La atmósfera psicológica en Venezuela

Un ¨efecto secundario¨ de los momentos críticos que vive Venezuela es el relativo a la creación de una atmósfera psicológica caracterizada por la cautela, el miedo, la incertidumbre, la desconfianza, el conservadurismo extremo, la falta de iniciativa, que a su vez, se traducen en: menos inversiones, despidos que sino legales si disfrazados, o en no incorporación de nuevo personal, etcétera, lo que por supuesto potencia aún más los efectos reales de la crisis que vivimos.

Por todos es percibido, que no pasan más de quince días sin que la prensa nos informe de las distintas inspecciones, clausuras y multas impuestas por organismos del estado (principalmente el Seniat , el Indepabis o algunas de las Superintendencias creadas como mecanismos de fiscalización del comportamiento), a empresas de todo tipo y en todo el territorio nacional.

Obviamente nadie puede estar de acuerdo con los incumplimientos legales, tributarios y acciones especulativas, es más, el que se preste para violar las normas debe ser fuertemente castigado y si su comportamiento es recurrente, más aún. Pero asimismo, llama la atención que, según comentarios de muchas víctimas, la aplicación de las medidas correctivas son ampliamente disfrutadas por los funcionarios que las ejecutan. ¿No sería más conveniente citar a los dueños, abrir una investigación, o cualquier otra medida que no afecte a tantas personas? Cuando cierran un establecimiento, sufren los clientes y los empleados, sobre todo aquellos que ganan por comisiones.

Ya lo contaba Andrés Oppenheimer en su libro «Cuentos Chinos»: mientras en Venezuela el gobierno cerraba 80 establecimientos de McDonalds por incumplimiento tributario, esa misma semana en China recibían la visita de las altas autoridades de la empresa, que acababan de anunciar la ampliación de 600 tiendas a 1000 en todo el territorio.

Para nadie es un secreto, que ese accionar del gobierno no es otro que el de tratar de controlar la inflación, de la cual ha estado intentando mecanismos como los señalados anteriormente, pero que en definitiva lo que han servido es para acrecentar la problemática. Los datos de la inflación (aumento generalizado en los precios pagados por el ciudadano por productos y servicios), preocupan a cualquier gobierno, sobre todo cuando presentan cifras elevadas en comparación con el resto de la región y del mundo.

Dado que el gobierno de turno ha hecho promesas concretas y predicciones en torno al nivel de inflación desde el 2007, es de esperarse que sea prioritario para éste, reducir este indicador económico. Algunas de las iniciativas en este sentido han sido y siguen siendo noticia: reconversión monetaria crear una nueva moneda, el Bolívar Fuerte, control de precios de diversos servicios y productos (incluyendo salud, alimentos y educación), y otras intervenciones y regulaciones en la economía.

Desafortunadamente, según los expertos en el tema, estas medidas no son las que realmente se necesitan para controlar la inflación. Por el contrario, la principal medida para lograrlo es el control del gasto público, que no pareciera estar en la agenda gubernamental de este año y; menos en el que se avecina, por cuestiones electorales. De manera que la realidad es que tendremos el año que viene cifras de dos dígitos en el indicador de inflación.

Para el actual Gobierno, la creencia de que la ganancia y la avaricia es la principal causa del aumento de los precios, está por encima de otros hechos, como la devaluación, la oferta insuficiente o la desconfianza que se siembra al perseguir al productor.

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