Una política de endeudamiento público bien diseñada constituye una poderosa herramienta pro-desarrollo. No es cierto que endeudarse es malo per se. La condición de país deudor externo neto –que debe más al resto del mundo que lo que este le debe a él-, no significa que la política económica instrumentada en esa nación ha sido un total fracaso; al contrario, más de las veces es la expresión concreta que resulta de la aplicación de una opción de política pública que ha tenido por norte el aprovechamiento de oportunidades económicas y, al no contar internamente con los recursos requeridos, se acude al mercado financiero internacional para obtenerlos.

Claro, en otras ocasiones, no es así. El país –el Estado más en específico- contrae cuantiosas deudas con agentes económicos foráneos para financiar inverosímiles actividades, las cuales, en lo absoluto responden a definidos objetivos insertos en un verdadero Plan de Desarrollo Nacional. Es nuestro caso, para desgracia, de esta y futuras generaciones.

En enero de 1999 la deuda pública externa montaba a $25.525 MM –BCV- y la interna a $3.124 MM a la tasa de cambio vigente para la época. Hoy día, la deuda pública externa monta a $147.500 MM –según fuentes privadas, en ausencia de información oficial-, lo cual significa que ha aumentado en ese lapso 477,86% ((147.500/25.525)-1*100). Y la deuda interna se cifra en decenas de billones de bolívares, dificultándose su cálculo por el proceso hiperinflacionario que padecemos que diluye el poder de compra del bolívar a diario, sin significar esto que no deja de representar un pesado fardo para todo el sistema de finanzas publicas

Discriminación de la deuda pública externa

La república y PDVSA adeudan $68.500 millones en bonos soberanos y corporativos, que obligan a destinar al pago de su servicio más de un tercio de todos los ingresos en divisas que recibe la nación cada año.

A china mediante el fondo china- Venezuela, le adeudamos $25.000 millones, los cuales le amortizamos con petróleo, dinero que ya consumimos y la nación no sabe en qué.

A los proveedores de bienes internacionales le debemos $12.000 millones, según datos suministrados por CONINDUSTRIA, en artículos que ya consumimos y que el gobierno nunca entrego el respectivo efectivo, razón por el cual se nos cerró el crédito externo, lo que nos obliga a cancelar en CASH cualquier importación que hagamos, por cierto, situación que nos ayuda a explicar el severo estado de escasez que padecemos.

PDVSA mantiene una deuda con proveedores externos e internos valorada en $20.000 millones.

A la industria farmacéutica mundial le adeudamos $6.000 millones lo que explica el exagerado déficit que confrontamos en medicamentos e insumos farmacológicos.

A las líneas aéreas se les debe cerca de $3.500 millones.

A bancos internacionales de Alemania y EEUU le debemos $4.000 millones, mediantes operaciones SWAPS, que es dinero que nos prestan a cambio de empeñar parte del oro del BCV, que son parte de nuestras reservas internacionales. Bajo el compromiso que nos serán devueltas una vez que cancelemos el capital más los intereses correspondientes.

$482 millones le debemos a Fondo Latinoamericano de Reservas, quien nos los presto hace unos 22 meses.

$4.515 millones montan las deudas determinadas por el CIADI –organismo del Banco Mundial- de acuerdo a los fallos emitidos desde septiembre de 2014, como indemnización por las irresponsables expropiaciones hechas por Chávez en contra de compañías extranjeras por los activos pertenecientes a estas y que ahora son propiedad de la república, quedando por cierto, 20 sentencias pendientes por decisión de ese tribunal internacional y que de seguro perderemos todas.

Si sumamos todas estas deudas, incluyendo la que comentamos al comienzo de este artículo, nos encontramos que la deuda externa del país monta a una cifra superior a los $147.500 millones.

4 zonas oscuras de nuestro absurdo endeudamiento público

1-    La deuda financiera representa el 46.5% del total de la deuda externa de la nación, y buena parte de ella –imposible precisarla con la data oficial hasta ahora publicada-, se contrajo mediante la estrafalaria política de vender bonos públicos denominados en dólares americanos pero adquiridos con bolívares, los cuales expresamente perseguían el propósito de contener la cotización del dólar en el mercado paralelo entre los años 2005-2010, a fin de impedir el destape inflacionario que la política de inyección de masivas cantidades de gasto publico ocasionarían. El sincerar la política cambiaria en aquel entonces le hubiese ahorrado al país inmensos sacrificios de nefastas consecuencias. La política de control cambiario con definidos objetivos de control social son el sustrato de aquellas amargas decisiones.

