caso, y a las fantasías y a los curanderos… eso disminuye y eso es un síntoma de que la Ciencia progresa. Y la tecnología nos obliga a saber escoger una nueva impresora, un escáner, un teléfono móvil. Los jóvenes saben mucho y cómo les vamos a decir que no saben Ciencia. La gente sabe más Ciencia de lo que piensan los profesores de Ciencia, aunque no es lo que ellos les preguntan.

Desde 2007, año de la Ciencia, sirvió para poner en marcha en España unas cuantas cosas que van en la dirección adecuada. Se crearon nuevos programas para apoyar iniciativas de divulgación científica, la puesta en marcha del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. Si miramos el panorama español, el hecho de que en los últimos 25 años se hayan creado una veintena de museos, planetarios y centros de divulgación científica, vemos que es un indicador de la cultura científica del país.

Una persona tiene cultura científica, cuando se encuentra en equilibrio con su entorno, tanto natural como tecnológico. En lo natural, se trata de no hacer daño a tu entorno y que tu entorno, no te haga daño a ti. Respecto a tu entorno tecnológico, es saber usar las herramientas que tienes a tu alrededor y no sentirte amenazado por las máquinas, los nuevos descubrimientos, nuevos productos e integrarlos en el esquema de tu cabeza para entender el mundo. La cultura científica también implica que uno se haga preguntas sobre a dónde va y de dónde viene.

Fuente: Consumer Eroski

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