La gerencia en las universidades

La tarea fundamental de la educación es la formación de manera integral, pues así sólo se mejorará el recurso más importante de la sociedad: el hombre. En este sentido, el sector de la educación que más influencia ha ejercido en los cambios es, precisamente la Educación Superior. En Venezuela, en los últimos tiempos, se ha presentado un crecimiento desproporcionado en la matrícula universitaria, cuestión que se ha constituido en un problema muy serio para la comunidad y para el estado venezolano, éste último responsable de proveer los recursos financieros necesarios para el cabal funcionamiento del sector; esto supone la previsión en términos de una definición clara del tipo de institución, que debería formar al hombre idóneo para el nuevo milenio. Obviamente que esta situación requiere de la participación decidida de todos, de manera de aprovechar sus oportunidades y fortalezas y convertirlas en un mejor servicio para los recursos que se forman en las instituciones universitarias, para que el egresado coadyuve, de la mejor manera posible, al desarrollo del país.

Estas circunstancias obligan al uso de la gerencia estratégica, como elemento clave para enfrentar los problemas que, en general, confrontan las organizaciones involucradas. Gerenciar es prever y decidir hoy las acciones que pueden llevar desde el presente hasta un futuro deseable. No se trata de hacer predicciones acerca del futuro, sino de concebir y adoptar las decisiones pertinentes para que en el futuro las cosas ocurran de acuerdo a las previsiones. El cuerpo gerencial en sus varios niveles es el elemento responsable de la planificación, organización, dirección y control de la organización. Todas estas funciones gerenciales son imprescindibles para que la organización exista, actúe en la dirección adecuada y tenga el desempeño que reclama su estrategia.

Venezuela confronta actualmente dificultades de tipo económico, que afectan todos los aspectos de la vida colectiva: control cambiario, proceso inflacionario, progresivas restricciones financieras, entre otros problemas, que traen como consecuencia la incertidumbre y el deterioro de diferentes sectores del país, entre ellos la educación. Es por ello, que hoy día, se observa que la educación superior está sufriendo restricciones financieras para el cumplimiento de sus funciones académicas: las reducciones sustanciales de presupuesto universitario, producto de las reconducciones y del proceso inflacionario, unido a la deficiente aplicación de políticas de planificación, han propiciado un deterioro en la calidad de la educación superior, desmejorando el nivel de la enseñanza, e incluso, propiciando parálisis parciales en algunas actividades propias de estas instituciones, contrariando así la posibilidad de desarrollar universidades de excelente nivel académico e impidiendo que los interactuantes en el proceso, logren los objetivos fundamentales de su rol.

Se puede decir que, hasta ahora, los investigadores y dirigentes de la universidad lo que han hecho es explicar su problemática y de lo que se trata realmente, es de enfrentar la necesidad de transformarla en una dirección constructiva que vaya en beneficio del desarrollo integral de la misma. Para ello, las nuevas perspectivas de administración de la educación deben valorar, simultáneamente, la calidad de los insumos, de los procesos administrativos y laborales y de sus resultados, basándose en un sistema de evaluación cualitativo permanente, que abarque a todos los participantes y beneficiarios a lo largo del proceso de gestión.

En estos momentos, la universidad debe asumir, con toda plenitud, el gran papel que le corresponde jugar y que afecta todos los aspectos de la vida del país. El papel de la universidad resulta aún más importante por cuanto no sólo se trata de generar los conocimientos necesarios, sino también de definir prioridades, el proceso y las condiciones para conseguir soluciones a la crisis. En la administración universitaria nacional, existe un consenso general sobre la importancia de la calidad de la gestión y de sus procesos y servicios. Aún cuando la misión política y cultural y los objetivos pedagógicos sean los elementos centrales de estas instituciones, muchas veces el proceso administrativo para alcanzarlo es un factor crítico, pues si éste falla en términos de racionalidad, eficiencia, transparencia y efectividad, también fallan la misión y el objetivo, los servicios y los resultados. Por lo tanto, los procedimientos administrativos, los procesos técnicos y la misión de la universidad, deben ser concebidos como componentes estrechamente articulados en un paradigma comprensivo de gestión para mejorar la calidad de la educación.

Para que esta tarea pueda realizarse idóneamente, se requiere de una gerencia universitaria consciente de su papel en el proceso; comprometida con la búsqueda de excelencia y calidad; defensora de la autonomía de sus decisiones académicas y gerenciales; que asuma el riesgo de redefinir su misión y estructura, y desarrolle una cultura de cambio y participación; capaz de sobreponerse a la indiferencia y la desesperanza; en resumen, una universidad que asuma la transformación como forma de vida y dé respuestas a los problemas de planificación, calidad, equidad y control administrativo. Esta nueva realidad obliga a la reflexión creativa y a la búsqueda de soluciones viables, en el marco de las limitaciones financieras. Algunos trabajos recientes revelan una orientación preocupada por la elaboración de estrategias que combinen calidad, política, excelencia académica, eficiencia organizativa, entre otros elementos.

La gerencia universitaria debe asumir la responsabilidad, en términos de hacer más eficiente los recursos que tiene a su disposición; orientando a toda la comunidad en el mismo sentido, creando condiciones que permitan modificar criterios de manera de evitar la improvisación, a objeto de lograr de manera armónica, sistemática y orgánica, modos de gerencia que se correspondan con el uso eficiente de los recursos; esto como estrategia fundamental para consolidar la alta calidad, que debe alcanzar el desempeño de cada una de las funciones que cumple la universidad dentro de una posición estrictamente institucional, enmarcada dentro de la búsqueda de la verdad, de los valores auténticos y la posición crítica que le corresponde. Esto significa que, se debe aupar la modernización de la gerencia, a objeto de lograr el mejoramiento de la eficiencia y eficacia de los procesos técnicos – administrativos, repensando su gestión con el propósito de adecuarse a los nuevos tiempos.

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