2-    Para el año 2004, la deuda publica alcanzo a $40.670 MM –Maza Zabala-, lo que significa que la implosión del endeudamiento se inició en el 2005; de otro lado, el precio de exportación del petróleo venezolano se cotizo en el 2004 a $32.28 el barril –BCV- y a partir de ahí comenzó un vigoroso ascenso que concluyo en junio de 2014, salvo el bache de precios bajos a mediados de 2008-2010, producto de la crisis financiera mundial de esos años. ¿A dónde queremos llegar? Simple: el endeudamiento masivo a que sometió el presidente Chávez a la economía nacional coincidió con el boom de altos precios a los hidrocarburos más largo e intenso que hemos tenido en 100 años de historia petrolera.

3-    Cronograma de pagos por concepto de deuda externa financiera –No incluye deuda con China, Rusia, cancelación de expropiaciones, deuda a proveedores, entre otros-.

En los próximos 7 años la república deberá cancelar en servicio de deuda financiera externa, poco menos de 60 mil millones de dólares, lo que representa un promedio anual de $8.367 Millones; cifra escandalosamente alta en el contexto previsible de bajos precios petroleros, además del exagerado deterioro en todos los órdenes que presenta PDVSA.

4-    En todo lugar y tiempo, los países se endeudan externamente, esencialmente, para desarrollar proyectos que al final concrete servicios y bienes que al comercializarse internacionalmente generan las divisas que sirvan la deuda, produzcan excedentes que mejoran el balance externo de la nación e incrementen el stock de capital, insumo insustituible para alcanzar el desarrollo. ¡Una vez más somos la excepción! Después de esa colosal deuda externa contraída, no hay UN SOLO proyecto que genere un dólar por efecto de sus ordinarias operaciones. Cabe entonces preguntarse: ¿Dónde están los reales?

Algunas implicaciones económicas del elevado endeudamiento externo

Toda deuda hay que cancelarla, incluso, aun no queriendo. La comunidad financiera internacional impone tales costos a los países morosos, que siempre, resulta más oneroso no pagar que cancelar. Todo agente económico –familia, empresa, Estado- necesita disponer de recursos que no consume, para con ellos honrar los compromisos. En economía nos valemos de la siguiente formulación:

(B*-B*-1)=  Q + rB*-1- C- I

Donde;

(B*-B*-1): es la posición de activos externos netos del país, entre el año en curso y los precedentes, es decir, lo que le hemos ganado al mundo menos lo que el mundo nos ha ganado a nosotros.

Q: es lo que produce la nación, también llamado ingreso real.

rB*-1: es el saldo de lo que por concepto de intereses ganados – o pagados- sobre los activos externos netos presenta el país en su balance externo.

C: es el valor del consumo total.

I: es el valor de la inversión total que se realiza en edificaciones, equipos, inventarios y estructuras residenciales –viviendas-.

En un resumen, en extremo apretado, lo que la formulación algebraica nos dice, entre otras cosas, es que la manera de cancelar deudas con el exterior es aumentando los ingresos (Q + rB*-1) y reduciendo el consumo (-C). He aquí donde queremos llegar. La abultada e irresponsable deuda financiera externa contraída en los últimos años, necesariamente, obligará a destinar ingentes recursos cada año no al consumo de los venezolanos, tampoco a la reconversión tecnológica del país, o la repotenciación de la alicaída infraestructura nacional, sino a la cancelación de estos compromisos externo. Por muchos años sacrificaremos porciones importantes de adecuados estándares de niveles de vida de la población, por la obligación de cancelar unas deudas contraídas bajo el signo de la improvisación, el derroche y la corrupción. He allí un legado de la revolución bonita. Una cruz muy pesada que nos tocara cargar a todos… por un largo y penoso tiempo.