La empresarialidad en el Desarrollo Económico Local

Negar el papel del individuo como motivo y causa última del cambio, así como ignorar la necesidad por la variedad y la exploración inherente al espíritu humano, son algunas de las debilidades de la teoría económica neoclásica contemporánea.

Por su parte, el enfoque neoschumpeteriano, como corriente de pensamiento, considera que los humanos estamos dotados de inteligencia y voluntad propia; tenemos necesidad de la variedad y del cambio; y, somos mucho más que nodos de relaciones. (Lydall, 1998)

Las habilidades características del empresario son, entre otras: Convertir las adversidades y los fracasos en oportunidades; Demostrar en el mercado que esa idea será rentable; Se trata de un emprendedor y un líder. Sin embargo, el empresario, no necesariamente es un inventor, la misma persona puede ser empresario y capitalista o empresario y administrador.

Conforme a Schumpeter (1912), las funciones del empresario son cuatro: Introducir nuevos productos o servicios al mercado; Encontrar nuevos mercados para los productos y servicios existentes; Introducir nuevos procesos de producción, comercialización o administración a las empresas; y Encontrar nuevas fuentes de abastecimiento.

Para Tunzelmann (1995), las funciones empresariales abarcan la integración de las cuatro funciones de la empresa y el cambio estratégico de las mismas. El sistema nacional de innovación, el modo de regulación nacional, el sistema financiero y la composición de la demanda interna son factores exógenos a la empresa, pero resultado de la acción de todas las empresas del país, región o localidad. En este contexto, el éxito de la empresa depende de dos factores: De la adecuada coordinación de sus áreas técnicas, de procesos, de productos y de finanzas; y, De poder modificarlas coordinadamente para poder enfrentar nuevas condiciones.

La relación entre la empresa y su entorno es bidireccional. Para los neoschumpeterianos, las empresas exitosas son aquellas en las que el núcleo empresarial, logra un adecuado balance entre la innovación en procesos y la innovación en productos. Ambos cambios requieren de una constante mejora en la calidad de los acervos de factores, no en la relación entre acervos. (Tunzelmann, 1995).

Así mismo, de acuerdo con Dosi et al. (1990), buscan no perder un capital humano que les ha costado formar y que, además, frecuentemente ha asimilado conocimientos que, o bien sólo son valiosos para la empresa, o que, empleados por un rival, pueden causarle un daño en su posición en el mercado. Por tanto, la tasa de crecimiento, segmentación y cambio de composición de la demanda que enfrente la empresa, es una influencia mayor sobre su crecimiento. (Dosi et. al., 1990; Camisón, 1997 y 2001; García Pérez de Lema, 2002; Huerta, 2003).

Por lo que corresponde a la capacidad de integrar las cuatro funciones de la empresa, para hacerlas trabajar en una misma dirección, ha sido el principal determinante del éxito de las mismas. Esto requiere de un elemento de cohesión, normalmente proporcionado por individuos particularmente influyentes en la visión que la empresa tiene de sí misma.

En este caso, una supresión de la acción del empresario por la del capitalista, que no necesariamente está identificado con la empresa, tiene como consecuencia inmediata, la restricción de fondos a actividades que aseguren la mejora de los factores de la producción, el aprendizaje de largo plazo y que, al deteriorar las condiciones laborales, desilusionan al personal y rompen el vínculo de confianza y la lealtad existentes. (Lazonick y West, 1988; Mascó, 2004).

En las últimas décadas, la cuestión del crecimiento económico local se ha visto favorecido por la formación y consolidación de los sistemas de empresas, los cambios en la organización de las grandes empresas y por la proliferación de alianzas y acuerdos estratégicos entre las empresas. (Vázquez Barquero, 1999b; Amin y Tomaney, 1997).

La adopción de formas más flexibles de organización de las grandes empresas y grupos de empresas, ha permitido mejorar su eficiencia y competitividad, desarrollando nuevas estrategias territoriales, desplegando redes de plantas subsidiarias más autónomas y más integradas en el territorio.

Así pues, los sistemas de empresas locales y las relaciones entre las empresas, son uno de los mecanismos a través de los que se producen los procesos de crecimiento y cambio estructural de las economías locales y regionales, ya que permiten generar rendimientos crecientes cuando las relaciones y la interacción entre las empresas propician la utilización de economías de escala ocultas, en los sistemas productivos y los centros urbanos, a fin de cuentas uno de los potenciales de desarrollo económico local. (Vázquez Barquero, 1999a).

Referencias bibliográficas
Amin A. Y Tomaney J. (1997). “El potencial de desarrollo regional de las inversiones externas en las regiones menos favorecidas de la Comunidad Europea”, en Vázquez Barquero A., Garofoli G. y Gilly G. P. (eds.). Gran empresa y desarrollo económico. Madrid: Editorial Síntesis.
Camisón C. (1997). La competitividad de la PYME industrial española: estrategia y competencia distintivas. Madrid: Civitas.
Camisón C. (2001). La competitividad de la empresa industrial de la Comunidad Valenciana: análisis del efecto del atractivo del entorno, los distritos industriales y las estrategias empresariales. Valencia: Tirant lo Blanch.
Dosi G., Pavitt K. y Soete L. (1990). The economics of technical change and international trade. London: Printer Publishers.
García Pérez de Lema D. (2002). Factores determinantes de la eficiencia y rentabilidad de las PYME en España. Madrid: AECA.
Huerta E. (2003). Los desafíos de la competitividad: La innovación organizativa y tecnológica en la empresa española. Bilbao: Fundación BBVA.
Lazonick W. y West J. (1988). “Organizacional integration and competitive advantage: explaining strategy and performance in American Industry”. En Dosi G., Teece D. y Chytry J. Technology, organization and competitiveness. UK: Oxford University Press.
Lydall H. (1998). A critique of orthodox economics: an alternative model. New York: MacMillan.
Mascó G. (2004). “De empresarios y capitalistas: diferencias y similitudes”, En Revista Económica de Tucumán, 1 (1), pp. 21-42.
Schumpeter J. A. (1912). The theory of economic development. Cambridge Mass: Harvard University Press.
Tunzelmann G. N. (1995). Technology and industrial progress: the foundations of economic growth. Edward Edgar, UK: Cheltenham.
Vázquez Barquero A. (1999a). Desarrollo, redes e innovación. Madrid: Pirámide.
Vázquez Barquero A. (1999b), “Inward investment and endogenous development. The convergence of the strategies of large firms and territories?”. Entrepreuneurship & Regional Development, Vol. 11, pp. 79-93.

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