La Política es así: En la búsqueda de una nueva hegemonía

El resultado, (parcial al momento de escribir estas líneas), de las elecciones del pasado domingo abre campo y posibilidades para el desarrollo de estrategias políticas de vocación hegemónica. Esta afirmación, desde luego, debe ser contextual izada. Recordar, por ejemplo, cuales fueron las circunstancias que minaron la vieja hegemonía que prevaleció en el campo democrático a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado. Ejercicio éste de utilidad para un liderazgo que se proponga el diseño de una política que pretenda concitar un nuevo esquema de naturaleza hegemónica en el país.

El quinquenio 1989-1993 constituyó uno de lo más dramáticos de la historia reciente del país. Marcó el fin de una época y el inicio del esquema de dominación personalista que ha prevalecido hasta el día de hoy.

En orden cronológico, se pueden destacar los siguientes eventos:

· Anuncio y puesta en marcha de un severo programa de ajustes en 1989.
· El estallido social del 27 y 28 de febrero de 1989.
· La realización, por primera vez en el país, de elecciones directas para seleccionar gobernadores y alcaldes en 1989 y 1992 y el cambio de las reglas electorales.
· Los dos intentos de golpe de Estado de febrero y de noviembre.
· La decisión de la Corte Suprema de Justicia, del 20 de mayo de 1993, de suspender de sus funciones al Presidente Pérez, para dar curso a un juicio por peculado y malversación de fondos públicos.
· La presidencia provisional de Ramón José Velásquez.
· La ruptura de la dinámica bipartidista y los altos índices de abstención de las elecciones nacionales de diciembre de 1993.

En fin, este cúmulo de circunstancias puso fin al esquema de conciliación de elites bajo el cual se cobijo la cultura que hegemonizó el campo de lo político en esos años. En este marco se dio inicio a un esquema de dominación populista y asistencialista que se ha deslizado, hasta ahora, sobre una ola de abundantes ingresos petroleros.

Los resultados de estas elecciones, me permito insistir, poseen una significación política que rebasa su significado estrictamente electoral. Por un lado, se celebran en el cuadro de una nueva crisis fiscal del Estado venezolano y, por el otro, en presencia de una lenta reducción de la capacidad de seducción del Presidente. Estas circunstancias hay que resaltarla. A lo largos de estos diez años ha prevalecido un esquema de ejercicio del poder signado, no por la construcción de consensos, sino por su contrario, la actuación dominante y discrecional del poder ejecutivo. El Chavismo y su nueva versión socialista, lejos de articular el sentido democrático presente en la población, optó por llevar a cabo un “revolución por arriba” alejada de las fuentes sobre la cuales se construyen las hegemonías.

La oposición triunfó en Zulia, Miranda, Carabobo, Alcaldía Metropolitana y Municipio Sucre. Entidades que poseen una densidad poblacional y un grueso acervo político y cultural. Estos éxitos electorales ofrecen la posibilidad para diseñar una política de vocación hegemónica. Para ello es indispensable romper con los conceptos que prevalecieron en el pasado y entender la necesidad de construir un lenguaje que articule armoniosamente lo regional con lo nacional. Profundizar el tema de la descentralización, acentuar la lucha por obtener una mayor autonomía fiscal y política constituye argumentos sobre los cuales se debe construir la nueva oferta política.

Es federal, el lenguaje de la nueva democracia

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