En el transcurso del mes de diciembre del año recién pasado, la Reserva Federal de los Estados Unidos decidió finalmente aumentar las tasas de interés – en 0.25 % – medida que había sido largamente esperada por el sistema financiero nacional e internacional. Con esta medida la tasa de interés a la cual la Reserva Federal – algo así como el Banco Central de la economía norteamericana – le presta fondos a los bancos comerciales dejará de estar cercana a cero, y se ubicará alrededor de los 0.50 %. 

Con eso, obviamente, todos los bancos del sistema bancario norteamericano  deberían elevaran las tasas de interés que cobran por los préstamos que realizan a los agentes económicos privados. No tiene sentido que los bancos tomen activos monetarios al 0.5 % para prestarlos posteriormente a sus clientes al 0.4 %. Los bancos deben trasladar esa alza a sus clientes, es decir, al conjunto de la economía norteamericana y mundial. Pero como la decisión de la Reserva Federal fue una medida que se esperaba y se anunciaba desde hace bastante tiempo los bancos ya habían adelantado los efectos de la misma, de modo que al momento de ser tomada la medida no afecta en forma brusca al mercado financiero mundial, pues los efectos se han ido haciendo presentes en forma molecular durante los varios meses previos. 

Los bancos ubicados en otros países -desarrollados o en desarrollo- son libres de aumentar o no sus tasas de interés. Es enteramente posible que ellos no se nutran de los fondos que les pueda prestar la Reserva Federal, y por lo tanto, no se deberían sentir afectados por la mayor tasa que preside esos préstamos. Pero los depositantes sí que son sensibles al incremento de las tasas en el mercado norteamericano. Si la tasa de interés es superior en Estados Unidos que en el resto del sistema financiero internacional, los capitales que circulan por el mundo en busca de las mejores opciones de inversión de corto o de largo plazo, fluirán hacia dicho país, provocando una salida de capitales desde otras economías.  Frente e esa situación, poco alentadora para la banca internacional, ésta se vera incentivada, o casi obligada, a subir también las tasas de  interés, para evitar la  salida de los capitales que hoy en día se depositan en sus arcas. Subirán, por lo tanto, las tasas de interés que imperan en gruesa parte del sistema financiero internacional. Y se revertirá la tendencia que imperó en muchos momentos de la década anterior, en la cual los capitales fluían desde los países centrales hacia los países de la periferia, incentivados a ello por las tasas de interés muy bajas, activas y pasivas, que se pagaban en el sistema bancario norteamericano.  En otras palabras, se viene un período en que las tasas de interés que imperen en el sistema financiero internacional serán más altas y el monto de los fondos que fluyan hacia los países de la periferia serán más escasos.

¿Cómo afecta todo esto a Venezuela? Venezuela está afectada por una tasa riesgo país tan alta, cercana al 28 %, que hace prácticamente imposible que coloque bonos soberanos en el mercado financiero internacional. Técnicamente la tasa debe subir, siguiendo la tasa de interés internacional,  pero igual no podrá colocar nuevos bonos. Su capacidad de endeudarse por la vía de la emisión de bonos soberanos es y seguirá siendo prácticamente nula. Pero en la medida en que Venezuela trate de negociar los bonos emitidos con anterioridad – o de emitir nuevos bonos para pagar los anteriores – entonces enfrentará  la vigencia de tasas de interés más elevadas, no tanto por efecto de las medidas de la Reserva Federal, sino por obra y gracia de sus elevadas tasas de riesgo país. Afortunadamente la tasa de interés que se paga por la deuda externa es hoy en día a tasas fijas, y no a tasas de interés variables, como lo fueron en décadas pasadas, lo cual hubiera tenido consecuencias catastróficas para la Venezuela del presente.

Los créditos comerciales tampoco están actualmente a la orden del día para los agentes económicos privados. Todos los interlocutores comerciales del país saben internacionalmente las dificultades que los importadores tienen para ´pagar el importe de sus compras, razón por la cual solo les venden cuando hay un pago muy seguro. Por lo tanto, las condiciones de acceso al mercado crediticio de carácter comercial no se verá afectado mayormente, pues está y seguirá estando a un nivel muy mínimo.

La inversión extranjera directa se encuentra también  niveles muy modestos. Esa inversión es probable que retroceda hasta niveles no solo cercanos a cero, sino negativos, pues las tasas de interés que esos capitales pueden obtener en el mercado internacional será mayor, lo cual hace no solo que no lleguen nuevos capitales, sino que salgan los que vinieron en épocas anteriores.

Si los dólares fluyen en mayor medida hacia la economía norteamericana -o hacia la banca internacional que siga las tasas de interés de la banca norteamericana – es dable pensar que en alguna medida eso incentivará la salida de capitales ´privados – de elevados o de modestos montos – hacia esos mercados bancarios internacionales, lo cual elevaría la demanda interna y los depósitos externos de dólares como forma de resguardo patrimonial. Eso se traduciría en devaluación más acelerada de la moneda nacional. En síntesis, – si no hay medidas activas y sensatas con las cuales enfrentar la crisis – con la política cambiaria y comercial actual Venezuela cosechará lo peor de todos los escenarios posibles.

sergio-arancibia.blogspot.com