La congestión vehicular en el país se torna más dramática cada día

Por todos es conocido que el Metro de Caracas se ha tornado insuficiente y además, a decir de los especialistas, se ha descuidado su mantenimiento y las inversiones en reposición que son necesarias. Los Metros de las ciudades de Valencia y Maracaibo tienen no menos de dos años paralizados, por falta de presupuesto, y los sistemas de transporte públicos programados de Barquisimeto, Mérida y otras ciudades también presentan insuficiencias.

Del Sistema de Transporte Público de Autobuses y Minibuses ni se diga. La Sociedad de Transporte y Vialidad (Sotravial) ha venido señalando, que las unidades que transitan en Caracas tienen, en promedio, más de 15 años de antigüedad; y que las unidades autobuseras en el interior, son mucho más antiguas, debido a la costumbre de que las unidades desincorporadas en las capitales de las principales ciudades, son trasladas al interior del país. Es decir, todavía circulan autobuses con más de tres décadas, aún cuando la Ley de Tránsito Terrestre prohíbe, que con tanto tiempo de antigüedad, puedan seguir en la calle.

Estudios a nivel nacional revelan, que a pesar de que la mayoría de la población (80%) usa transporte público y el resto (20%) vehículos particulares, son pocas las unidades masivas que existen en las vías y que, en su lugar prevalece el automóvil, que en promedio moviliza por cada unidad, tan sólo entre 1,2 y 1,5 personas.

Lo peor de todo esto, es que no existe ni se visualiza un plan que aborde, de manera ordenada, el mejoramiento del Servicio de Transporte Público, especialmente el relativo a la dotación de un sistema de autobuses y minibuses en cantidades suficientes, que contribuyan al mejoramiento de la calidad de vida de los usuarios. De lo que se conoce, son algunas cifras de las importaciones del Gobierno.

En Venezuela, se estima como cifra conservadora, que el 60% de las avenidas y calles de las diferentes localidades del país están en mal estado. No ha habido una política de mantenimiento en los últimos años; muchas calles tienen fallas y aberturas que requieren de inversiones significativas para su rehabilitación. En general, se pudiese decir, que los organismos responsables de realizar los estudios han presentados diversas propuestas; sin embargo, la aplicación de las mismas se ha dificultado, porque las autoridades que comparten competencias, no trabajan en conjunto ni destinan los recursos que se requieren para abordar la situación referenciada.

Entre las mayores razones por lo que la gente prefiere el auto privado para moverse por la ciudad, es el ahorro de tiempo, la comodidad en los viajes y el bajo precio de la gasolina. Cansado de ir colgando o apretujado en un autobús urbano, de que lo asalten en el interior del mismo y de que lo irrespeten constantemente, su principal deseo es adquirir un vehículo propio para llegar más rápido a su destino y aprovechar mejor su tiempo; en otras palabras, alcanzar una mejor calidad de vida.

Si se dispusieran de canales exclusivos y preferenciales, paradas fijas cercanas al lugar de origen y de destino, buena accesibilidad peatonal hasta la parada, frecuencias seguidas y unidades suficientes, y si se consigue mejorar los tiempos de viaje, una gran masa de gente que usa auto privado, muy probablemente utilizaría el servicio de transporte colectivo, tal como sucede en muchos países del mundo.

En cambio, si para tratar de solucionar la congestión vehicular, se incentiva el uso del vehículo particular sobre el transporte colectivo, se explica el fenómeno de la demanda inducida, facilitar la circulación a los vehículos particulares, más autos saldrán al ruedo y en poco tiempo estas “soluciones” se tornarán obsoletas.

En otras palabras, lo que se ha tratado es dar soluciones a la congestión, mientras que la mejora del transporte colectivo y masivo, ha ido a pasos muy lentos. Al hacerlo, se sigue favoreciendo momentáneamente a la minoría que se mueve en auto privado (20-30%) y se sigue perjudicando la movilidad de la gran mayoría (70-80%).

En definitiva, se refleja una tendencia de crecimiento del uso del transporte privado y un decrecimiento del porcentaje de población que utiliza el transporte público. Si continúa esta tendencia y no se actúa para evitarla, estaríamos trabajando para impulsar un caos en nuestros sistemas de transporte público.

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